sábado, 20 de noviembre de 2010

Crecimiento

El ser humano lucha contra el tiempo.

Precisamente por tener un tiempo limitado. Sabe que ha nacido y sabe qué morirá. Dedica gran parte de su tiempo a organizar su tiempo, a predecir, a planificar, a recordar. Un tiempo está lleno de muchos tiempos que no existen, que sólo la memoria jerarquiza como anteriores y posteriores. Recuerdos y preocupaciones (en su sentido de anticipación) son los conceptos que definen esos puntos en nuestra vida.

Necesitamos jugar con ellos para crear los proyectos que nos harán sobrevivir en el medio natural y social; llenar de contextos el pasado para predecir el futuro. Internet se está convirtiendo en la memoria del cuerpo que crece rápido, sus miembros parten de la tierra como montones de subsuelo organizado, desafiando a la gravedad, fugaz e imparable.



(Vía Gizmodo)

Necesitamos desarrollar cada vez proyectos más rápido, que sean más numerosos, más gratificantes, más exitosos, aunque sólo sea pelar una naranja. Nos encanta la destreza. La sensación de mejora y gratificación con la práctica cuando puede ser aplicada al ahorro de tiempo en una parte de nuestra vida. Hacer más cosas en menos tiempo. Y aprender a disfrutar de cada porción como algo necesario para el mantenimiento de todas, de toda una vida.

El problema de las fábricas es que el empleado está 8 horas, independientemente del número de tornillos que ponga en su sitio para que apriete una máquina. No un número concreto, con libertad de decidir en qué momento del día aprieta su ración de tornillos. Si esto fuera así, el empleado intentaría disminuir el tiempo que tarda en apretar esos tornillos, invertiría parte de su tiempo en I+D para tener más tiempo para otras cosas, más cosas para su único tiempo: familia, amigos, libros, maquetas, deportes, tornillos,... Pero hay que ajustarse a los plazos de entrega y las cadenas de montaje.

Este es el tiempo que existe en nuestra cabeza. Pero existe otro tiempo.




El tiempo que se respira, que no acelera ni pausa durante el tiempo en el que estamos despiertos, que corresponde a un presente que nuestro cerebro modula su percepción en función de nuestra actividad mental. Aunque podría ser real, el tiempo realmente pasa más rápido como causa y/o consecuencia del cambio de polarización magnética del planeta. Algo que ya ha pasado, y volverá a pasar si consideramos los ciclos naturales como algo necesario para la vida. Esta es la teoría del punto cero y la resonancia magnética de Schumann.

Esto hace preguntarse sobre el sentido de los relojes. Sirven para la organización de las horas del día, simplemente las manecillas giran más rápido. La puntualidad es algo diferente.


© Lo supe en cuanto te vi
Diseño de Maira Gall