miércoles, 26 de junio de 2013

Carta al ministro Wert




Señor Wert:

Nunca le he escrito a un ministro, por lo que no estoy seguro de si debería llamarle magnánimo, ilustrísimo o exuberante. He de reconocer que no es la primera vez que una persona me cae mal sin conocerla, aunque he de reconocer que no parece que se esté esforzando, que forma parte de su naturaleza espontánea. No le culpo.

No pretendo criticarle, sería absurdo cuando sé que usted no va a leer esta carta. Disculpe mi ironía, pero los dos sabemos que esta carta no va a dirigida a usted, si no a todos aquellos que están pensando en escribirle una, que no son pocos.

Entiendo que considere la beca-salario como una exigencia de cara al rendimiento del alumnado. Cuando aún era estudiante de Primaria soñaba con ganar dinero por estudiar, para comprarme cromos de La Liga para jugar en los recreos. Dudo que durante el resto de mi vida mi felicidad resulte tan eficiente. Aprobé Primaria sin comprender de qué iba este juego de aprobar y suspender, suponía que estaba bien tener positivos. Llegué a Secundaria, saqué sobresalientes y cuatro notables los cursos en los que tenía verdadero miedo de repetir: primero y cuarto de la ESO. Segundo y tercero me sirvieron para sacar de mí lo más cafre y rebelde en busca de una causa. Nunca he sido el mejor, de hecho al final me sentaba atrás solo a ser posible, me aburría.

Sin saber que me había ganado un papel amarillento con un par de firmas y un numerito al que mis padres daban algo de importancia, pasé dos años de Bachillerato de Sociales. Las Matemáticas (las fáciles) se resistieron un poco, pero Filosofía fue un gran descubrimiento. Debería estudiarse a Sócrates y a Platón antes que a Dios. Pero ese no es el tema.

Aprobé Selectividad, un 7,21. Todavía no sabía qué quería estudiar. No sabía lo que significaba un estudiante modelo. Hasta entonces había conocido personas inteligentes que necesitaban semanas de estudio para llegar a un 5 y empollones de 10 que no sabían hacer la O con un canuto si no entraba en un examen o no estaba en sus impecables apuntes, preludio de una personalidad más competitiva que amigable.

Escogí Periodismo y Comunicación Audiovisual. No sabía dónde se estudiaba ni la nota de corte. Resultó que había dos opciones en Madrid, en la misma universidad. Finalmente accedí por dos décimas. Sin beca, no habría sido posible vivir en un piso compartido a cinco minutos de la universidad, a más de 300 kilómetros de mi casa.

Entiendo que su modelo universitario tienda a la especialización. A reducir el número de Facultades y convertir cada universidad en un lugar donde sólo se puede estudiar un área de conocimiento, porque es más barato, porque se reduce la oferta de Grados y se rentabiliza mucho mejor el espacio y los recursos dedicados a cada alumno en función de lo que escoge. Pero no lo comparto. Y le doy mis motivos. La Universidad Rey Juan Carlos, el centro en el que estudié, tiene cuatro campus (Móstoles, Alcorcón, Fuenlabrada y Vicálvaro) y nació con sus mismas ideas; cada campus iba a dedicarse a un área. Pero pronto se dieron cuenta de un detalle: si un alumno quería estudiar Periodismo, tenía que desplazarse a Fuenlabrada, aunque viviera en Vicálvaro, así que hicieron una unidad docente delegada para que pudiera estudiarse en varios centros. La conclusión es un campus (de Vicálvaro) con escasos recursos pero estudiantes con mucho interés y otro campus (de Fuenlabrada) con estudiantes con mucho interés y recursos infrautilizados. No sé qué le parece, pero ya me dirá cómo convence a los rectores, y sobre todo a los alumnos, de las 47 universidades públicas para que renuncien a la mayor parte de sus departamentos y escojan sólo un área, y que todos estemos de acuerdo. Ya se lo digo yo, es imposible.

Si quiere ahorrar, bájese el sueldo. En mi opinión, es imposible ahorrar en becas, porque la beca es una inversión. Ahorrar en becas es perder dinero si tenemos en cuenta el coste de oportunidad. Pocas cosas dan más beneficios que una sociedad bien formada; bueno sí, las preferentes, pero ese es otro tema que afecta a personas con pocos conocimientos económicos e incluso analfabetas.

Se ha empeñado en dejar por los suelos la imagen de los estudiantes españoles en general. Cuesta sacar un 5. Quizás para usted sea una nota mediocre... está claro que no es un bien, ni un notable, ni un sobresaliente, ni mucho menos una matrícula, pero no es un suspenso. Cuando se obtiene un 5 en un examen significa que se aprueba, que se es "apto" aunque no se sepa para qué. Pero si para mantener la beca para el siguiente curso se requiere un 6,5; no está respetando ni la nota de aprobado (que seguro que puede modificar) ni las diferencias entre las diferentes áreas.

Entiéndame, no es lo mismo un 5 en Periodismo que un 5 en Ingeniería Química. O en Medicina. O en Piloto de aviación. Quizás merezca la pena quitarle a la beca a ese vago que parece más preocupado por las revistas de la biblioteca que por los apuntes de clase, pero créame, quitarle una beca a alguien que aprueba con un 6 después de sacar más de un 10 en Selectividad es injusto. Como ve, no me defiendo a mí. Recibí el ingreso de la beca en mayo (a final de curso), cuando ya acumulaba más de 1.000 euros de deuda en alquiler, y el último curso hasta se me olvidó pedirla. Fíjese usted que solidario. Lo bueno es que aprendí a vivir austeramente, pero no esa austeridad de la que usted presume, sino aprender qué es lo realmente necesario y qué es un capricho, y escoger. Sí, el último curso tenía que saltar el metro prácticamente todos los días para ir a clase, para ser un buen alumno, y para ir al supermercado sin tener que recurrir al hurto famélico.

 No sé si se ha percatado ya del clasismo de su medida. Si saco un 5 apruebo y no tengo beca, quizás tenga que dejar los estudios; sin embargo, si saco un 5 y tengo para pagar, no me importa pasar un par de años más de fiesta y partiditas de mus en la "cafe" de la "uni". No sé si lo entiende. Se va de fiesta el que puede cuando puede, y no hace falta ser estudiante para entenderlo, espero que en su caso, señor ministro, sea suficiente.

Ahora mismo tengo 24 años, de los cuales he pasado 19 en un colegio público, dos institutos públicos y una universidad pública. Mi nota media en la universidad ha sido de 6,98. Créame. Si hubiera sacado todo matrícula de honor, sabría la mitad de lo que sé. No es culpa mía que la mayoría de los profesores no actualicen su temario.

Mi madre siempre me decía que la única herencia que podría dejarme era mis estudios. Yo, sencillamente, disfrutaba aprendiendo mientras veía que compañeros de Secundaria con menos interés que capacidad dejaban los estudios para meterse en la obra. No son pocos los que volverían a estudiar si no tuvieran coche, hipoteca...

Espero no haberle aburrido señor Wert. Espero que me entienda y no me tache de aberración democrática. No viví los tiempos del franquismo ni de la regia homilía, ni de esa cosa que aún se enseña como "transición española". Todavía disfruto aprendiendo, aunque a veces a uno le desanime leer las noticias. No se desanime, por suerte hay muchas cosas que se pueden cambiar en la Educación. Empiece por usted.

© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall