domingo, 12 de septiembre de 2010

Tarde

No tenía demasiada prisa por llegar. El resto de días de la semana, cada vez que se encontraba en camino, una prisa le atizaba las piernas como a un caballo de carreras. Pero los viernes no, salía antes del trabajo y disponía de su deseada ración semanal de paseo camino a casa.

Aprovechaba para pasar por alto las obviedades cotidianas, lo permanente durante su rutinario recorrido, buscaba las 7 diferencias entre su presente y las réplicas del paisaje en movimiento, que se había instalado en su memoria como un imán de frigorífico sin dibujo. Era un hombre que debía permanecer pegado a su presente por una vocación condicionada. Al girar una esquina, sin querer, tropezó con una pierna.

- ¡Corre, que llegas tarde! - dijo una voz molesta.

- Lo siento, no le había visto; para un día que no tengo prisa va usted y se sienta ahí, hombre, no ve que por aquí pasa mucha gente...

- Cómo no lo voy a saber, si vivo aquí.

El hombre era ese tipo de personas que uno esquiva con la mirada, que uno sólo concibe como protagonista de una conversación con un camarero cabreado por un impago, como un esclavo traicionado por sus pasiones; un vagabundo. Tenía heridas en las manos bien desinfectadas, la mirada indefensa, agotada; una barba enredada con la dejadez de su frágil posición. Permanecía prácticamente tumbado en mitad de la calle mientras un sol le golpeaba junto a una gorra llena de agujeros.

- Lo siento, ¿y por qué no va a otra parte antes de que se haga más tarde? Seguro que empezará a hacer frío en menos de una hora.

- Hijo mío, ¿sabes lo que significa "tarde"? Tarde es cuando tú estás vivo pero todo lo que hay a tu alrededor está muerto. Créeme, no existe techo para eso.

Crisis

crisis, se necesitan clientes
(Vía Strambotic)


Y digo yo, si nos estamos cargando el planeta por un consumo incontrolado y la única forma de salir de la crisis es consumiendo ¿cuánto falta para otra guerra?

Roberto Juarroz

De Poesía vertical

El amor empieza cuando


El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.









El profano, el que no sabe pero cree que sabe, escribe con palabras; el poeta escribe con silencios.

No se trata de hablar, no se trata de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio.

La poesía consiste, de alguna manera, en dar a todas las lenguas las palabras que les faltan, las palabras que el idioma común no puede decir. La poesía, a través de ese trabajo de crear un lenguaje indirecto, un lenguaje que salta sobre lo gastado y estereotipado —y, como diría Borges, lo fosilizado del idioma—, toca más directamente el silencio y la capacidad de entendimiento profundo que hay, sin duda, en todos los hombres.

El poeta no necesita la libertad, porque es la libertad. La poesía, sobre todo en su forma moderna, en su actitud moderna, en su indagación eterna, en su búsqueda eterna, es la libertad.

De Conferencia dictada el 8 de septiembre de 1994 en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.



Juarroz, Roberto - Poesia Vertical Antologia Esencial

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