sábado, 11 de enero de 2014

Bárbara Butragueño

Obsidiana

Yo sé cosas. Y cuando digo que estamos solos, estamos solos.
Lars Von Trier, Melancolía


Esperáis que os proporcione palabras

de consuelo

frases que sofoquen la penosa

inquietud que, adivináis,

crece en vosotros

como un tálamo

ennegrecido.



Además, está la asfixia

claustrofóbica, el clamor

de los insectos

bullendo en la garganta,

y el corazón cubierto

de obsidianas

relucientes:

la pavorosa ofuscación

de la ansiedad.



Creedme.

Quisiera poseer esas palabras, deciros

que existe el hombre puro y que en él

no ramifica sin remedio,

enredada en sus costillas,

la amargura perpetua

de lo humano.

Acaso así podrías negar

el sofocante desamparo que provoca

esa constante sensación de interinidad

decantada sobre tu cuerpo

partícula

a partícula,

ese no estar del todo en ningún sitio,

y caminar siempre en línea recta

hacia la hoguera,

como un ave empeñado

en atravesar

el cristal.



Tu vida se ha convertido

en el triste hábito de arrebatarte,

despreocupada e implacablemente,

todo lo bueno

que para ti deseas



y de observar,

con pasmo detenido,

lo natural

del movimiento

y tu siniestra

satisfacción.


Qué es, de dónde viene

esta piedra negra

que ocupa el lugar

que tantos otros

llaman amor.














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Esto lo hice yo


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