miércoles, 31 de marzo de 2010

Luis Cernuda

De Las nubes (1937-1940),
extraído de Antología poética La realidad y el deseo.

Luis Cernuda recitando sus poemas (.ram).

Ensayo Luis Cernuda y la poesía de la meditación,
de José Ángel Valente. (Muy recomendado)

El ruiseñor sobre la piedra

Lirio sereno en piedra erguido
junto al huerto monástico pareces.
Ruiseñor claro entre los pinos
que un canto silencioso levantara.
O fruto de granada, recio afuera,
mas propicio y jugoso en lo escondido.
Así, Escorial, te mira mi recuerdo.
Si hacia los cielos anchos te alzas duro,
sobre el agua serena del estanque
hecho gracia sonríes. Y las nubes
coronan tus designios inmortales.

Recuerdo bien el sur dónde el olivo crece
junto al mar claro y el cortijo blanco,
mas hoy va mi recuerdo más arriba, a la sierra
gris bajo el cielo azul, cubierta de pinares,
y allí encuentra regazo, alma con alma.
Mucho enseña el destierro de nuestra propia tierra.
¿Qué saben de ella quienes la gobiernan?
¿Quiénes obtienen de ella
fácil vivir con un social renombre?
De ella también somos los hijos
oscuros. Como el mar, no mira
que aguas son las que van perdidas a sus aguas,
y el cuerpo, que es de tierra, clama por su tierra.

Porque me he perdido
en el tiempo lo mismo que en la vida,
sin cosa propia, fe ni gloria,
entre gentes ajenas
y sobre ajeno suelo
cuyo polvo no es el de mi cuerpo;
no con el pensamiento vuelto a lo pasado
ni con la fiebre ilusa del futuro,
sino con el sosiego casi triste
de quien mira a lo lejos, de camino,
las tapias que de niño le guardaran
dorarse al sol caído de la tarde,
a ti, Escorial, me vuelvo.

Hay quienes aman los cuerpos
y aquellos que las almas aman.
Hay también los enamorados de las sombras
como poder y gloria. O quienes aman
sólo a sí mismos. Yo también he amado
en otro tiempo alguna de esas cosas,
mas después me sentí a solas con la tierra,
y la amé, porque algo debe amarse
mientras dura la vida. Pero en la vida todo
huye cuando el amor quiere fijarlo.
Así también la tierra la he perdido,
y si hoy hablo de ti es buscando recuerdos
en el trágico ocio del poeta.

Tus muros no los miro
con mis ojos de tierra,
ni los tocan mis manos.
Están aquí dentro de mí, tan claros,
que con su luz borran la sombra
nórdica donde estoy, y me devuelven
a la sierra granítica en que sueñas
inmóvil, por la verde foscura de los montes
brillando al sol como un acero limpio,
desnudo y puro tal de carne efímera,
pero tu entraña es dura, hermana de los dioses.

Eres alegre, con gozo mesurado
hecho de impulso y de recogimiento,
que no comprende el hombre si no ha ido
hermano de tus nubes y tus piedras.
Vivo estás como el aire
abierto de montaña,
como el verdor desnudo
de solitarias cimas,
como los hombres vivos
que te hicieron un día,
alzando en ti la imagen
de la alegría humana,
dura porque no pase,
muda porque es un sueño.

Agua esculpida eres,
música helada en piedra.
La roca te levanta
tal un ave en los aires;
piedra, columna, ala
erguida al sol, cantando
las palabras de un himno,
el himno de los hombres
que no supieron cosas útiles
y despreciaron cosas prácticas.
¿Qué es lo útil, lo práctico,
sino la vieja hañagaza diabólica
de esclavizar al hombre
al infierno en el mundo?

Tú, hermosa imagen nuestra,
eres inútil, como el lirio
pero ¿cuáles ojos humanos
sabrían prescindir de una flor viva?
Junto a una sola hoja de hierba
¿Qué vale el horrible mundo práctico
y útil, pesadilla del norte,
vómito de la niebla y el fastido?
Lo hermoso es lo que pasa
negándose a servir. Lo hermoso, lo que amamos,
tú sabes que es un sueño y que por eso
es más hermoso aún para nosotros.

Tú conoces las horas
largas del ocio dulce,
pasadas en vivir de cara al cielo
cantando el mundo bello, obra divina,
con voz que nadie oye
ni busca aplauso humano,
como el ruiseñor canta
en la noche de estío,
porque su sino quiere
que cante, porque su amor le impulsa.
Y en la gloria nocturna
divinamente solo
sube su canto puro a las estrellas.

Así te canto ahora, porque eres
alegre, con trágica alegría
titánica de piedras que enlaza la armonía,
al coro de montañas sujetándola.
Porque eres la vida misma
nuestra, mas no perecedera,
sino eterna, con sus tercos anhelos
conseguidos por siempre y nuevos siempre
bajo una luz sin sombras.
Y si tu imagen tiembla en las aguas tendidas,
es tan sólo una imagen;
y si el tiempo nos lleva, ahogando tanto afán insatisfecho,
es sólo como un sueño,
que ha de vivir tu voluntad de piedra,
ha de vivir, y nosotros contigo.


.

martes, 30 de marzo de 2010

Insatisfacción

"Si todos mis sueños se hiciesen realidad, aún seguiría sin estar satisfecho: tendría que seguir soñando, imaginando, deseando. He encontrado dentro de mí un vacío inexplicable que nada ha podido ocupar: un movimiento del corazón hacia otra clase de satisfacción que no concibo para nada, pero de la cual he sentido la atracción"

Fragmento de una carta de Rousseau a Malesherbes, extraído de
Cernuda, poeta ontológico; prólogo de Luis Cernuda. Antología poética.

lunes, 29 de marzo de 2010

Flor

Ya casi está :)

Ahora es cuando estoy empezando a ser completamente consciente de lo que ha significado el reto de publicar un libro. He puesto al límite mi propia personalidad y me he enfrentado a varias concepciones que debían ser y han sido bien asimiladas antes y durante el enfrentamiento que supone para mí el mero hecho de escribir.

Empiezo a ser consciente de que soy un líder nato. Lógico si tenemos en cuenta que soy un solitario. Soy mi propio líder, me baso en mi mundo para decidir qué me hace más feliz en cada momento y, si tengo la oportunidad, lo hago. ¿No es lo que debería hacer todo el mundo? Somos individuos al fin y al cabo... Aún así, ello me posiciona ante diversos dilemas, límites, fronteras de mi realidad que pueden no ser compartidas y autocrítica, mucha autocrítica.

Los principales límites a los que he enfrentado mi personalidad han sido dos: el que separa la ambición de la codicia (la humildad es la única cuerda que evita el golpe), y la que divide la confianza en mí mismo y en mi ignorancia de la temeridad (aprender es la única opción). La voz hace tiempo que dejó de temblarme. Soy joven, soy mi propio límite.

Respecto al libro, me he enfrentado a dos escalas.

A escala global, a la hora de organizar las poesías en varias categorías. Partiendo de que cada poesía resultaba en un principio inclasificable, el orden ha sido cuestión de opiniones externas y diversas notas mentales, que me han ido ayudando durante todo este proceso que va durando ya casi un mes.

La escala individual ha sido la más difícil de superar. Partimos de que he escrito mucho, y he tenido que seleccionar muchas (aún no sé ni cuántas poesías son en total), y esas muchas han sido escritas desde hace tres años hasta hoy (más o menos)... y durante ese período hemos cambiado mucho, yo y mi poesía. Dicho esto, ¿qué hacer? ¿Dejar las poesías tal y como vinieron al mundo o recolocar, añadir ciertas piezas que las enriquezcan sin hacerles perder su naturaleza primigenia?

Debido a las grandes diferencias que presentaban las escritas con más anterioridad y las más actuales, decidí intentar transportar las pasadas a mi presente al mismo tiempo que, no sé si a propósito, iba dejándome atrapar por un perfeccionismo abstracto, que a su vez me iba conduciendo irremediablemente a una espiral de insatisfacción. Tuve miedo. Tuve que descansar.

Hace poco encontré la clave: voy a hacerlo lo mejor que pueda.

En este sentido podría decir que una poesía es como una rosa: su tallo nos guía hacia la flor, pero hay espinas que nos van rasgando la piel y nos despiertan los sentidos. El tallo no debe ser ni demasiado largo ni demasiado espinoso, pues no debemos olvidar que es la rosa lo que busca la inocencia. Sí, escribo para las inocencias, incluida la mía. El tallo también puede presentar algunas hojas, que den verde a los poemas más largos para respirar el mismo aire que respira la flor y tomar luz del sol que la vio nacer. Puede pensarse que una vez dicho esto, lo más difícil es la flor: mentira. La flor dependerá de lo fuerte que sea su tallo, de las hojas por las que respire y del olfato de la inocencia. El único desafío del poeta es el camino, el aroma únicamente puede aportarlo la naturaleza.

Y como en un bonito jardín todas las plantas deben estar en flor, independientemente de su talla (el buen jardinero es el que ayuda a la planta a ser más planta, no el que la humaniza), durante este mes me he pasado horas y horas mimando cada una de las flores para conocerlas perfectamente antes de atreverme a colocarlas definitivamente en mi pequeño gran jardín; y creo que ya se han ganado ser eternas.

Se acerca el turno de lo incontrolable.

domingo, 28 de marzo de 2010

Nombre

Aún se me hace extraño hablar de mi libro como algo mío, lo hago pero, aunque no lo parezca, me cuesta.

Soñar... es lo único que le pido a mi futuro y es cuestión de jugárselo todo a una carta, sin trampas ni cartón; si caigo, que la caída me impida abrir los ojos de nuevo, quiero olvidarme y seguir respirando enchufado a mi empleo. Aunque algunos pensaran que incluso debiera agradecerle a mi jefe la oportunidad de facilitarme mi presunto derecho a seguir con vida, aún cuando sería él mismo el ladrón de mi tiempo.

La esclavitud y el arte son lo único que ha perdurado todos los tiempos, ambos son innatos al hombre e indemnes a las embestidas de la erosión; uno se construye sobre los pilares del otro y cierran un círculo insostenible, pero eterno.

Soy consciente de que carezco de significado dentro de esta página, y fuera también. Una palabra muda, esperando que mi cultura me atribuya sus juicios.

Hago oídos sordos, naufragando en las posibilidades de mi significado, mientras espero a que me digas mi nombre.

sábado, 27 de marzo de 2010

Aburrimiento

El aburrimiento es algo exclusivo de los sordos. Se aburre aquel que no sabe escuchar, aquel que no encuentra los matices de su propia voz en el silencio, aquel que cree que su pensamiento no tiene nada interesante que susurrarle, que su no ruido es incapaz de hacerle temblar.

jueves, 25 de marzo de 2010

San Nicolás

Debido a ciertas responsabilidades me he visto en la obligación de volver a Madrid antes de regresar a casa. Casi pasaré más del 70% del día de hoy viajando: autobús, metro, más metro y más metro; y mañana avión, y autobús, y hogar, y descanso.

La Granada que yo visito cada cierto tiempo no entiende de estrés ni nerviosismos, es una fortaleza reducida a lo estrictamente necesario: un tema de conversación y cada uno especialista en lo suyo (y ajedrez). Pero no siempre hemos estado rodeados de cuatro paredes.

Calle Elvira en sí es un homenaje a la Granada antigua, vieja, pueblerina, la Andalucía de origen árabe (la que aún no se ha "actualizado"), con la Alhambra presidiéndola sujetando en sus entrañas la Historia de la ciudad. Dragón Rojo, las Marismas, la Perra, la Who... son los nombres en los que se dividían la mayoría de tardes y la noche; y una en particular "La Tertulia", un barecillo donde recitan poesía, al parecer bastante visitado por los poetas consolidados de la ciudad (con Luis García Montero como ídolo popular), no leí y apenas escuché a tres voces interesantes. A mí me tocó en el Paseo de San Nicolás, en un principio algo más tranquilo si no hubiésemos coincidido con un botellón de guiris. No importó en absoluto.

El libro va poco a poco. He hecho algunas variaciones en todas las áreas; algunos versos de algunas poesías, algunas palabras, el orden, variaciones en la clasificación por categorías, quitar algunas, poner ninguna...

No lo he tocado demasiado durante estos días pero ya tengo una versión impresa sobre la que ir mirando algunos detalles; el error fue imprimirlo a una sola cara, la impresión al verlo fue cuanto menos sorprendente. También envié una primera versión a unos amigos a expensas de conocer su opinión y, a vistas que tanto el prólogo como la portada también tendrán que esperar, haré una primera copia más o menos decente, a doble cara y encuadernada para regalársela a mis padres. Quería haberles regalado hoy, que cumplo 21 años (que no lo había dicho), un libro, pero tendremos que conformarnos todos con un proyecto de libro... Sé que aún así les hará mucha ilusión. Mañana ya os cuento qué tal el cumpleaños, etcétera, etcétera. Por ahora, a descansar un poquito, me espera un día duro.

lunes, 22 de marzo de 2010

Orilla

Aquellos que se conocen mejor a sí mismos desarrollan con mayor naturalidad sentimientos de empatía. No sé si lleva implícita una concepción global, pero creo que es porque una vez sabido cuán difícil es conocerse a sí mismo es inevitable dejar vacíos de sentido los juicios de valor.

jueves, 18 de marzo de 2010

Prostitución

"Los caminos por los que se consigue dinero, casi sin excepción, nos empequeñecen. Haber hecho algo por lo que tan sólo se percibe dinero es haber sido un auténtico holgazán o peor aún. Si un obrero no gana más sueldo que el que le paga su patrón, le están engañando, se engaña a sí mismo."

lunes, 15 de marzo de 2010

Blanco

Abrió los ojos y antes de ver nada la asaltó el recuerdo de la supervivencia, cómo respirar. Blanco. Movió ligeramente la cabeza hacia su derecha y el fondo opaco empezó a teñirse como un cristal desempañándose. Estaba agotada, su sensación de inmovilidad le permitió predecir que estaba tumbada, hacia arriba, en la misma postura en la que debían viajar los muertos en el ataúd. Pero no estaba muerta, sólo había desaparecido un tiempo, un tiempo que aún era incapaz de mentirse a sí misma. En cuanto dedujo que estaba en el hospital, sola en medio de aquella melodía punzante de reloj irregular, enredada entre tubos, con nudos de hierro escondidos debajo de la piel, supo que tarde o temprano el espejo le diría la verdad. Mientras esperaba, rodeada de blanco, rompió a llorar.

Chile: El olvido lo oxida todo (III)


Yo también en notado los cambios que ha ido sufriendo el tono de mis palabras, especialmente en las entradas asignadas a "Charcos de barro". No sé si agresivo es el adjetivo más apropiado; crítico, irascible, tenso, de una agudeza ingenua.

Hablo de Chile, qué fácil es hablar de Chile ¿verdad? De terremotos de una intensidad que sólo podemos imaginar por las imágenes de materiales a ras de suelo y una lista de nombres, muertos o heridos, ni caras siquiera; en un país colonizado por españoles con cascos y espadas (tan disfrazados que parecen ajenos a nuestra realidad, sí, fueron humanos como tú y como yo) y del cual apenas conocemos su Historia, también parte de la nuestra. Qué fácil es describir lo que muestra el espejo cuando no se está frente a él.

Quizás sea cierto lo que he ido escribiendo a lo largo de todos estos días acerca del mundo, de mi teoría sobre por qué seremos la última tribu, por qué nuestra sociedad se dirige al mismo tiempo al progreso y a la autodestrucción. Quizás tenga algún sentido todo lo que he dicho e incluso quizás pueda estar bien argumentado cada uno de mis errores... pero no soy chileno, ni soy explotado en una mina de carbón, ni paso veinte horas al día delante de una máquina de coser. He tenido la fortuna de poder siquiera valorar cuánto vale una vida porque he andado siempre sobre la tranquilidad, porque la infelicidad es una palabra que he utilizado siempre como antónimo, no como único sustantivo, como único modo de subsistencia.

Quizás quiera pensar que es cierto todo lo escrito hasta ahora porque no quiero ver mis errores, porque el final me da la tranquilidad de lo inevitable, porque aumenta mi libertad dentro de los sueños cuando descubro que queda poco para despertar.

Si estoy en lo cierto, la siguiente década será la que más desastres naturales haya albergado en la Historia del Hombre, quizás la misma en la que descubramos que es demasiado tarde.


domingo, 14 de marzo de 2010

Mario Benedetti

De Poemas de la oficina (1953-1956)

Amor de tarde

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.




sábado, 13 de marzo de 2010

Palabras

Sin saber cómo, sin apenas palabras, acordaron verse al día siguiente para discutir sobre el tema del trabajo. La clase había terminado pero continuaba sumido en una especie de nube de silencio que le rodeaba, que rondaba a su alrededor como una caricia indeleble, una textura cálida y suave de indescriptible naturaleza, un suspiro leve en las mejillas parecido a aquello que debía de ser la felicidad.

No sabía cómo, pero de repente una sensación de alegría me revolvió el estómago: satisfacción, orgullo, dignidad. Había hecho lo que debía a pesar de que no sabía muy bien qué significaba; al fin y al cabo, no había sido más que una demostración de mi propia personalidad, de cómo quería ser, de cómo sería, de cómo soy.

Llegó el profesor de la siguiente clase. Tuve que preguntarle a una compañera en dirección a su asiento en las primeras filas cuál era el tema de la sarta de estupideces con la que llenaría su tiempo, cuánto nos escupiría verbalmente hoy ese tipo de traje gris. No sabía qué asignatura enseñaba pero conocía a cada uno de mis profesores y la ilusión parecía haber sido despedida definitivamente en sus ojos (imagino que por absentismo), que quedaban aplastados debajo de aquella calva resbaladiza, con algunos pelos grises a un lado y otro de la cabeza sobre unas orejas puntiagudas sujetándole las gafas, negras. Siempre limpias aunque su mirada no parecía necesitarlo. Abrí el cuaderno, dejé un oído alerta por si se le ocurría hacer bien su trabajo durante alguna frase y comencé a escribir. Así fue como llené mi tiempo.

Mi amiga, de la que hablé antes, me miraba de vez en cuando, a mitad de su recorrido por cada uno de los monótonos especímenes de aquella clase, aburrida. Disimulaba prestar atención bastante mejor que yo, aunque no apuntaba las verdades copiadas de las diapositivas. Probablemente era de las pocas personas inteligentes allí, de las que sabían que tarde o temprano el profesor cedería en su terquedad y las colgaría en internet, o bien las conseguiría de algún compañero. No era una aprovechada, se podría pensar que si todos hicieran lo mismo sólo trabajaría uno; pero no, simplemente esperaba a que la gente se diera cuenta de su egoísmo para proponer trabajar en equipo... No era como yo. En el caso de que hubiera mala suerte, que no había ocurrido hasta ahora gracias a su capacidad natural para hacer amigos, no quedaba otra que buscar en la bibliografía; esa página que decía que le gustaba guardar en un buen lugar porque le hacía pensar en el futuro. Le gustaba imaginar que tendría tiempo para leer alguno de aquellos libros, o incluso que algún día le sería necesario por alguna cuestión laboral. Le gustaba imaginarse pasando hojas repletas de inquietudes y sabía bien que esos libros podrían resultar infinitamente más interesantes que el discurso de aquel hombre tosco y apagado. Era otra ilusa cansada de un presente extraído infinitas veces de su pasado más reciente.

A mitad de una poesía una nota me hizo saltar del papel. La había lanzado ella, como en un intento de divertirse retomando gestos de la infancia. Era algo sumamente pueril y que, por supuesto, no compartía. Cogí la nota y la lancé a la papelera. Canasté. Y continué por donde iba

"...
jardines colgados de flores de tallo dorado,
ventanas con marcos de viento huracanado que dan a luces
amaneceres desbocados en besos de horizontes azules,...
amor es el nombre equivocado."

No sé por qué el amor era uno de los temas centrales, aún cuando había empezado a desaparecer de mi biografía por razones tan extensas que no sería justo compartir. Nunca supe qué ponía en aquella nota. Ni me importa.

El final de la clase dejó escapar unos cuantos bostezos y el rugir de varios folios volviendo a encontrarse sobre innumerables escritorios, al unísono. Cerré mi cuaderno, guardé el bolígrafo y salí de clase. Lucía, la amiga que aún no había bautizado, había salido antes que yo y ya estaba esperándome. Sin hablar demasiado nos dirigimos al metro. No hacía demasiado frío, un viento suave removía el polvo de las hojas más altas y animaba al verde a ocultarse una estación más bajo la protección de los irreductibles troncos.

- Entonces, ¿de qué hacemos el trabajo?
- No lo sé. Elige tú.
- Te había propuesto una idea en la nota, pero la has tirado.
- ¡Ups! No sé, imaginaba que sería algo menos importante...
- ¿Menos importante?¿Como qué?
- Pues no sé... - empecé a inventarme algo para reducir el ritmo de la conversación, que extrañamente empezaba a hacerme sentir acorralado- La última nota que me escribieron fue una declaración de amor...
- ¿Tanto miedo le tienes?

Es en estos momentos en los que uno empieza a pensar que es estúpido, es más, reconoce su imaginación como una trampa que le enfrenta a sí mismo, que lo deja desnudo ante su vértigo, al borde de un acantilado psicológico. La culpa no había sido de ella... simplemente le había puesto a huevo una pregunta que me comprometía y, por tanto, nos comprometía a ambos; era una pregunta que de una manera u otra hacia inevitable que nos conociéramos.

- No...

En seguida notó la duda: lo dije en voz baja, agaché la cabeza, miré hacia otro lado e intenté acelerar un poco el ritmo, pero viendo que no me seguía, lo reduje para no parecer huidizo... mi lenguaje no verbal me delataba, una vez más.

- Pues no lo parece... ¿Sabes lo que creo?
- No me interesa- le dije antes de darle tiempo a contestarse a sí misma- entiendo que la clase ha sido muy aburrida pero, ¿no te parece que nos hemos ido alejando del tema?
- Es cierto, pero me gustas. - durante un instante deseó retroceder en el tiempo, pero al instante siguiente parecía absolutamente convencida de lo que acababa de decir.

Ya os lo podréis imaginar: silencio.

- Y eso...

Pasos y más silencio.

- Creo que lo mejor es que haga el trabajo yo solo.
- Lo entiendo, no pasa nada...

Los dos sabíamos que "nada" era lo último que pasaba por nuestras cabezas en aquel momento (y tampoco ella sabía inglés), pero ambos acordamos una especie de tregua, preferimos permanecer callados hasta el lugar en el que se separarían nuestros caminos, como cada día. Ese "cada día" tomaba fuerza al mismo tiempo que se reducía el ritmo de mi aparente huida; al fin y al cabo, sus palabras sólo confirmaron lo que ya intuía y no tenía ninguna prisa; sus palabras me habían descolocado un poco por lo brusco del momento y el lugar, pero no dejaban de ser sólo eso, palabras.

- No te preocupes por nada, me gustan los trabajos de tema libre, me permiten centrarme en lo que me gusta, cuando lo termine pondré los dos nombres y ya está.
- ¿Y no me dices nada sobre lo otro?
- Lo siento pero ya te habrás dado cuenta de que soy un solitario...-la miré y sonreí.
- Pero escribes sobre el amor...

...

Excusa

“La Utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar

viernes, 12 de marzo de 2010

Encierro

Estoy sumamente acojonado. Sé que no es lo propio en mí, que normalmente me tomo con tanta tranquilidad esto del miedo que acabo sacando tiempo para describirlo y desenmascararlo, pero esta vez es él quien se ha propuesto desenmascararme.

Voy muy deprisa. En todos los sentidos. Quizás debiera esperar a encontrarme en lugar de buscarme tanto dentro de mi futuro. No me olvido de dónde vengo (eso nunca) pero mi presente se está convirtiendo por azar o por destino en un preludio de mi futuro, en una preparación, en un inicio de un camino. Profesionalmente imagino que se le llamará algo así como "etiquetarse"; como empezar a decidir a qué quieres dedicar el tiempo del que obtendrás el dinero que te mantenga con vida, que te permita seguir viviendo, seguir soñando... Y es que mi futuro se está convirtiendo en un sueño, en una utopía. El dinero es sólo un requisito para seguir siendo yo mismo y no quiero que la prostitución acabe conmigo.

Me he propuesto publicar en breves mi primer libro, acercarme a esa palabra tan mayúscula: Poeta; también pretendo grabar un corto este fin de semana cuando ya se habían empezado a diluir en mi cabeza otros imaginarios en imagen y sonido,... sigo teniendo cosas que contar y que quiero contar, sigo queriendo buscarme y vivir de mi búsqueda; quiero vivir de mi arte y no sé si soy lo suficientemente "bueno". Si soy lo suficientemente "rentable", si soy lo suficientemente "artista". Si ser yo es suficiente.

La otra cara de mi realidad es bien distinta. Empezó como un joven periodista enfrentándose a los profundos entramados de un sistema politizado, con decisiones tomadas en base a intereses de aquellos que ven a los que debieran ser vistos como lo que son, sus jefes, como ovejas despreocupadas, quedándose sin espacio en el corral, mugiendo hacia no se sabe dónde.

Descubrí la pasión del periodismo, de la investigación, de la búsqueda y de una pequeña porción de verdad, de, por fin, mi propia verdad... Y ahora se desvanece entre devaneos políticos, como representante... ¿yo? ¿Representante? Podría ser peor... pero ¿a quién represento? Duele más estar solo cuando todo el mundo te ve solo y la búsqueda no es compartida, cuando ni inquieta la curiosidad... continúan los corrillos de individuos que cotillean y de cuando en cuando destierran berridos como de niños pequeños. Ya no sé muy bien si me he desarrollado antes y unos cuantos aún no tienen vello púbico pero parece que hasta que no se les esconda su ego entre una tupida naturaleza no conocerán la vergüenza.

Tengo miedo de hacer todo lo posible y que no sea suficiente. Tengo miedo de pensar que fue culpa mía.

Utopía

La herida

Ya no tiene cura
esta herida que escuece,
que no entiende de puntos
ni algodones, ni bebidas;
no tiene cura esta brecha
que crece sin preguntar,
sin duda ni cuestión alguna
que hacer a este vagabundo
que duerme sobre cristales
y no se corta nunca.

Pero esta herida no es profunda,
sólo es herida en sí misma,
no es larga, ni pequeña,
ni necesita puntos de sutura,
no se deja curar con alcohol,
ni humo, ni hielo, ni pastillas;
esta herida no se cura, simplemente,
porque no hay quien pueda curarla.


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lunes, 8 de marzo de 2010

Chile: Esta película me suena (II)


Cuando hace ya unas cuantas semanas, un terremoto sacudió Haití todos pensamos lo mismo: siempre le toca a los mismos, a los pobres. Quizás esto sea cierto, aunque si hiciéramos caso a esta teoría debiéramos pensar también que es una decisión humana, que es el humano quien decide dónde ocurrirá un terremoto. Suena a teoría conspirativa de las serias, de las más fantasiosas; sin embargo, hace unos pocos días me plantearon la posibilidad de que se utilice la reflexología en un sentido negativo a nivel planetario.

Digamos que, de la misma forma que están representadas las principales partes del cuerpo en nuestros pies, debieran existir puntos concretos donde la acción del hombre pudiera reflejarse en el planeta. Parece sacado de una película de ciencia ficción pero si existen esos puntos, sería cuestión de tiempo encontrarlos si no lo hemos hecho ya.
El argumento sería acabar con cierta parte de la población mundial (ya comentamos anteriormente los problemas que conlleva el rápido aumento demográfico) para estabilizar la demanda de recursos y, para ello, cómo no, se repetiría la trama de la mayoría de películas del género, hombre blanco sumamente rico y con plante militar (a ser posible ruso) condena a unos pobres que trabajan para él por cuatro duros: el mal condena a los más desfavorecidos. Sólo hay que esperar a que llegue un hombre blanco sumamente rico y sin plante militar (a ser posible norteamericano), que no lo maten (cosa que nunca ocurre en las películas), y que sea capaz de burlar todo un sistema de "seguridad" en el que incluimos cámaras, metralletas y satélites. ¿Podrá nuestro héroe acabar con el mal? Los pobres le esperarán picando.

Lo siento, me he dejado llevar por la emoción, pero como suele decirse "una muerte es una tragedia, un millón de muertes es una estadística".

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domingo, 7 de marzo de 2010

Primer índice

Pues, creo que ya está.

He faltado a mi palabra inicial, no va a tener el número de páginas que quería (las mismas que el libro "Cuadernos de Nueva York", de José Hierro) lo siento pero ha sido imposible llenar 134 páginas de poesía... Podría haber llegado fácilmente, pero no encontraba poesías con el cuerpo suficiente, con la tirantez, aplomo, inocencia o fragilidad de las seleccionadas... Al final creo que, a falta de prólogo, se quedará en 102 páginas más la portada. Que tampoco está nada mal.

Este es el índice:

REFLEJOS


Amor, cómo quieres que te escriba 10

Amor de preso 12

El resto de la división del tiempo siempre es cero 13

Todo por mi vida 14

Inquietudes de sobremesa 16

Y tú duermes 17

Puzzle 18

Relámpago 18

La danza de letras 19

Color de los ojos de un actor detrás del telón a pocos segundos de la inauguración de una posible obra maestra 20

Entre mis besos y el recuerdo de los tuyos 21

Un actor a la búsqueda de su encuentro 22

Fuegos de artificio (y otros cohetes) 24

El espejo 25

Leo 26

La herida 27

Ancianita 28

Corazón del mundo 29

Libres los niños y sus danzas 30

Deletérea ucronía 31

Caras 32

Cantinela de un marino borracho arrastrándose por las escaleras de un burdel 34


COLORES


El vuelo de la princesa 36

Primavera 37

La mujer de cera 38

Llueve 39

La enfermedad del olvido 40

El hospital 42

¡Qué rápido se vuelan las cortinas! 43

Música 44

Baila 45

Te amo 45

Fase previa y proceso del eterno enamoramiento 46

Abre los ojos 47

Eres tú 47

Reflexiones para dejar de ser adicto 48

La cita 49

Dormida 50

Culpa tuya 51

Preguntas 54

El paraíso en tu vientre 55

Y me atrevo a llamarme poeta 56


GEOMETRÍAS


Carne y hueso 58

Cartas y medallas 59

Pastillas para la resaca 60

Lágrimas de estrella 61

Es lógico 62

Descripción de una madre amamantando a su cría muerta de frío a lo largo de todo el siglo XX 63

Hijo pródigo de la desgracia 64

Realidades 65

En la calle 66

Viaje hacia la nada 67

Abrazado al destino 68

Una gota y un suspiro 69

Secuestro 70

El metro 70

Vivo en un mundo 72

Mi dios 73

No hay nada más que lo que no ves 74

La existencia de la arruga 75

Cajones de plumas ardiendo 76

La cúpula es del hombre 77

La vacuidad de la esfera 78

El día que muera 78

Que no es fácil 80

Un día en la humanidad 81

Si la luna no quiere 84


NAUFRAGIOS


Y no haces nada para impedirlo 86

El fotógrafo idiota 87

Ayer soy yo 88

Y no verte 89

Porque te has ido 90

Qué dolor el morir 91

Experimento 92

Podría probar a sonreír 93

Excusas para tomar justo antes de dormir sabiendo que será solo 94

Los silencios 95

Nota a la vida (Epitafio) 95

Sólo por una noche 97

Sin título 98



La estructura es un poco extraña, en un principio no sabía muy bien cómo organizarlas, si de una forma más o menos continua temáticamente hablando, o por estructura, pero como habría sido imposible en ambos casos, he hecho una clasificación en cuatro categorías: Reflejos, Colores, Geometrías y Naufragios.

Reflejos es la poesía más personal, Colores la más policromática en cuanto a temas y forma, una especie de cajón de sastre de mis poesías más originales, diferentes; Geometrías son las poesías relacionadas con la razón, el ser humano, la naturaleza pero desde un punto de vista que intenta acercarse a lo científico sin llegar a hacerlo; y Naufragios, de amor puro y duro.

Tampoco tenía muy claro el orden, por lo que he decidido empezar con Reflejos a modo de presentación, seguir con Colores por ser la más entretenida creo yo y que puede parecer más vistosa para aquellos que no han leído mucha poesía, y en la segunda mitad, mi parte más profunda: Geometrías y Naufragios; lo que pienso sobre el mundo y lo que he sufrido con el amor. Hay algunas poesías que quizás no correspondan estrictamente a la categoría o no pueda parecerlo, pero (a falta de hacer un último y definitivo repaso) creo que también le da cierta riqueza el mantenerse en los límites de cada categoría, y de paso me quito el problema de no saber dónde meter algunas concretas.

En breve daré más noticias. Un saludo.

sábado, 6 de marzo de 2010

Chile: la globalización de las catástrofes



El pasado 27 de Febrero a las 3:34 horas, un terremoto sacudió Chile con una intensidad de 8.8 grados en la región del Bio Bio, siendo éste el epicentro. Posteriormente se sucedieron numerosas réplicas en todo el país. Por ahora, hay 452 los cadáveres identificados de las 660 víctimas que ha dejado tras de sí el seísmo.

Pero esta no es la única catástrofe natural ocurrida durante las últimas semanas, al terremoto se le han sumado inundaciones, una gran tormenta que afectó gravemente a Francia y Alemania, corrimientos de tierra, congelamiento de las aguas en las costas de los países nórdicos,... Quizás sea fruto de la casualidad, pero no podemos descartar que esta serie de grandes desastres naturales estén relacionados con el cambio climático.

Algo está pasando, quizás sea que antes no se enumeraban una a una las catástrofes en los telediarios, o quizás ocurrían en lugares que anteriormente no habían sido habitados por el hombre... Es imposible saberlo a ciencia cierta, lo que está claro es que nunca antes los desastres naturales habían ocupado tanto espacio en los telediarios.

viernes, 5 de marzo de 2010

Pause

No puedo más... estoy realmente agotado... No pensaba que sería tan complicado esto de tomárselo en serio... Llevo 5 horas para apenas 29 páginas...

La cosa es que no es sólo elegirlas, me he dado cuenta de que hay un montón de poesías que podía mejorar, de hecho, no paso a la siguiente hasta que la recito y suena bien... También soy consciente de que eso de la rima consonante y asonante ha perdido un poco de sentido para mí, y ahora mismo no sé si para bien... no me imagino contando sílabas con los dedos (infinitas veces), quizás otro lustro... Aunque también me estoy dando cuenta de que sólo las estoy maquillando, desempolvándolas un poco, desenterrando su esencia y al mismo tiempo adentrándome un poco más en ellas, en mí; y es sobre todo esto último lo agotador... el maniobrar con poesías escritas hace ya bastante tiempo no deja mucho margen a la memoria y la lectura es casi un ejercicio de reescritura, un en qué estaría yo pensando cuando escribí esto... No sé si eso significa escribir bien pero, por suerte, hay una cuantas que puedo descifrar y simplificarlas en su forma sin restarles significado, aclarar la dirección de los vientos que espero hagan navegar a este barquito de papel en que se está convirtiendo esta utopía.

Por otra parte, tengo que prepararme una presentación de una hora sobre el guión para la próxima clase, otra (de sólo cinco minutitos) sobre los programas de divulgación científica en televisión, publicar tres entradas sobre el terremoto de Chile que caerán en breve, organizarlo todo para grabar un corto la semana que viene (de sólo 90 segundos pero bastante complicado), escribir un artículo literario de entre 500 y 800 palabras (en teoría valdría cualquiera del blog, ya veremos cómo llego de tiempo, aunque me gustaría hacerlo por el simple placer de escribir -no lo hice-), estudiar para el examen de Producción televisiva, la asignatura a la que nunca he ido porque me coincide con las clases, del próximo jueves (parece que no será demasiado difícil, bueno, eso espero...), intentar terminar el fanzine de 16 páginas que estoy haciendo con un buen amigo (por suerte no depende tanto de nosotros ahora mismo -tampoco lo hicimos-), comprarme una camiseta con el número 3 para jugar al baloncesto (que llevo un siglo sin ir a los partidos -encontré la mía en El Ejido pero dejé de jugar en el equipo-) y seguir investigando en la universidad yo que sé de qué ya... y llamar a mis padres, que los echo de menos.

Ufff! Cualquiera se enamora... menos mal que no tengo que proponérmelo, o así ha sido siempre.

Mañana continuaré con el libro e intentaré hacer algo más, pero creo que empezaré por el final... que si no mis padres se van a asustar.

jueves, 4 de marzo de 2010

Inédito

Elegir a los hijos que serán herederos del primer volumen de mi memoria es harto agotador; apenas he seleccionado unas 50 poesías de todos mis tiempos, respetando al resto, pues es más que cierto que forman parte de ellas, aunque sólo sea por haber despejado o aclarado mi mente anterior y posteriormente a las cobardes palabras que he tenido que arrastrar hasta el presente; y estoy agotado.

En uno de esos instantes en los que no sé muy bien sobre qué estoy pensando concretamente ha vuelto a mi cabeza una frase de un director de cine español (no recuerdo quién, típico de mí); decía algo así como, "con la llegada del cine sonoro se inventó el silencio". Curioso si nos fijamos en que antes del sonoro el silencio se adueñaba de cada uno de los movimientos de los personajes... Pues, de la misma forma, cuando publique mi primer libro, aunque no esté en librerías, aunque no lo conozca casi nadie, aunque quizás nadie lo compre y, lo que es peor, pocos tendrán la oportunidad de decidir si lo leen o no... habré inventado un nuevo concepto dentro de mi propia poesía... el "inédito". Un absurdo a estas alturas... nunca he escrito pensando en publicar, y hace mucho que comparto mi presunta ortografía.

En cualquier caso y aunque mi cuerpo haya dejado de expandirse (al menos en el eje vertical), creo que estoy creciendo. Quizás me esté acercando a mí mismo o a lo que quiero ser... no sé, el tiempo dirá cuánto ha de durar este sueño o cuánto me queda por soñar.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Start

Comienzo la selección de poesías en vistas a publicar mi libro.
A ver con qué me encuentro.

Caída

Unos pocos bajaron la cabeza, extasiados por la sequedad del humo atrincherado en las catacumbas de la gran ciudad. Eran tiempos de conflicto, como siempre.

Seguía mirándoles, buscando alguna palabra en alguna boca, algún brillo en alguna pupila; la muchacha que había permanecido atenta durante todo el discurso, sentada junto al joven de veinte a treinta años de edad, seguía mirándome, boquiabierta e inmóvil. Quizás la estaba esperando a ella, quizás ella había pasado la mayor parte del viaje, de su vida, buscando a alguien que la esperara. Pero no habló. Antes de su segunda oportunidad para hacerlo, una madre y una hija de apenas cinco años entraron en el vagón y todo quedó iluminado por sus perfectas trenzas de perfecta simetría, rubias, como muelles sobre su cabeza inquieta y curiosa. Fue entonces cuando decidí abandonar el vagón definitivamente, no quedaba nada más que decir y no me atrevería a desterrar a un ángel del paraíso por lo que seguro se quedaría en un capricho, una anécdota del destino que zumbaría durante un máximo de tres paradas la mente de aquellos viajeros comunes, presos. ¿Cómo puede ser libre alguien que no se estremece al hablar de la libertad?

Me bajé del vagón al tiempo que la niña me regaló la intensidad de su inocencia y no miré atrás.

Mis pensamientos se transformaron en algo ajeno a mí. Me había convertido en un joven que arrastraba sus pies por entre las galerías, rodeado de murmullos de ignominia y sospecha; un joven alto y delgaducho, moreno, pelo corto: trasquilado; un joven de mirada perdida que intentaba recapacitar sobre qué acababa de hacer, sobre qué demonios pretendía con aquella demostración de a saber qué... de quiebra, rebeldía, insatisfacción, utopía,... locura al fin y al cabo.

Antes de que pudiera avanzar en lo que debiera haber pensado ese joven en aquel vagón durante los últimos diez minutos, un torrente de pensamientos le colapsó los sentidos: ideas asesinadas por el olvido, comentarios secuestrados, bocetos de perfiles de cada uno de los integrantes de aquel vagón en base a sus disfraces, la naturaleza abstracta y única de esas miradas le hicieron ceder ante su intención de concentrar su mente en una sola cosa. Cosa concreta que no llegó a tiempo a su cabeza, que quedó renqueante, sumida en una sensación de fracaso, cansada ante la obviedad de la impertinencia propia de los egoístas que llevaban varios siglos predicando su dogma: "Homo homini lupus"(.doc). No le dio tiempo a discernir qué diferenciaba a un lobo de un hombre, ni a recordar la forma de una luna llena, desconectó de todo cuanto le era inteligible y anduvo con destino memorizado por los pasillos que habían pasado a ser tan propios como los de su propia casa tras haber recorrido una y mil veces sus corrientes. Como un recluso de sí mismo.

Salió de la estación, se dejó arrastrar por la marea de voces y motores hasta la entrada de la universidad, cruzó un pasillo de unos veinte metros de luz, empujó hacia abajo una manilla dorada ya acompasada a su pulso y entró en el aula por la puerta más alejada de la voz chirriante de la profesora de turno, aún con la cabeza gacha. No saludó a nadie. Se sentó solo al final de la clase con la sucia y prácticamente vacía bolsa de tela colgada aún del hombro. Se acomodó sin gestos abruptos, sólo miradas vacilantes hacia el exterior en busca de cualquier significado que pudiera transmitirle el movimiento de las hojas más allá de la crudeza del invierno. Aún no conseguía asimilar lo que acababa de hacer. Sólo era un idiota, y lo sabía.

Terminó la clase.

- ¿Otra vez llegando tarde?- le susurró una voz a sus espaldas -Si quieres luego te paso los apuntes, ¿tienes grupo para hacer el trabajo? Qué digo, si lo ha explicado antes de que llegaras,... ¿te apetecería hacerlo conmigo?
- Vale.
- ¡Vale!

Era la única mujer de clase con la que mantenía una relación cordial, de hecho era casi la única persona de clase con la que mantenía relación. Ése no era su sitio, y él lo sabía. Como también sabía que no tenía razones para hacer el trabajo con ella más que la obligatoriedad, previamente excusada, por parte de la profesora.

Era un solitario, uno de esos que siempre es bueno conocer para darse cuenta de que no todo el mundo es igual, una de esas personas que parecían inteligentes simplemente por no decir demasiadas estupideces, por hablar poco. Estaba casi plenamente seguro de que aquella joven, hasta cierto punto bonita, sentía una atracción especial hacia él, y más allá de la veracidad de sus sentimientos, era algo que lo amedrentaba. Pero tenía que aprobar ¿no?

-¿De qué tenemos que hacerlo?
- No sé, es tema libre, a mí me da igual, ¿quieres elegir tú el tema?
-¿Cuándo quedamos?- No se había detenido ni a pensar de qué asignatura estaban hablando.
-¿Mañana te viene bien?
- No sé.

...

lunes, 1 de marzo de 2010

Clima: ¿Qué nos queda? (III)


Una vez dicho lo anterior, ¿qué nos queda?

En realidad, la base de la contaminación no reside tanto en los recursos materiales, que también, sino en el alimento que nos ha permitido crecer tanto demográficamente en apenas 200 años, la energía.

Siempre podemos recoger las botellas de vidrio del suelo después de un incendio y replantarlo, el tiempo y las protectoras de animales autóctonos harán el resto; también podemos coger las bolsas de plástico del mar a pesar de haber sido la condena de cientos de tortugas, que las confunden con las medusas. Aunque parezca que sólo nos acordamos de estos organismos marinos pelágicos cuando pican a nuestros hijos en las playas, es la consecuencia el acaparador del debate y no la causa: año tras año su población aumenta debido a la desaparición de sus pacientes depredadores.

Sin embargo, los gases invernadero que genera la industria no son tan fáciles de recoger. En este caso, es la propia naturaleza la que se encarga de autorregularse, y es el fitoplancton, unos pequeños microorganismos invertebrados y vegetales, el "bosque marino" que absorbe la mayor parte del CO2 que cada fábrica de cada ciudad de cada país emite a la atmósfera; el problema es el ritmo.

Sin embargo, el descubrimiento en los años 90 por parte del oceanógrafo y capitán de barco, Charles Moore, de la "isla de plástico", de las 100.000.000 de toneladas de residuos plásticos acumulados en una superficie de 1.000.000 de m2, superior a dos veces el territorio de España, en el Pacífico, en el norte de las islas de Hawaii, debido a las corrientes marinas y se estima que pueda afectar "a unas 300 especies marinas, que incluyen el 86% de tortugas marinas, el 45% de las aves y el mismo porcentaje de mamífero marinos". Lo malo es que "se estima que el 70% de los desperdicios se hunden al fondo del océano, de modo que, de recuperarse, sólo podría ser lo que aún flota. Por otra parte, según explica Doug Woodring, es difícil atrapar la basura sin capturar criaturas marinas". Y lo peor es que esta gran masa de bolígrafos, cepillos de dientes, pajitas, bolsas de plástico,... productos 100% no biodegradables, se encuentra en aguas internacionales, por lo que ningún país quiere hacerse cargo de este problema que, tarde o temprano, terminará en nuestro plato...


Pero más allá de los problemas que sólo pueden solucionar los gobiernos, ¿cómo podemos ayudar al medio ambiente de una manera efectiva? Reciclar es una buena opción para ralentizar el proceso, pero no funcionará por sí sola. La principal opción en la mano de los ciudadanos es el ahorro energético: apagar las luces que no sean necesarias, utilizar bombillas de bajo consumo (invito a los gobiernos a subvencionarlas para reducir su precio), apagar la televisión desde el aparato (no dejar el pilotito rojo encendido), es más, no usar tanto la televisión; instalar placas solares en el hogar y, si no se puede, utilizar aparatos de captación de energía solar para cargar la batería del teléfono móvil... Hay mil opciones posibles y millones que aún no se le han ocurrido a nadie... A fin de cuentas, nuestra supervivencia dependerá siempre de lo mismo: el conocimiento, la humildad y, cómo no, la imaginación.


Alzheimer

La enfermedad del olvido

Sabía que llegaría tarde,
por eso su maldición rompió los relojes de la casa
y los enterró en el jardín,
así el perro no olería los segundos muertos,
así todos sospecharían de ella.

Ella se detuvo a descansar en un banco del parque,
no era condena el peso de los segundos
besando su nuca de porcelana;
nada se movía, todo se desplazaba,
no se entrecortaban las remadas de los patos
ni las ondas del lago se extinguían en las líneas del fondo,
no había veinticuatro fotogramas para todo,
era todo flujo. No pestañeaba.

Recuperó la infinidad robada por la muerte sentada en ese banco,
en ese mismo parque,
dejando que el crujir de las hojas convirtiera en oxígeno su sensación de desgracia,
su pasado que ya no era, su futuro que ya no sería,
su historia que se diluía gota a gota en un océano de ignorancias.

No se hacía tarde, el cielo palidecía;
el sol bajaba su temperatura y su sombra se hacía grande,
arrugada. Un gran ojo de fuego penetrando en la tierra,
devorado por las enormes fauces de dientes montañosos que debía de ser el horizonte.

Nunca más llegaría tarde.

El amenazante sigilo nocturno se encargó de invitarla a volver a casa;
cansada, somnolienta, arrastró la verja entre ladridos.
Su Toby, un perro cualquiera, aún con caricias atrapadas en la memoria
recorría nervioso el jardín de un lado a otro,
aleatorio;
fue entonces cuando, retozando entre sus piernas,
descubrió la extinción de la mirada de su compañera.

Un girasol sobresalía de entre los rosales y geranios cabizbajos,
enorme sobre tierra revuelta,
como un huracán de famélicos sonidos de palabras a medias,
tendiendo su fortaleza impenetrable a la luna extraña,
armado con agujas de reloj como dientes de plata.
Pronto comenzaría a comerse a soledades los árboles, la casa, las caras...
los nombres, los significados de su vida, a ella.

La suya
era la enfermedad de los recuerdos.

Nunca más vería el presente vivo ante el espejo,
no importaba ya la dirección de sus pasos,
las salidas quedaron huérfanas de destinos...

Nunca más llegaría pronto.

Nunca más volvería a sentirse esperada.


SpNt2005 - 19/2/2010