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sábado, 7 de diciembre de 2019

Sara Uribe


Fragmentos de Antígona González, de Sara Uribe (2012)

Instrucciones para contar muertos


Uno, las fechas, como los nombres, son lo más importante. El nombre por encima del calibre de las balas.

Dos, sentarse frente a un monitor. Buscar la nota roja de todos los periódicos en línea. Mantener la memoria de quienes han muerto.

Tres, contar inocentes y culpables, sicarios, niños, militares, civiles, presidentes municipales, migrantes, vendedores, secuestradores, policías.

Contarlos a todos.

Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría ser el mío.

El cuerpo de uno de los míos. Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre son nuestros cuerpos perdidos.

Me llamo Antígona González y busco entre los muertos el cadáver de mi hermano.

[...]

Entre los pasos a seguir para buscar a un desaparecido hay que ver un álbum de fotografías de cadáveres.

[...]

¿Le dio un beso al cadáver? Quiero que me lo entreguen, casi estoy resignada.

Yo también estoy desapareciendo, Tadeo.

Y todos aquí, si tu cuerpo, si los cuerpos de los nuestros.

Todos aquí iremos desapareciendo si nadie nos busca, si nadie nos nombra.

Todos aquí iremos desapareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno.

[...]








-

Más poemas de Sara Uribe

Entrevista a Sara Uribe

Lectura de poemas por Sara Uribe:

sábado, 19 de octubre de 2019

Luis Rosales

Palabras para algo más que un dolor



Tal vez sólo es posible que podamos amarnos mientras que dura un beso
o si se quiere una ardentía
que, poco más o menos, es una lástima de incendio,
quizá una lágrima de incendio,
y no puede vivir sino acabándose,
como la duración de una palabra sólo nos dice su verdad cuando está terminada
y deja su memoria en el oído.
Tal vez tengo un cansancio dirimente
y he llegado hasta ti como el náufrago si le empujan las olas puede llegar hasta la playa,
y he comenzado a andar con unos pasos tartamudos
hasta quedar extenuado,
y esto es ya como ver la espalda al día,
esto ya no es amar sino caer,
seguir cayendo sobre tu cuerpo como la noche cae en el mundo,
mientras siento crujir mis huesos y mis besos.

Tal vez es cierto y sin embargo es triste
que nuestro amor sólo puede durar mientras que dure un beso,
pero al besarte el tiempo se establece,
y tu cuerpo comienza a ser una pregunta,
cada una de tus manos tiene su gesto propio,
y el mirar de tus ojos empieza a conjugarse en voz pasiva.
Así me voy llenando de música y de tiempo,
y la música es sed,
y la sed es tan corta que tiene que nacer continuamente
como nacen mis ojos cuando el vestido empieza a resbalar sobre tus caderas
y aparecen tus hombros soleados,
tu momentánea piel,
y tu cuello de miel agonizante,
y tu cintura que es de agua,
y recorro, una vez y otra vez, el corto territorio de tu vientre,
con un mirar infinitesimal,
con un encendimiento que cada vez se hace mayor
y que al fin se convierte en bautismo
sobre un pecho pequeño que cabe en un dedal
y unas rodillas fuertes y despiertísimas que alguna vez como las nubes tienden a separarse,
y las manos te nacen de repente igual que brota un manantial,
y las caricias vienen del origen del mundo,
ya que cuando se ama
todo el cuerpo termina siendo labio.

Y no puedo olvidar que esto es un premio,
amiga mía,
un premio que me han dado para identificarme con la nieve,
mientras te miro
y se borra poco a poco tu rostro como se empañan los cristales
pues estoy atendiendo a otro diálogo,
y este diálogo es una lágrima que tengo ya en el ojo,
puesta a punto
y nunca acaba de caer,
y se va convirtiendo en araña,
y siento tu temblor,
su velludo temblor parpadeándome,
y es un poco de miedo
o una embolia
que toca con su hielo esta vida que es mía
y la contabiliza, hora tras hora, como se cierra un inventario.
Y esto no es doloroso,
amiga mía,
esto es así,
como una mano que te agarra por dentro
pensando en que la carne se encienda sin arder,
y la demora se convierta en culpa
y el beso que te doy deje de ser una caricia
y sea más bien una pregunta,
esa pregunta destituyente
que no me atrevo a hacer sino en tu boca,
pues todo lo que soy depende de ella,
depende de saber que nuestro amor pudo resucitarnos
-ésta fue su misión y la ha cumplido--
pero
sólo puede durar
mientras que dura un beso.

2 de agosto de 1976



martes, 27 de junio de 2017

Idea Vilariño


De Poemas de amor (1958)

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
ni criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme.
Nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros
No llegaré a saber por qué
ni como nunca
ni si era verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.





Extraído de 36 años de poesía uruguaya

jueves, 8 de junio de 2017

Fernando Pereda


(1965)


Es imposible más claro

Es más él mismo que nunca
arriesgando cuerpo y alma:
la partida está indecisa
y las cartas enlutadas.
(Y es imposible más claro).

Porque salen a su voz
rumores, como de ciego;
y no descansa de oír
ni le sostienen consuelos.
(Siempre resultan tinieblas).

No le sostienen consuelos
y lo que arriesga no alcanza:
ve la partida deshecha
y las cartas enterradas.
(Casi no se puede hablar).







"La resistencia de Pereda a recoger en volumen su ya considerable obra lo sitúa en una zona limítrofe, casi fantasmal en nuestra literatura", anota Rodríguez Monegal en su "Literatura uruguaya del medio siglo". En dicho libro leemos esta noticia, que merece reproducirse: "... Pereda (que nace hacia 1900) es el único escritor uruguayo que se ha negado sistemáticamente a recoger su producción en libro con el pretexto de que está preparando, desde hace décadas, uno. No estoy en el escalafón, me dijo cierta vez en que le pregunté abruptamente la fecha de su nacimiento".


Poema y fragmento extraídos de 36 años de poesía uruguaya

domingo, 30 de abril de 2017

Gloria Fuertes


De Todo asusta (1954)

Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.







Gloria Fuertes: la poesía "que moja"

sábado, 4 de marzo de 2017

Gata Cattana

Se me hace difícil escribir sobre una persona que he descubierto a posteriori. Sí, ya sé. Soy un oportunista y me aprovecho de blablabla. Sí, lo sé, qué hago hablando de una rapera si ni siquiera blablabla. Ya, parece que cuando se llega tarde sólo importa el "tarde".

Ana Isabel García (@AnaSforza) falleció hace dos días. Hace dos días que sé que existió y ya le debo bastante. No era muy conocida y entiendo la alabanza y la crítica ante el aumento de su popularidad bajo estas circunstancias tan repentinas. Los argumentos más factibles son que ha fallecido con 26 años, que el año pasado fue considerada una de las mejores artistas revelación, y que deja su primer disco inédito en el tintero.

No puedo hablar de ella más que a través de lo que ella misma ha dejado, así que aquí os dejo enlaces a las canciones/entrevistas/poemas que he ido encontrando en estos días. Para que, aunque sea "tarde", también lleguéis.

Recitales


"Te vas, y me aparecen Cospedales" (8/5/14, en Slam Poetry Granada, en el que se proclamó campeona)




"Y en el pasillo Verónica, Verónica..." (22/5/14, en la cueva de Sergio Escribano, para Poesía en su Tinta -a partir del minuto 4:30-)




"La satine" (5/6/14, 1ª Ronda del IV Campeonato de España de POETRY SLAM. Representando a Granada)




"Nosotras siempre hemos sido lo que nunca seremos..." (1/3/16, en Slam Poetry Granada)




Recital y entrevista sobre su poemario (18/5/16, en TeleK)




"Que sí, que todo eso es verdad" (25/12/16, en Show de Rimas)




"Madrid" (25/12/16, en TeleK)



Libro de poesía


Gata Cattana presenta su primer poemario “La escala de Mohs” en Madrid


La escala de Mohs

Todo el mundo se vende.
Al final.. todo el mundo.

Yo me vendí por tres milímetros
de iris azul tanzanita
en cada ojo
lo que hacen un total de seis
por dos de ancho
milímetros de iris azul radiactivo,
azul Heisenberg.

No sé si al diablo o a quién...
porque en Cupidos no creo,
pero cambié mis veredas livianas
y el jardín de trofeos
y mis cuevas de ego sin fondo
sin tregua ni amparo
y esta mala fe de augura
y el mañana, y el ahora...
por seis por dos milímetros de iris
de topacio azul,
de dureza ocho
en la escala de Mohs.

Y cambié mis sonrisas infalibles
hábilmente conseguidas
y las ganas de los otros
y el discurso de Gomorra
y de Artemisas en Arcadias...

En resumidas cuentas,
la heroicidad de la independencia,
la certeza de no ir viendo fantasmas
como Bécquer,
y he aquí la paradoja:
por seis por dos de pupila azul turmalina,
con algo de cobalto y de polonio,
y lo de polonio no lo digo por el color.

Al final todo el mundo...
Todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí
que después de tanto principio,
tanta ley y tanto código, tanto juez
y tanta ética, tanto farol bien tirao...
que el mío iba a ser tan minúsculo.

Yo siempre lo supe.

Desde que a Aquiles le dieron
a elegir entre la gloria o la paz,
yo ya lo sabía,
hubiera elegido lo segundo.
No soy de cantares de gesta.

Y siempre releía la historia
advirtiéndole desde mis adentros
a ver si no cometía el mismo error.
Pero nada.
Y claro,
directa al talón.

Yo hubiera elegido lo otro,
siempre se lo dije.
Hubiera muerto a los setenta
en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo la gloria no es tanto...
La gloria debe ser morirse
en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo...
¿Quién se acuerda hoy de Aquiles?
Si no es esta loca rumiante mascullando
te lo dijes.
Para eso has quedado.
Para lo que quedó Troya.

Para que venga ahora esta loca
rumiante mascullando te lo dijes
a altas horas.

Otras noches te comprendo.
Y te compadezco.
Y nos compadezco.
En cierto modo algo de razón tenías,
todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí,
quién nos iba a decir,
que el mío fuera un total
de seis por dos milímetros cuadrados
de iris tapiz de hilo persa,
azul egipcio,
Bombay Sapphire,
de dureza ocho
en la escala de Mohs.

Yo hubiera elegido lo otro,
siempre te lo dije.
Aunque en cierto modo puede
que tuvieras razón.
Quién sabe si tenías razón.




Poesías de Ana Sforza


Música


Perfil en BandCamp

Perfil en Soundcloud

Perfil en Youtube


Su primera colaboración musical (15/1/14)






IV Fiesta de Radio 3 Extra - Gata Cattana (20/2/17)




Entrevistas


Entrevista a Gata Cattana (24/4/14, en Radio Quinta Sinfonía)




Talentos Ocultos Programa 2 - Sara Brito & Gata Cattana (12/2/15, en Talentos ocultos)




ONLYREALHH 93 - Samsara (Con Gata Cattana) (16/2/16, en CVB Radio)





Demotest: Gata Cattana (8/4/16, en Mondosonoro)



Entrevista a Gata Cattana (23/11/16, en Furor TV)






La última gran esperanza de las mujeres en el rap: Gata Cattana (16/1/17, El País)



hablamos con GATA CATTANA ¿Rapera, trapera o poeta? 🔥 #WAG1MEETS (6/2/17, WAG1 MAGAZINE)




conoce a gata cattana, la poetisa que hace rap para la eternidad (13/2/17, I-D Vice)

Noticias sobre su fallecimiento


Gata Catanna “…vine de la tierra, y a la tierra voy, más que agradecida...” (Taste the floor, la compañía que la representaba)

Fallece Gata Cattana (Mondo Sonoro)

Fallece Gata Cattana, rapera de Adamuz de 26 años (Cordópolis)

La rapera Gata Cattana muere a los 26 años (ElDiario.es)

Muere la rapera y poetisa ‘Gata Cattana’ a los 26 años (La Vanguardia)

Muere la rapera y poetisa Gata Cattana (El Mundo)

Muere la rapera Gata Cattana a los 26 años (RTVE)

Muere la rapera Gata Cattana a los 26 años (El País)

La fuerza de los versos de Gata Cattana (El periódico)

Muere a los 26 años Gata Cattana, la gran esperanza blanca del rap español (El confidencial)

El sentido homenaje a Gata Cattana tras su muerte (ABC)

Gata Cattana, la rapera que rebatió a Freud (Público)

Muere a los 26 años la poetisa Gata Cattana, esperanza del rap femenino en España (La Sexta TV)

...

"Aproximadamente 97.400 resultados"


Intentaré recopilar su música y colaboraciones en una única lista de reproducción, aunque a mí personalmente me ha enamorado su faceta poética (y como compositora), y no tanto por ser cantante, aunque está dentro de mis exquisitos gustos con respecto al género. Estáis invitados a compartir lo que veáis por ahí en los comentarios.

Descanse en paz.

domingo, 22 de enero de 2017

Enrique Badosa


De Historias en Venecia (1978)

Preso político

Era muy hábilmente interrogado
varias veces al día, la verdad:
porque amaba las fuentes de agua fresca
que viven en el bosque matinal,
y el vuelo de los pájaros del alba
que incandescentes van de libertad.

A todos los nocturnos y resecos,
este amor los llevaba a sospechar.
Un día, antes de tiempo y sin la venia,
se les murió de muerte natural;
sólo porque morir está de moda,
y el que interroga sabe interrogar.




Extraído de Poesía castellana de cárcel (José María Balcells)


Más poesías de Enrique Badosa (y aún más)

miércoles, 13 de julio de 2016

Carlos Martinez Rivas


De La insurrección solitaria (1953)

La Insurrección Solitaria


I


La Juventud no tiene donde reclinar la cabeza.
Su pecho es como el mar.
Como el mar que no duerme de día ni de noche.

Lo que está en formación
y no agrupado como la madurez.

Como el mar que en la noche
cuando la tierra duerme como un tronco
da vueltas en su lecho.

Solo.
Retirado a mi tos.
Desde mi lecho que gruñe oigo correr el agua.
Toda el agua que se oye pasar de noche bajo los lechos.
Bajo los puentes.

Las aves del cielo tienen sus nidos. Nidos curiosísimos.
Los zorros y las raposas tienen alegres madrigueras donde hacen de todo.

La juventud no tiene donde apoyar la cabeza.

Y rompe a hablar. A hablar. Toda la tarde
se la pasó el joven hablando delante de la mujer enorme.
Dejándola para mañana se le pasa la vida.

Y en la Pinacoteca de Munich, bajo el gran hongo, a la afable

sombra de los Viejos Maestros, o en la olla del placer,
derramando en el suelo su futuro
dice a su juventud, a su divino
tesoro dícele: -Sólo espero
que pases para servirme de ti.
Y aprender a sentarse.
Empezar a tener una cara.

Lo que hizo Míster Carlyle, el dispéptico.
Lo que hicieron Don Pío Baroja y su boina.
O Emerson (“…una fisonomía bien acabada es
el verdadero y único fin de la Cultura”).
Y todos los otros Octogenarios,
los que no escamotearon su destino:
el propio, el que vuelve al hombre rocín
y acaba sólo gafas, hocico, terco bigote individual.

Los que llegaron hasta el final
y zanjaron el asunto y merecieron
un retrato en su viejo sillón rojo
calvo ya como ellos y hermoso.

Sentados para siempre. Fotogénicos.
Idénticos a su celebridad. Fijos los ojos
como si por encima del vano afanarse de la tribu
lo logrado miraran. ¡Lo logrado!

¿Lo logrado?

¿Y si fuera otra cara la verdadera y no ésta
sino la otra, la mal hecha, la que no se parece
y es distinta cada vez? La del Hombre
del Trapo en la Cabeza, el que se cortó
la oreja con una navaja de afeitar
para dársela a la menuda prostituta?

Pero él fue solamente un pintor. Uno
entre los otros espantapájaros, minúsculos
en medio del gran viento que choca contra el cielo,
empeñados en añadir un paso más a la larga cadena.
Ocupados en cambiar la Naturaleza, como las estaciones.
Rehaciendo y contrahaciendo el rostro del mundo. El rostro
del vasto mundo plástico, supermodelado y vacío.

II


Aludo a,
trato de denunciar
algo sin un significado cabal pero obcecado en su evidencia:

el árbol con piel de caimán.
La esponja con cara de queso de Gruyère,
y viceversa.
El viejo de la esquina, el que vende cordones para zapatos,
peludo de orejas, animal raro,
Nabucodonosor amansado.
Una lora en su estaca moviéndose
peculiarmente. Mostrándonos su ojo
viejo, redondo, lateral.
Los moluscos, temblorosa vida
en la canasta que contemplan
tan serios el niño y la niña.
El perro en la cantina, debajo de su mesa favorita,
temible a causa de su bozal.
Un par de hombres solitarios bañando un caballo
con un cepillo grande a la orilla del mar
en una perdida costa pequeña y abrupta.
Los grandes bueyes lentos de fuerza y peso,
cargados de su propio poder, y los caballos
pastando con sus cuellos inclinados igual que las colinas…

Todo incomprensible (en apariencia) o idílico, pero inasistido,
no azotado por el error, vivo dentro de un cero
en la impotencia de lo sólo evidente.

El mundo plástico, supermodelado y vacío.

Como un infierno ocioso,
abandonado por los demonios,
condenado a la paz.

III


Pues si esta noche el alma.
Si esta noche quisiera el alma hundirse
en la infamia o la ira
hasta el fondo, hasta que el pulgar del pie
brille contra la roca en la tiniebla
del agua; y desde allí
intentara una vez más
bracear, cerrar los ojos,
hundirse aun más hondo, no podría.

La ola de la Tontería, la ola
tumultuosa de los tontos, la ola
atestada y vacía de los tontos
rodeádola ha, hala atrapado.

Inclinada sobre el idioma, sobre
el pastel de ciruelas, lo consume
y consúmese ella disertando.
Y danza. Pero no al son del adufe,
sí del castañeteo de los dientes
que agitados por el rencor y el miedo
producen un curioso tintineo.

Al son del ¡sún-sún! de la calavera.

Y súbito el recuerdo del hogar.
De pronto, como una espiga ardiente.
Como el sonido de un clarín de niño
en la traición, en las traiciones de las
que sólo el olvido nos defiende:
sólo otra traición del corazón
nos defiende. Y el pecado futuro,
ya en acción, zumbando desde lejos,
desde antes sabido, realizado y ceniza.

Hoyo, humo y ceniza. Es el desierto.
El sol huero, la arena y la pequeña
mata de llamas. A lo lejos, la nube
abstracta sobre la colina ocre.

Un pájaro atraviesa la tarde de borde a borde.

Una hoja seca araña el techo de zinc.

Un grifo vierte el tedio.

-Pero conocí una dama.

IV


Sola en principio y decastada
como un águila. El águila
de Zeuz en el exilio, de
paso entre nosotros. El ruido
de sus garras sobre la mesa
y el ojo perspicaz. El ojo
que sólo ve, sin opiniones.

Así el suyo. Como el ojo
del ave: sin respuesta, puro
de voluntad óptica. Ojos
duros, pequeños y desiertos
delante de la ilimitada
extensión del yo varonil.

Rostro intemporal, zoológico.
Lleno de fanatismo, pero
frío, sutil, no sometido,
como escarabajo o bala

Civilizaciones la han hecho.
Muchas estirpes habrán sido
necesarias delante de ella
como delante de los frutos
soles y siglos. Una hilera
de siglos como grandes filtros
para que al fin cayera -gota
pura- entre las fuentes públicas
y los hábitos de su raza.

No la driada de los bosques
ni oréade, breve de seno,
oliendo el aire. No trirreme
a la luz de las olas. Ni algo
que el pueblo de Francia advertía.

Ni tocador lleno de dijes
fríos, colgantes como lluvia,
y revólveres relucientes
que enseñáronme tanto sobre
la naturales secreta
del níquel y el por qué las uñas
y lo dentado.

Pero sí
algo que entró en el cielo excluído
de lo suficiente. Si algo
con la lógica de lo simple,
la forzosidad de lo perfecto,
la inteligibilidad
de lo necesario.

Ileso
eso se mueve en la tercera
rueda, nosotros aquí abajo
enronquecemos discutiendo.

Sin vacilaciones ni sombras.
Todo respuesta que el enigma
vano de la blancura oculta
y suplanta, el pecho ofrece
un fondo al rayo de la mano.

Tras la aislada frente monótona
(donde ensordece el apagado
barullo del mundo invisible)
se abre el perla, absorto, cóncavo
día solo de una mujer.

Es el interior de la concha.
La Nada femenina. Allí,
aun sin aletas y sin ojos
un caos se defiende, más
cerca del huevo que del pez.

Mordiente sol, limón de oro,
virginidad aceda. Es
la mujer, golpeando, matando
con su pico al hombre cálido.
Su pico de vidrio. El de hielo.

Púdica, insípida y hostil
con la terquedad espantable
y pacífica de la luz.

La Nada femenina. Sola
ante lo último, lo límpido
donde lo resistente es nácar.

Piedra vestida por la sombra
y desnudada por el sol.

1949-50 -18, Rue Cassette, París





Más recursos

Carlos Martínez Rivas ¿poeta maldito?
A propósito de un premio de poesía
Homenaje en el VIII Festival Internacional de poesía de Granada
Los poemas reunidos de Carlos Martínez Rivas

miércoles, 6 de julio de 2016

Thomas Stearns Eliot



III. The Fire Sermon

The river’s tent is broken: the last fingers of leaf
Clutch and sink into the wet bank. The wind
Crosses the brown land, unheard. The nymphs are departed.
Sweet Thames, run softly, till I end my song.
The river bears no empty bottles, sandwich papers,
Silk handkerchiefs, cardboard boxes, cigarette ends
Or other testimony of summer nights. The nymphs are departed.
And their friends, the loitering heirs of city directors;
Departed, have left no addresses.
By the waters of Leman I sat down and wept . . .
Sweet Thames, run softly till I end my song,
Sweet Thames, run softly, for I speak not loud or long.
But at my back in a cold blast I hear
The rattle of the bones, and chuckle spread from ear to ear.

A rat crept softly through the vegetation
Dragging its slimy belly on the bank
While I was fishing in the dull canal
On a winter evening round behind the gashouse
Musing upon the king my brother’s wreck
And on the king my father’s death before him.
White bodies naked on the low damp ground
And bones cast in a little low dry garret,
Rattled by the rat’s foot only, year to year.
But at my back from time to time I hear
The sound of horns and motors, which shall bring
Sweeney to Mrs. Porter in the spring.
O the moon shone bright on Mrs. Porter
And on her daughter
They wash their feet in soda water
Et O ces voix d’enfants, chantant dans la coupole!

Twit twit twit
Jug jug jug jug jug jug
So rudely forc’d.
Tereu

Unreal City
Under the brown fog of a winter noon
Mr. Eugenides, the Smyrna merchant
Unshaven, with a pocket full of currants
C.i.f. London: documents at sight,
Asked me in demotic French
To luncheon at the Cannon Street Hotel
Followed by a weekend at the Metropole.

At the violet hour, when the eyes and back
Turn upward from the desk, when the human engine waits
Like a taxi throbbing waiting,
I Tiresias, though blind, throbbing between two lives,
Old man with wrinkled female breasts, can see
At the violet hour, the evening hour that strives
Homeward, and brings the sailor home from sea,
The typist home at teatime, clears her breakfast, lights
Her stove, and lays out food in tins.
Out of the window perilously spread
Her drying combinations touched by the sun’s last rays,
On the divan are piled (at night her bed)
Stockings, slippers, camisoles, and stays.
I Tiresias, old man with wrinkled dugs
Perceived the scene, and foretold the rest—
I too awaited the expected guest.
He, the young man carbuncular, arrives,
A small house agent’s clerk, with one bold stare,
One of the low on whom assurance sits
As a silk hat on a Bradford millionaire.
The time is now propitious, as he guesses,
The meal is ended, she is bored and tired,
Endeavours to engage her in caresses
Which still are unreproved, if undesired.
Flushed and decided, he assaults at once;
Exploring hands encounter no defence;
His vanity requires no response,
And makes a welcome of indifference.
(And I Tiresias have foresuffered all
Enacted on this same divan or bed;
I who have sat by Thebes below the wall
And walked among the lowest of the dead.)
Bestows one final patronising kiss,
And gropes his way, finding the stairs unlit . . .

She turns and looks a moment in the glass,
Hardly aware of her departed lover;
Her brain allows one half-formed thought to pass:
“Well now that’s done: and I’m glad it’s over.”
When lovely woman stoops to folly and
Paces about her room again, alone,
She smoothes her hair with automatic hand,
And puts a record on the gramophone.

“This music crept by me upon the waters”
And along the Strand, up Queen Victoria Street.
O City city, I can sometimes hear
Beside a public bar in Lower Thames Street,
The pleasant whining of a mandoline
And a clatter and a chatter from within
Where fishmen lounge at noon: where the walls
Of Magnus Martyr hold
Inexplicable splendour of Ionian white and gold.

               The river sweats
               Oil and tar
               The barges drift
               With the turning tide
               Red sails
               Wide
               To leeward, swing on the heavy spar.
               The barges wash
               Drifting logs
               Down Greenwich reach
               Past the Isle of Dogs.
                                 Weialala leia
                                 Wallala leialala

               Elizabeth and Leicester
               Beating oars
               The stern was formed
               A gilded shell
               Red and gold
               The brisk swell
               Rippled both shores
               Southwest wind
               Carried down stream
               The peal of bells
               White towers
                                Weialala leia
                                Wallala leialala

“Trams and dusty trees.
Highbury bore me. Richmond and Kew
Undid me. By Richmond I raised my knees
Supine on the floor of a narrow canoe.”

“My feet are at Moorgate, and my heart
Under my feet. After the event
He wept. He promised a ‘new start.’
I made no comment. What should I resent?”

“On Margate Sands.
I can connect
Nothing with nothing.
The broken fingernails of dirty hands.
My people humble people who expect
Nothing.”
                       la la

To Carthage then I came

Burning burning burning burning
O Lord Thou pluckest me out
O Lord Thou pluckest

burning






----------------------









III. El sermón del fuego [39]

El dosel del río se ha roto; los últimos dedos de follaje
tratan de agarrarse y se hunden en la orilla húmeda. El viento
atraviesa desoído la tierra parda. Las ninfas se han ido.
Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe[40].
El río ya no lleva botellas vacías, papel de bocadillo,
pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas
ni otros testigos de noches de verano. Las ninfas se han ido.
Y sus amigos, vagos herederos de ejecutivos de la City[41]
—se han ido y no han dejado señas.
En la orilla del Leman me senté y lloré[42]…
Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe,
fluye suave, dulce Támesis, pues no hablo alto ni extenso.
Pero a mi espalda en un golpe frío oigo[43]
un estallido de risa muda y la percusión de huesos.

Una rata se deslizó en la vegetación
fregando el vientre viscoso en la orilla
mientras estaba yo pescando en el canal sombrío
una tarde de invierno ahí tras la fábrica de gas
pensando en el naufragio de mi hermano el rey
y en la muerte de mi padre el rey antes de él[44].
Blancos cuerpos desnudos en el suelo bajo y húmedo
y huesos echados en un desván seco y exiguo
cada año revueltos por pasos de rata tan solo.
Pero a mi espalda de vez en cuando oigo[45]
el fragor de bocinas y motores, que en primavera[46]
llevarán a Sweeney[47] con Mrs. Porter.
Cómo brillaba la luna en Mrs. Porter[48]
y en su hija
los pies se lavaban con agua de soda
Et O ces voix d’enfants, chantant dans la coupole[49]!

Twit twit twit[50]
Yag yag yag yag yag yag
Tan brutalmente forzada.
Tereo

Ciudad irreal
bajo la neblina sepia de un mediodía de invierno
Mr. Eugenides, el mercader de Esmirna
sin afeitar, con un bolsillo lleno de pasas[51]
(C.i.f[52]. Londres: documentos a la vista),
me propuso en un francés demótico
comer en el Cannon Street Hotel
y pasar luego un fin de semana en el Metropole.

En la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se levantan de la mesa, cuando el motor humano aguarda
como un taxi resollando en espera,
yo, Tiresias, aunque ciego, resollando entre dos vidas[53],
viejo con arrugados pechos de mujer, puedo ver,
en la hora violeta, la hora del atardecer que se afana
hacia casa, y a casa devuelve del mar al marinero[54],
a casa la secretaria para el té, que prepara el desayuno, enciende
el fogón y saca comida enlatada.
En la ventana se tienden peligrosas
sus combinaciones, secándose con el último sol,
se apilan en el diván (cama, de noche)
medias, zapatillas, camisas y sujetadores.
Yo, Tiresias, viejo de arrugadas tetas,
contemplé la escena y predije el resto
—aguardaba también al huésped anunciado.
Él, joven forunculoso, llega,
empleado de una pequeña agencia, con mirada altiva,
uno de esos advenedizos tan arrogantes
como un sombrero de copa en un nuevo rico de Bradford.
El momento es ya propicio, imagina,
la cena terminada, ella aburrida y cansada,
intenta atraerla con caricias
que si bien no desea, aún no rechaza.
Sofocado y decidido, se abalanza de golpe;
las manos exploran sin obstáculo,
su vanidad no requiere respuesta
y acepta con gusto la indiferencia.
(Y yo Tiresias todo lo he sufrido de antemano,
todo lo ocurrido en esta cama o diván,
yo que me senté a los pies del muro de Tebas
y caminé entre los muertos más profundos).
Concede un último e indulgente beso,
busca a tientas la puerta, no hay luz en el rellano…

Ella se vuelve y se mira un momento en el espejo,
apenas consciente del amante que se aleja;
su mente consiente medio pensamiento:
«Bueno, ya está: me alegro de que haya pasado».
Cuando bella mujer pierde la cabeza[55]
y pasea luego por su cuarto a solas,
se alisa el pelo sin darse cuenta
y pone un disco en la gramola.

«Me seguía esa música sobre las aguas[56]»
y a lo largo del Strand, Queen Victoria Street arriba.
Oh, ciudad, ciudad, oigo a veces
al lado de un pub en Lower Thames Street
el dulce lamento de una mandolina
y el ruido y la cháchara adentro
donde los pescaderos se distraen a mediodía: donde los muros
de Magnus Martyr albergan[57]
un misterioso esplendor de jónicos blanco y oro.

                        El río suda[58]
                        aceite y brea
                        las barcas derivan
                        con el cambio de marea
                        velas rojas
                        grandes
                        a sotavento, ríen en el mástil.
                        Las barcas barren
                        troncos flotantes
                        Greenwich Reach abajo
                        la Isle of Dogs pasada.
                                     Weialala leia
                                     Wallala leialala

                        Elizabeth y Leicester[59]
                        batiendo remos
                        la popa formaba
                        una concha dorada
                        rojo y oro
                        el agua picada
                        en las ribas olea
                        viento del sudoeste
                        corriente abajo engolfaba
                        el repique de campanas
                        torres blancas
                                               Weialala leia
                                               Wallala leialala

«Tranvías y sucias ramas.
Highbury me alumbró. Richmond and Kew[60]
me deshizo. En Richmond me alcé de rodillas
supina en el fondo de una estrecha canoa».

«Tengo los pies en Moorgate y el corazón
bajo los pies. Tras el suceso
él lloró y prometió “un nuevo comienzo”.
No hice ningún comentario. ¿A qué reprochárselo?»
«En Margate Sands.
No puedo conectar
nada con nada.
Las uñas rotas de manos sucias.
Mi gente sencilla gente que no espera
nada».
         la la

Vine entonces a Cartago[61]

Ardiendo ardiendo ardiendo ardiendo[62]
Oh Señor tú me arrancas[63]
Oh Señor tú arrancas

Ardiendo







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[40] Véase Spenser, «Prothalamion». (N. del A.)
Eliot concreta el origen de este verso en el «Prothalamion» (1596) del poeta isabelino Edmund Spenser (1552-1599), un epitalamio —un canto nupcial— donde se reitera «Sweet Themmes run softly, till I end my Song» («Dulce Támesis, fluye suave, hasta que mi canción acabe.»).

[41] La City es el distrito financiero de Londres, de ahí que deje la denominación original.

[42] Probablemente un eco del Salmo 137:
junto a los ríos de Babel
estábamos sentados y llorando, recordando a Sión.

[43] Según indica Eliot en su nota al verso 196, esta imagen procede del poema «To His Coy Mistress» («A su recatada amante») del poeta metafísico Andrew Marvell:
But at my back I always hear
Time’s winged charriot hurrying near.

Que puede traducirse como:
Tero a mi espalda no dejo de oír
cómo el alado carro del tiempo acecha.

[44] Compárese con La tempestad, I, ii. (N. del A.)
Eliot señala de nuevo La tempestad, ahora el momento en que Fernando (I, ii, 388-393) oye por primera vez las canciones de Ariel y piensa en el naufragio de su padre Alonso, rey de Nápoles:
Where should this music be? I’ the’air or th’ earth?
It sounds no more; and sure it waits upon
Some god o’ th’ island. Sitting on a bank,
Weeping again the King my father’s wrack
This music crept by me upon the waters,
Allaying both their fury and my passion
With its sweet air.

Doy la versión de Marcelo Cohen y Graciela Speranza en Shakespeare, Obra completa IV, Romances, Debolsillo, Barcelona, 2012, p. 621:
¿De dónde viene esta música? ¿De la tierra
o el aire? No se oye más; y seguramente sirve
a un dios de la isla. Sentado en un ribazo,
llorando el naufragio de mi padre, el rey,
esta música onduló por las olas hasta mí,
mitigando a un tiempo con dulzura
su furia y mi pasión.

[45] Compárese con Marvell, «Το His Coy Mistress». (N. del A.)

[46] Compárese con Day, Parliament of Bees:
Cuando atento escuches de pronto
un ruido de cuernos y caza, que traerá
a Acteon con Diana en primavera,
cuando todos verán su piel desnuda…(N. del A.)
En su nota a este verso, Eliot nos remite al poema The Parliament of Bees (El parlamento de las abejas, 1641) del poeta isabelino John Day (1574-1640).

[47] Sweeney es uno de los personajes cómico-sórdidos, habitual de los prostíbulos, de la poesía anterior de Eliot, en concreto aparece en «Sweeney Erect» y «Sweeney Among the Nightingales» (Poems, 1920, un libro intermedio entre Prufrock y La tierra baldía). Aquí la relación de Sweeney con Mrs. Porter, probablemente dueña de un prostíbulo, parece una actualización irónica del mito de Diana y Acteón, aludido en el poema de Day. Acteón espió a Diana cuando se bañaba desnuda en un bosque y, como castigo, la diosa lo convirtió en ciervo y lo persiguió con una jauría de perros hasta despedazarlo. Lo cuenta Ovidio en las Metamorfosis (III, 198-252). 

[48] No conozco el origen de la balada de la que proceden estos versos: me la refirieron como procedente de Sidney, Australia. (N. del A.) 

[49] Véase Verlaine, Parsifal (N. del A.)
Como indica Eliot, se trata del último verso del soneto de Paul Verlaine titulado «Parsifal» (1886) y se puede traducir como: «Ah y esas voces de niños cantando bajo la cúpula».
El poema hace referencia a Parsifal (1882), la ópera de Richard Wagner basada en el poema épico de Wolfram von Eschenbach sobre el mito artúrico del caballero Perceval y el Rey Pescador. Véase al respecto la nota sobre el título del poema.

[50] Eliot vuelve a recordar el canto del ruiseñor y la violación de Filomela. El término inglés twit, que se refiere al piar o al gorjeo de un ave, está suficientemente extendido en nuestra época como para tener que traducirlo por un embarazoso «pío pío» o «chui chui». 

[51] El precio de las pasas incluía «coste, seguro y transporte hasta Londres»; y el conocimiento de embarque, etcétera, se daba al comprador después del pago de un giro a la vista. (N. del A.) 

[52] C.i.f. es el acrónimo inglés de «cost, insurance and freight» (coste, seguro y cargamento), utilizado para el transporte de bienes.

[53] Tiresias, aunque es un mero espectador y no propiamente un protagonista, es no obstante el personaje más importante del poema y el que vertebra a todos los demás. Del mismo modo que el mercader tuerto, vendedor de pasas, se confunde con el marinero fenicio, y éste no se diferencia del todo de Fernando, príncipe de Nápoles, todas las mujeres son una sola mujer y ambos sexos se reúnen en Tiresias. Lo que ve Tiresias es, de hecho, la sustancia del poema. El pasaje entero de Ovidio tiene un gran interés antropológico:
… Cum lunone iocos et «maior vestra prefecto est
Quarn quae contingit maribus», dixisse, «voluptas».
Illa negat; placuit quae sit sententia docti
Quarere Tiresiae: Venus huic erat utraque nota.
Nam dúo magnorum viridi coeuntia silva
Corpora serpentum baculi violaverat ictu
Deque viro factus, mirabile, femina septem
Egerat autumnos; octavo rursus eosdem
Vidit et «est vestrae si tanta potentia plagae»,
Dixit «ut auctoris sortem in contraria mutet,
Nunc quoque vos feriam!» percussis anguibus isdem
Forma prior rediit genetivaque venit imago.
Arbiter hic igitur sumptus de lite iocosa
Dicta lovis firmat; gravius Saturnia iusto
Nec pro materia fertur doluisse suique
ludicis aeterna damnavit lumina nocte,
At pater omnipotens (neque enim licet imita cuiquam
Facta deifecisse deo) pro lumine adempto
Scire futura dedit poenamque levavit honore. (N. del A.)
Según quiere la leyenda, un día Tiresias vio a unas serpientes apareándose, las golpeó para apartarlas y de pronto se convirtió en mujer. Siete años más tarde hizo lo mismo con otras serpientes y volvió a ser un varón. Al haber encarnado los dos sexos, fue solicitado para mediar en una discusión entre Hera y Zeus —Juno y Jove en Roma— acerca de quién gozaba más, si el hombre o la mujer. Tiresias contestó que la mujer sentía mucho más placer. Hera, indignada, le dejó ciego, pero Zeus le compensó otorgándole el don de la profecía. Desde entonces, Tiresias es un mediador entre los sexos, entre dioses y hombres y entre muertos y vivos.
En su nota, Eliot da la versión de Ovidio en las Metamorfosis (III, 316-338), que podemos traducir así:
… divirtiéndose con juno: «Vuestro placer es mayor
que el que sentimos nosotros los varones», le dijo.
Ella lo niega y acuerdan pedir el juicio al docto
Tiresias, conocedor de una y otra Venus.
Pues había visto a dos grandes serpientes acopladas
en el bosque y con el bastón las golpeó
y, oh maravilla, de hombre se hizo mujer
durante siete otoños, al octavo las volvió a ver
y dijo: «Si es tanta la fuerza de vuestro poder
como para revertir la suerte del ejecutor,
ahora también os hiero». Golpeadas las serpientes,
recuperó la forma primera y cobró la imagen nativa.
Elegido pues como árbitro de la lid jocosa,
aprueba lo dicho por Jove; demasiado se dolió Saturnia
y fuera de medida condenó al juez a una noche eterna.
El padre omnipotente (no siendo lícito que los hechos
de un dios los deshaga otro) por la luz perdida
le da la visión del futuro y con la gloria alivia la pena.

[54] Quizás esto no corresponda exactamente a los versos de Safo, pero yo tenía en mente al pescador de bajura o de bote que regresa al anochecer. (N. del A.)
En su nota, Elíot se refiere a un fragmento (104.a L-P) de Safo. Doy la versión de Joan Ferraté en Líricos griegos arcaicos, Barcelona, Seix Barral, 1968:
Estrella de la tarde, que a casa
llevas cuanto dispersó la Aurora clara:
llevas a casa a la oveja,
llevas a casa a la cabra,
y de la madre a la hija separas.
Puestos a encontrar asociaciones, hay también en esos versos algo que recuerda al final del poema «Requiem» (1887) de Robert Louis Stevenson:
Here he lies where he longed to be;
Home is the sailor, home from the sea,
And the hunter home from the hill.
Yace aquí donde quería estar;
vuelve a casa el marinero, a casa del mar
y a casa vuelve el cazador de la colina.

[55] Véase Goldsmith, la canción en El vicario de Wakefield. (N. del A.) Eliot nos remite a una canción que sale en El vicario de Wakefield (1762), la novela de Oliver Goldsmith (1730-1774):
When lovely woman stoops to folly,
And finds too late that men betray,
What charm can soothe her melancholy
What art can wash her guilt away?

[Cuando bella mujer pierde la cabeza
y tarde sabe que los hombres traicionan,
¿qué magia puede calmar su tristeza,
qué arte puede lavar su culpa?]
En la traducción, he intentado mantener ese giro irónico hacia la canción que el oído detecta en el original inglés.

[56] Véanse las notas a los versos 191-192. 

[57] El interior de Saint Magnus Martyr es a mi juicio uno de los mejores interiores de Wren. Véase The Proposed Demolition of Nineteen City Churches (P. S. King & Son Ltd.). (N. del A.)
Sir Christopher Wren (1632-1723) fue un arquitecto y científico inglés, recordado sobre todo por su trabajo de reconstrucción de muchas iglesias de Londres tras el gran incendio de 1666, entre ellas la de Saint Magnus Martyr.

[58] La canción de las (tres) hijas del Támesis empieza aquí. Desde el verso 292 hasta el 306 incluido hablan por turnos. Véase Götterdämmerung, III, i: las hijas del Rin. (N. del A.)
Según dice Eliot en su nota, éstas son las canciones de las tres hijas del Támesis, que no sabemos quiénes son y que el propio Eliot compara con las ondinas de El crepúsculo de los dioses (1876) de Richard Wagner, cuyo canto es ese «weialala leía» que se repite en estos versos.

[59] Véase Froude, Elizabeth, vol. I, cap. IV, carta de De Quadra al rey Felipe de España:
Por la tarde estábamos en un barca, mirando los juegos en el río. [La reina] estaba sola con lord Robert y conmigo en la popa, cuando empezaron a decir tonterías, hasta tal punto que lord Robert al fin dijo que, puesto que yo estaba ahí, no había ninguna razón para que no se casaran si a la reina le placía. (N. del A.)
La obra a la que hace referencia Eliot en su nota es History of England from the Fall of Wolsey to the Death of Elizabeth (Historia de Inglaterra desde la caída de Wolsey hasta la muerte de Isabel, 1856-1870) del historiador James Anthony Froude (1818-1894), en concreto al volumen titulado Reign of Elizabeth (Reinado de Isabel, 1863). Se trata de la reina Isabel I Tudor (1533-1603), llamada la reina virgen porque nunca se casó. Uno de sus muchos pretendientes fue Robert Dudley, primer conde de Leicester.

[60] Compárese con Purgatorio, v. 133:
Ricorditi di me, che son la Pia;
Siena mi fe’, disfecemi Maremma.(N. del A.)
Eliot nos remite de nuevo a Dante, al canto V del Purgatorio (vv. 130-136), a un célebre parlamento de una mujer llamada Pia dei Tolomei, a quien su marido, en el sur de la Toscana, encarceló, torturó y envenenó:
«Deh, quando tu sarai tornato al mondo,
e riposato della lunga via»,
seguitó il terzo spirito al secondo,
«ricorditi di me che son la Pia:
Siena mi fé; disfecemi Maremma:
salsi colui che ’nnanellata pria
disposando m’avea con la sua gemma».

Que podemos traducir como:
[«Cuando hayas vuelto al mundo
y descansado del largo viaje»,
siguió el tercer espíritu al segundo,
«acuérdate de mí que soy Pia:
Sienna me alumbró, me deshizo Maremma,
lo sabe aquel que me desposó
anillándome con su gema».]

[61] Véase san Agustín, Confesiones: «Vine entonces a Cartago, donde un hervidero de amores profanos me cantaba en los oídos». (N. del A.)
El pasaje de las Confesiones de san Agustín que cita aquí Eliot (III, i, I) trata básicamente sobre la satisfacción del deseo sexual.

[62] El texto completo del Sermón del Fuego de Buda (que equivale en importancia al Sermón de la Montaña) del que provienen estas palabras, está traducido en el libro del difunto Henry Clarke Warren Buddhism in Translation (Harvard Oriental Series). Mr. Warren fue uno de los grandes pioneros del estudio del budismo en Occidente. (N. del A.)
Eliot cita El Sermón del Fuego de Buda según la versión inglesa de Henry Clarke Warren (1854-1899) en Buddhism in Translation (Budismo en traducción, Cambridge, Harvard University Press, 1896). 

[63] Otra vez de las Confesiones de san Agustín. La ubicación de estos dos representantes del ascetismo oriental y occidental, así como la culminación de esta parte del poema, no es casual. (N. del A.)





martes, 5 de julio de 2016

Gonzalo Rojas

De Contra la muerte (1964)

¿Qué se ama cuando se ama?


¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.







Poesía en voz de Gonzalo Rojas



Entrevista (1999)



jueves, 19 de mayo de 2016

Pier Paolo Pasolini

De Las bellas banderas

Las bellas banderas

La blancura del sol en todo
como un fantasma que la historia
aprieta contra los párpados
con un pero de mármoles barrocos o románticos...

He deseado mi soledad.
Por un proceso monstruoso
que tal vez solo podría revelar
un sueño soñado dentro de otro sueño...

Y, finalmente, estoy solo.
Perdido en el pasado
(pues hay una única época en la vida del hombre).

De golpe mis amigos poetas
que comparten conmigo la brutal blancura
de estos años sesenta,
hombres y mujeres, solo un poco mayores
o más jóvenes, están ahí, al sol.

No he sabido tener la gracia
necesaria para estimarlos -en la sombra de una vida
que se desarrolla demasiado apegada
a la acedía radical de mi alma-.








Este poema es un recorte. Concretamente, este recorte forma parte de una larga espera.

Pier Paolo Pasolini: escritor


martes, 12 de enero de 2016

Ibn Sara As-Santarini



Sulayr*

Nos está permitido dejar de hacer la oración en vuestra
tierra y beber vino reconfortante, aunque está prohibido,

para refugiarnos en el fuego del Infierno, pues nos será
más dulce y más clemente que Sulayr.

Cuando sopla el viento del norte en vuestra tierra,
qué felicidad para un pobre pecador gozar del calor (aunque sea el del Infierno)!

Yo diré, sin poner vanidad en mis palabras,
lo que ha dicho antes que yo un antiguo poeta:

Sí, Señor, debes hacerme entrar en el Infierno,
(pues) en un día tan frío como el de hoy el Infierno debe de ser agradable.




* Transcripción árabe del latín 'Mons Solaris' o 'Solorius', que significa montaña del sol, en referencia a Sierra Nevada (Granada). Actualmente es el nombre de un sendero deportivo que recorre la Alpujarra.


Abu Muhammad 'Abd Allah ibn Muhammad Ibn Sara
(1043-1123), nació en Santarén. Dejó su tierra natal, el reino de Badajoz, tras la intervención almorávide y la destitución de los reyes taifas y se instaló en Sevilla. Hombre culto y de origen árabe, tuvo que ganarse la vida como copista, gramático y otras ocupaciones poco rentables, buscando en ocasiones el poder de los poderosos. Sus contemporáneos lo consideraron un gran prosista y un extraordinario poeta.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Guillaume Apollinaire



Zone

À la fin tu es las de ce monde ancien

Bergère ô tour Eiffel le troupeau des ponts bêle ce matin

Tu en as assez de vivre dans l'antiquité grecque et romaine

Ici même les automobiles ont l'air d'être anciennes
La religion seule est restée toute neuve la religion
Est restée simple comme les hangars de Port-Aviation

Seul en Europe tu n'es pas antique ô Christianisme
L'Européen le plus moderne c'est vous Pape Pie X
Et toi que les fenêtres observent la honte te retient
D'entrer dans une église et de t'y confesser ce matin
Tu lis les prospectus les catalogues les affiches qui chantent tout haut
Voilà la poésie ce matin et pour la prose il y a les journaux
Il y a les livraisons à 25 centimes pleines d'aventures policières
Portraits des grands hommes et mille titres divers

J'ai vu ce matin une jolie rue dont j'ai oublié le nom
Neuve et propre du soleil elle était le clairon
Les directeurs les ouvriers et les belles sténodactylographes
Du lundi matin au samedi soir quatre fois par jour y passent
Le matin par trois fois la sirène y gémit
Une cloche rageuse y aboie vers midi
Les inscriptions des enseignes et des murailles
Les plaques les avis à la façon des perroquets criaillent
J'aime la grâce de cette rue industrielle
Située à Paris entre la rue Aumont-Thiéville et l'avenue des Ternes

Voilà la jeune rue et tu n'es encore qu'un petit enfant
Ta mère ne t'habille que de bleu et de blanc
Tu es très pieux et avec le plus ancien de tes camarades René Dalize
Vous n'aimez rien tant que les pompes de l'Église
Il est neuf heures le gaz est baissé tout bleu vous sortez du dortoir en cachette
Vous priez toute la nuit dans la chapelle du collège
Tandis qu'éternelle et adorable profondeur améthyste
Tourne à jamais la flamboyante gloire du Christ
C'est le beau lys que tous nous cultivons
C'est la torche aux cheveux roux que n'éteint pas le vent
C'est le fils pâle et vermeil de la douloureuse mère
C'est l'arbre toujours touffu de toutes les prières
C'est la double potence de l'honneur et de l'éternité
C'est l'étoile à six branches
C'est Dieu qui meurt le vendredi et ressuscite le dimanche
C'est le Christ qui monte au ciel mieux que les aviateurs
Il détient le record du monde pour la hauteur

Pupille Christ de l'oeil
Vingtième pupille des siècles il sait y faire
Et changé en oiseau ce siècle comme Jésus monte dans l'air
Les diables dans les abîmes lèvent la tête pour le regarder
Ils disent qu'il imite Simon Mage en Judée
Ils crient s'il sait voler qu'on l'appelle voleur
Les anges voltigent autour du joli voltigeur
Icare Énoch Élie Apollonius de Thyane
Flottent autour du premier aéroplane
Ils s'écartent parfois pour laisser passer ceux qui portent la Sainte-Eucharistie
Ces prêtres qui montent éternellement en élevant l'hostie
L'avion se pose enfin sans refermer les ailes
Le ciel s'emplit alors de millions d'hirondelles
À tire d'aile viennent les corbeaux les faucons les hiboux
D'Afrique arrivent les ibis les flamands les marabouts
L'oiseau Roc célébré par les conteurs et les poètes
Plane tenant dans les serres le crâne d'Adam la première tête
L'aigle fond de l'horizon en poussant un grand cri
Et d'Amérique vient le petit colibri
De Chine sont venus les pihis longs et souples
Qui n'ont qu'une seule aile et qui volent par couples
Puis voici la colombe esprit immaculé
Qu'escortent l'oiseau-lyre et le paon ocellé
Le phénix ce bûcher qui soi-même s'engendre
Un instant voile tout de son ardente cendre
Les sirènes laissant les périlleux détroits
Arrivent en chantant bellement toutes trois
Et tous aigle phénix et pihis de la Chine
Fraternisent avec la volante machine

Maintenant tu marches dans Paris tout seul parmi la foule
Des troupeaux d'autobus mugissants près de toi roulent
L'angoisse de l'amour te serre le gosier
Comme si tu ne devais jamais plus être aimé
Si tu vivais dans l'ancien temps tu entrerais dans un monastère
Vous avez honte quand vous vous surprenez à dire une prière
Tu te moques de toi et comme le feu de l'Enfer ton rire pétille
Les étincelles de ton rire dorent le fond de ta vie
C'est un tableau pendu dans un sombre musée
Et quelquefois tu vas la regarder de près

Aujourd'hui tu marches dans Paris les femmes sont ensanglantées
C'était et je voudrais ne pas m'en souvenir c'était au déclin de la beauté

Entourée de flammes ferventes Notre-Dame m'a regardé à Chartres
Le sang de votre Sacré-Coeur m'a inondé à Montmartre
Je suis malade d'ouïr les paroles bienheureuses
L'amour dont je souffre est une maladie honteuse
Et l'image qui te possède te fait survivre dans l'insomnie et dans l'angoisse
C'est toujours près de toi cette image qui passe

Maintenant tu es au bord de la Méditerranée
Sous les citronniers qui sont en fleur toute l'année
Avec tes amis tu te promènes en barque
L'un est Nissard il y a un Mentonasque et deux Turbiasques
Nous regardons avec effroi les poulpes des profondeurs
Et parmi les algues nagent les poissons images du Sauveur

Tu es dans le jardin d'une auberge aux environs de Prague
Tu te sens tout heureux une rose est sur la table
Et tu observes au lieu d'écrire ton conte en prose
La cétoine qui dort dans le coeur de la rose
Épouvanté tu te vois dessiné dans les agates de Saint-Vit
Tu étais triste à mourir le jour où tu t'y vis
Tu ressembles au Lazare affolé par le jour
Les aiguilles de l'horloge du quartier juif vont à rebours
Et tu recules aussi dans ta vie lentement
En montant au Hradchin et le soir en écoutant
Dans les tavernes chanter des chansons tchèques

Te voici à Marseille au milieu des pastèques

Te voici à Coblence à l'hôtel du Géant

Te voici à Rome assis sous un néflier du Japon

Te voici à Amsterdam avec une jeune fille que tu trouves belle et qui est laide
Elle doit se marier avec un étudiant de Leyde
On y loue des chambres en latin Cubicula locanda
Je me souviens j'y ai passé trois jours et autant à Gouda

Tu es à Paris chez le juge d'instruction
Comme un criminel on te met en état d'arrestation

Tu as fait de douloureux et de joyeux voyages
Avant de t'apercevoir du mensonge et de l'âge
Tu as souffert de l'amour à vingt et à trente ans
J'ai vécu comme un fou et j'ai perdu mon temps

Tu n'oses plus regarder tes mains et à tous moments je voudrais sangloter
Sur toi sur celle que j'aime sur tout ce qui t'a épouvanté

Tu regardes les yeux pleins de larmes ces pauvres émigrants
Ils croient en Dieu ils prient les femmes allaitent les enfants
Ils emplissent de leur odeur le hall de la gare Saint-Lazare
Ils ont foi dans leur étoile comme les rois-mages
Ils espèrent gagner de l'argent dans l'Argentine
Et revenir dans leur pays après avoir fait fortune
Une famille transporte un édredon rouge comme vous transportez votre coeur
Cet édredon et nos rêves sont aussi irréels
Quelques-uns de ces émigrants restent ici et se logent
Rue des Rosiers ou rue des Écouffes dans des bouges
Je les ai vu souvent le soir ils prennent l'air dans la rue
Et se déplacent rarement comme les pièces aux échecs
Il y a surtout des juifs leurs femmes portent perruque
Elles restent assises exsangues au fond des boutiques

Tu es debout devant le zinc d'un bar crapuleux
Tu prends un café à deux sous parmi les malheureux

Tu es la nuit dans un grand restaurant

Ces femmes ne sont pas méchantes elles ont des soucis cependant
Toutes même la plus laide a fait souffrir son amant

Elle est la fille d'un sergent de ville de Jersey

Ses mains que je n'avais pas vues sont dures et gercées

J'ai une pitié immense pour les coutures de son ventre

J'humilie maintenant à une pauvre fille au rire horrible ma bouche

Tu es seul le matin va venir
Les laitiers font tinter leurs bidons dans les rues

La nuit s'éloigne ainsi qu'une belle Métive
C'est Ferdine la fausse ou Léa l'attentive

Et tu bois cet alcool brûlant comme ta vie
Ta vie que tu bois comme une eau-de-vie

Tu marches vers Auteuil tu veux aller chez toi à pied
Dormir parmi tes fétiches d'Océanie et de Guinée
Ils sont des Christ d'une autre forme et d'une autre croyance
Ce sont les Christ inférieurs des obscures espérances

Adieu Adieu

Soleil cou coupé






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Zona

Finalmente estás cansado de este mundo antiguo

Pastora oh torre Eiffel el rebaño de los puentes bala esta mañana

Estás harto de vivir en la antigüedad griega y romana

Aquí hasta los automóviles parecen antiguos
Sólo la religión sigue siendo nueva la religión
Sigue siendo simple como los hangares de Port-Aviation

Sólo tú no eres antiguo en Europa oh Cristianismo
El europeo más moderno es usted Papa Pío X
Y tú a quien observan las ventanas la vergüenza te impide
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana
Lees los prospectos los catálogos los afiches que cantan en voz alta
He aquí la poesía esta mañana y para la prosa están los diarios
Están las revistas a 25 centavos repletas de aventuras policiales
Retratos de grandes hombres y mil títulos diferentes

He visto esta mañana una linda calle cuyo nombre olvidé
Nueva y limpia de sol ella era el clarín
Los directores obreros y las bellas taquidactilógrafas
Del lunes por la mañana al sábado por la tarde cuatro veces por día pasan por allí
De mañana tres veces gime allí la sirena
Una campana rabiosa ladra allí al mediodía
Las inscripciones de los letreros y de las paredes
Las chapas los anuncios chillan como los loros
Amo la gracia de esta calle industrial
Situada en París entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida des Ternes

He aquí la calle joven y aún no eres más que un niño
Tu madre no te viste más que de azul y blanco
Eres muy piadoso y con el más antiguo de tus camaradas René Dalize
De nada gustáis tanto como las pompas de la Iglesia
Son las nueve ya bajaron el gas todo azul salís del dormitorio a escondidas
Rezáis toda la noche en la capilla del colegio
Mientras que tierna y adorable profundidad amatista
Gira para siempre la resplandeciente gloria de Cristo
Es el bello lirio que todos cultivamos
Es la antorcha de cabellos rojos que no apaga el viento
Es el hijo pálido y bermejo de la dolorosa madre
Es el árbol siempre frondoso de todas las plegarias
Es la doble horca del honor y de la eternidad
Es la estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y resucita el domingo
Es Cristo que sube al cielo mejor que los aviadores
Suyo es el récord mundial de altura

Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos sabe cómo hacerlo
Y convertido en pájaro este siglo como Jesús sube en el aire
Los diablos en los abismos levantan la cabeza para mirarlo
Dicen que imita a Simón el Mago en Judea
Gritan que si sabe volar que lo llamen ladrón
Los ángeles revolotean alrededor del bello volatinero
Ícaro Enoch Elías Apolonio de Tiana
Flotan alrededor del primer aeroplano
Apartándose a veces para dejar pasar a quienes llevan la Santa Eucaristía
Esos curas que suben eternamente elevando la hostia
El avión se posa al fin sin replegar las alas
El cielo se llena entonces de millones de golondrinas
A todo vuelo vienen los cuervos los halcones los búhos
De África llegan los ibis los flamencos los marabúes
El ave Roc celebrada por los cuentistas y los poetas
Se cierne manteniendo en las garras el cráneo de Adán la primera cabeza
El águila cae del horizonte profiriendo un gran grito
Y de América viene el pequeño colibrí
De China llegan los pihís largos y ágiles
Que no tienen más que una única ala y vuelan en parejas
Y después he aquí a la paloma espíritu inmaculado
Escoltada por el pájaro-lira y el pavo real ocelado
El fénix esa hoguera que a sí mismo se engendra
Cubre todo un instante con su ardiente ceniza
Las sirenas dejando los peligrosos estrechos
Llegan cantando bellamente las tres
Y todos águila fénix y pihís de la China
Fraternizan con la máquina voladora

Ahora caminas por París completamente solo entre la muchedumbre
Rebaños de ómnibus mugientes ruedan cerca de ti
La angustia del amor te aprieta la garganta
Como si no debieras nunca más ser amado
Si vivieras en la antigüedad entrarías a un monasterio
Tenéis vergüenza cuando os sorprendéis rezando
Haces mofa de ti y como el fuego del infierno tu risa chisporrotea
Las chispas de tu risa doran el fondo de tu vida
Es un cuadro colgado en un museo sombrío
Y algunas veces vas a mirarlo de cerca

Hoy andas por París las mujeres están ensangrentadas
Era y quisiera no acordarme era en el ocaso de la belleza

Rodeada de llamas fervientes Nuestra Señora me miró en Chartres
La sangre de vuestro Sagrado Corazón me inundó de Montmartre
Estoy enfermo de oír las palabras bienaventuradas
El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir en el insomnio y en la angustia
Siempre está cerca de ti esa imagen que pasa

Ahora estás al borde del Mediterráneo
Bajo los limoneros que dan flor todo el año
Con tus amigos te paseas en barca
Uno es nizardo hay un mentoniano y dos de Turbia
Miramos con espanto los pulpos de las profundidades
Y entre las algas nacen los peces imágenes del Salvador
Estás en el jardín de una posada en las cercanías de Praga
Te sientes muy feliz hay una rosa en la mesa
Y observas en lugar de escribir tu cuento en prosa
La cetonia que duerme en el corazón de la rosa
Con espanto te ves dibujado en las ágatas de San Vito
Estabas mortalmente triste el día en que te viste allí
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz
Las agujas del reloj del barrio judío andan al revés
Y tú también retrocedes en tu vida lentamente
Subiendo al Hradchin y de noche escuchando
En las tabernas cantar canciones checas

Aquí estás en Marsella en medio de las sandías

Aquí estás en Coblenza en el hotel del Gigante

Aquí estás en Roma bajo un níspero del Japón

Aquí estás en Amsterdam con una muchacha que hallas bella siendo fea
Ella debe casarse con un estudiante de Leyden
Allí alquilan cuartos en latín Cubicula locanda
Me acuerdo de eso allí pasé tres días y otros tantos en Gouda

Estás en París ante el juez de instrucción
Como un criminal fuiste arrestado

Has hecho dolorosos y alegres viajes
Antes de percibir la mentira y la edad
Sufriste por amor a los veinte y a los treinta años
He vivido como un loco y he perdido mi tiempo

Ya no te atreves a mirar tus manos y continuamente quisiera sollozar
Por ti por la que amo por cuanto te espantó

Miras con ojos llenos de lágrimas a esos pobres emigrantes
Creen en Dios rezan las mujeres amamantan a los niños
Llenan con su olor el hall de la estación Saint-Lazare
Tienen fe en su estrella como los reyes magos
Esperan ganar dinero en la Argentina
Y volver a su país después de haber hecho fortuna
Una familia transporta un edredón rojo como vosotros transportáis al corazón
Ese edredón y nuestros sueños son también irreales
Algunos de esos emigrantes se quedan y se alojan
En cuchitriles de la calle des Rosiers o de la calle des Ecouffes
Los he visto a menudo de tarde tomando aire en la calle
Y se desplazan raramente como las piezas de ajedrez
Hay sobre todo judíos sus mujeres usan peluca
Se quedan sentadas exangües en el fondo de las tiendas

Estás de pie ante el estaño de un bar crapuloso
Tomas un café de dos centavos entre los infelices

Estás de noche en un gran restaurante

Esas mujeres no son malas tienen problemas sin embargo
Todas aun la más fea han hecho sufrir a su amante

Ella es la hija de un sargento urbano de Jersey

Sus manos que no había visto están duras y agrietadas

Tengo una inmensa piedad por las costuras de su vientre

Humillo ahora mi boca ante una pobre muchacha de risa horrible

Estás solo va a llegar la mañana
Los lecheros hacen sonar sus tarros en las calles

La noche se aleja como una bella mestiza
Es Ferdine la falsa o Léa la solicita

Y bebes este alcohol ardiente como tu vida
Tu vida que te bebes como un aguardiente

Caminas hacia Auteuil quieres ir a pie a casa
Dormir entre tus fetiches de Oceanía y de Guinea
Son Cristos de otra forma y de otra creencia
Son los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas

Adiós Adiós

Sol cuello cortado






apollinaire, caligramas, caligrama apollinaire, caligrama caballo

martes, 9 de diciembre de 2014

Sé tú mi límite


La semana pasada tuve la primera clase de un taller de radio organizado por el ayuntamiento. El estudio en el que tenemos que realizar un programa es el mismo en el que hace ya algunos años estuve de prácticas.

El miércoles tuve la oportunidad de adelantar parte de mi trabajo y me quedé una hora grabando una de mis dos secciones, "Poesía eres tú", que ahora mismo estoy montando. Escogí a José Ángel Valente, y su poesía "Sé tú mi límite" para poner a prueba los micrófonos del estudio y mi propia voz.

Hacía bastante tiempo que no me sentía periodista. Aunque mis dotes vocales son mejorables, comparto con vosotros un adelanto del programa (que ya subiré cuando esté completo).

Espero que os guste.





lunes, 1 de diciembre de 2014

Canto del bienaventurado (Fragmento)



"[…]

Krishna esboza un ligera sonrisa y se dirige al héroe abatido, inmóvil entre los dos ejércitos:


Te sirves del lenguaje de la sabiduría,
pero te afliges por estos cuerpos que no lo merecen.
El verdadero sabio no se apiada
ni de los muertos ni de los vivos.

Yo nunca he dejado de existir, ni tú, ni estos reyes.
Y todos nosotros seguiremos existiendo en el futuro.
El ser pasa de un cuerpo a otro:
tras la muerte del cuerpo, se encarna en otro cuerpo.

Como el hombre rechaza los vestidos usados
para ponerse otros nuevos,
el ser, sin cambio, abandona un cuerpo
para entrar en otro cuerpo nuevo.

Todos los cuerpos están así penetrados
por el Ser imperecedero,
el Ser eterno, el Ser indestructible,
el inagotable, el Ser sin fin.

Sólo los cuerpos son perecederos,
mientras que él, el Ser que mora en ellos,
es eterno, indestructible e infinito.
Lucha, pues, sin temor, Arjuna.

El ser no mata ni es matado;
el ser no nace ni muere;
no nacido, permanente, eterno, primordial,
el ser no perece cuando el cuerpo perece.

Las armas no atraviesan el ser,
y el fuego no lo quema;
el agua no lo moja,
y el viento no lo seca.

Quien conoce al Ser como indestructible,
como eterno, no nacido, inalterable,
ese hombre no mata, oh Arjuna,
ese hombre no hace matar.



- E incluso, aunque pensaras, según la opinión común, que el espíritu nace en el momento en el que el niño viene al mundo y muere en el instante del fallecimiento, incluso en este caso no tendrías que afligirte. Lo que nace está abocado a la muerte y lo que muere está destinado a nacer. ¿Por qué entristecerse entonces ante lo ineludible? Más vale pensar en Atman. Para los que lo ven, el Atman aparece como un prodigio; otros lo consideran como tal según los libros o por lo que han oído.

[…]

Krishna explica así a Arjuna el peligro de no dominar los sentidos; cómo estos perturban el pensamiento del hombre demasiado inclinado a las preocupaciones materiales. Krishna describe también la pendiente del envilecimiento humano: ¡aquel cuyo pensamiento está perturbado, cae en picado!


Si el hombre pierde el tiempo con los objetos de los sentidos,
poco después aparece el apego a ellos;
de este apego nace el deseo;
y este, frustrado, engendra la ira.
De la ira procede el error,
es decir, la falta de discernimiento.
El error debilita la memoria,
y de ahí viene el olvido de las enseñanzas que ayudan
a seguir el camino de la Virtud.
La mengua de la memoria arruina la razón,
que discierne entre el bien y el mal.
Si la razón desfallece, el hombre se ve privado
de toda aspiración hacia lo divino:
¡este hombre está perdido!


Krishna indica ahora a Arjuna cómo alcanzar la paz del alma, cómo ver claro por uno mismo:


Conoce la paz
quien se acerca a los objetos
controlándose a sí mismo,
sin amor y sin odio.

Para él, el final de sus males
reside siempre en la paz;
pues la razón, que domina el pensamiento
pronto aparece fundada-en-el-Conocimiento.

El hombre carente de estabilidad
ignora la sabiduría y la meditación;
y el que no medita no consigue la paz.
¿Cómo podría alcanzar la felicidad?

El pensamiento debilitado y sometido a los sentidos,
que saltan de un objeto a otro,
este pensamiento extravía el juicio del hombre,
como el viento que arrastra al barco mal gobernado.

Alcanza la paz, por el contrario,
quien recibe, sin inmutarse, todos los deseos
como el océano a los ríos.
El océano recibe aguas de todas partes
y, sin embargo, permanece inalterado.

[…]


Fragmento de El canto del bienaventurado (Bhagavad Ghita), extraído del Mahabarata.