jueves, 8 de septiembre de 2011

Jarchas

Jarchas

Vayse meu corazón de mib,
ya Rab, ¿si se me tornarád?
¡Tan mal mi doled li-l-habib!
Enfermo yed, ¿cuándo sanarád?

Mi corazón se me va de mí.
Oh Dios, ¿acaso se me tornará?
¡Tan mal me duele por el amado!
Enfermo está, ¿cuándo sanará?

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¿Qué faré yo o qué serád de mibi?
¡Habibi,
non te tolgas de mibi!

Amigo, ¡no te apartes de mí!
¿Qué haré,
qué será de mí si tú me dejas?

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Garid vos, ay yermanelas,
¿cóm' contener é meu mali?
Sin el habib non vivreyu
ed volarei demandari.

Decid vosotras, oh hermanillas,
¿cómo refrenaré mi pesar?
Sin el amado no viviré,
y volaré a buscarlo.

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Com si filiolo alieno
non más adormes a meu seno

Como si fueses un hijito ajeno,
ya no te aduermes más en mi seno.







Nuestra literatura -hasta el año 1948- comenazaba por el épico Poema del Cid, del siglo XII. La investigación moderna ha lanzado un rayo de luz sobre la noche: la literatura española se ha hecho, de repente, un siglo más vieja. Y ya no empieza épica; ahora comienza encantadoramente lírica, con unas sencillísimas canciones de mujer enamorada. Y la primera lírica conocida, ya no es la provenzal, sino estas recién descubiertas jarchas mozárabes españolas.

Una serie de felices casualidades ha hecho posible que llegue a nuestras manos el emocionante tesoro. Cultos poetas hebreos y árabes (los más antiguos, del siglo XI) pusieron en cierto tipo de composiciones una jarcha o estrofilla final escrita no en hebreo o en árabe, como el resto del poema, sino en el dialecto español que hablaban los mozárabes. Tales estrofillas, evidentemente, las tomaban de una tradición oral, cantada y viva. Lo mismo que en el siglo XVII vemos que varios poetas glosan cada uno de un modo distinto un mismo cantar viejo, estos poetas árabes y judíos toman a veces una misma jarcha, como estrofilla final, cada uno, para su propia poesía; y en ocasiones son poetas que vivieron en épocas muy distintas.

Rara curiosidad, extraño cariño por la lengua vulgar española (que entonces nadie escribía), la de estos poetas. ¡Y creíamos que la curiosidad folklórica no iba más allá del siglo XIX! Los poemas de estos escritores judíos y árabes han actuado como de prodigiosos frascos de alcohol dentro de los cuales los hombres del siglo XX (ya siglo XXI) encontramos ahora, frescas, palpitantes, estas criaturas líricas del siglo XI. Vienen del fondo oscuro de la Edad Media y llegan hasta nosotros tibias, dulcemente encendidas de una luz diaria y de una belleza de las que nada sabíamos. (...) Y ya, después de las jarchas, podemos mirar el cancionero tradicional.


Extraído de Cancionero y romancero español, de Dámaso Alonso.

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Maira Gall