sábado, 11 de febrero de 2017

Alexandra Elbakyan


Tengo que reconocer que apenas uso internet para mirar el correo, entretenerme en Facebook y subir audiolibros a Youtube. Con lo que yo he sido... Casi ni entro a actaverbum... La tengo medio abandonada por razones obvias. Vivir offline ocupa un tiempo precioso, y online me he especializado en compartir. Ya casi ni genero letras. Empecé una novela, es cierto, sigo dándole vueltas al segundo capítulo. Cuando un atisbo de nerviosismo amenaza con enamorarme escribo alguna poesía, la dejo caer, y hasta el próximo otoño. Ya ni siquiera miro las estadísticas de mis webs y considero el SEO como algo casi espontáneo, inherente al estilo y forma de escribir. A veces a propósito, a veces a despropósito voluntario. Esos son los poderes que me poseen dentro de la pantalla. Terminé un curso sobre SEO, por cierto, y ahora sólo queda pagarlo con lo que saco del territorio deliberadamente injusto de lo offline.

Hoy, coincidiendo con el día de la mujer y la ciencia, me he aventurado a otras plataformas y me he divertido como hace años. Aquellos años de horas y horas buceando y navegando y naufragando y encontrando serendípicamente una maravillosa... Eso, vivir buena parte del tiempo online era una maravillosa forma de vivir, de descubrir la vida. Obviamente, no podía durar para siempre y tampoco quise mantenerlo mucho tiempo más. A este lado la gente muere y necesito estar con ellos antes que permanecer aquí después de mí. Ellos no me leen, y así no están conmigo, y yo quiero estar con ellos haciendo mil cosas. Necesitaba y necesito vivir offline cada vez más tiempo.

Declaro el argumento de esta excepción. Dediqué mil horas a actaverbum para aprender y al tiempo conocí la historia de Aaron Swartz. Mi idea era construir una plataforma para difundir el conocimiento generado por profesores universitarios en España. Ya... demasiado loco cuando se camina solo. ¿Y? Había que intentarlo, y ahí está el intento, sobrevive al menos, al paso de los años. Aaron, por su parte, se suicidó. Asaltó los servidores de su universidad y se propuso compartir la ciencia que por derecho nos pertenece a todos, el saber que por derecho nos hace libres, el saber secuestrado. El saber cuyos derechos de explotación habían caducado, por cierto, y era libre de pleno derecho.

Hoy, coincidiendo con el día de la mujer y la ciencia, he conocido a Alexandra Elbakyan. Sí, roba a las grandes editoriales y sí, pone el conocimiento en manos de la gente, gratis, porque el saber es un derecho y nos hace libres. Su página se llama SCI-HUB.CC. Puedes buscar un artículo por su URL o por su DOI. Es mi heroína.






Uno de los mayores problemas era que sí, estaba recopilando datos, referencias, pero había que pagar para leer... y al final mi trabajo era absurdo. No tenía acceso al documento... ¿De qué sirve decir que Juan ha descubierto el origen de la vida si sólo tienes acceso gratuito al resumen? Decidí entonces empezar por los repositorios científicos en abierto... y es un trabajo demasiado loco cuando se camina solo... Además, suelen estar obsoletos, mal gestionados, y poco actualizados. La ciencia en España es un sueño que malvive y gracias.

Pero sí, hay personas que piensan así. Que se atreven a pensar que el saber nos hace libres, y es un derecho. Tenemos derecho a saber. Tenemos derecho a saber. Tenemos derecho al saber.

© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall