lunes, 9 de junio de 2014

Mi deuda


Desde que no está

Desde que no está he desarrollado
la facilidad espontánea para llorar.
La memoria tiene la cola muy larga,
ahora la vida es más y más estrecha.
De repente, me nublo por dentro
para no encharcarme de culpa.
Agacho la vista hacia los azulejos
que pisaban también su sombra.
Me invado de dentro hacia afuera
con sus pasos firmes en mis huellas.
Faltan todavía un par de infinitos
para entenderme y cumplir ante sus ojos.
Me dijo más de una vez que me quería,
con sinceridad dulce, cálida y traviesa.
Aún quedan días en los que avanzo
contando los momentos de mi deuda.
De repente, me lluevo por dentro
en silencio para hacer justa su lucha.
Desde que no está, pasan lejos las horas
y yo solo deseo. La quiero querer más
y que me oiga.






SpNt2005 – 13/5/2014

Lo sé, debería estar informándoles desde el principio del conflicto de Ucrania (desde antes de la anexión de Crimea, cuando el imperio europeo); sobre las elecciones europeas y el tal Podemos; sobre la reelección de la sangre azul en tiempos de crisis; o sobre el mundial de fútbol como elemento integrador más importante que cualquier favela. 

Pero estoy muy ocupado con mi sueño, y la echo de menos.

Proyecto Estragos


Aquella mañana Tyler inventó el Proyecto Estragos.

Tyler me preguntó contra qué luchaba en realidad.

Tyler hablaba de ser la escoria del mundo, los esclavos de la historia, así me sentía. Quería destruir todas las cosas hermosas que nunca tendría. Incendiar las selvas tropicales del Amazonas. Provocar emisiones de clorofluorocarbonos que destruyan el ozono. Abre las válvulas de los contenedores de los superpetroleros y vierte directamente al océano el crudo de los pozos petrolíferos. Quería matar todos los peces que no podía permitirme comer, y empantanar las playas francesas que nunca llegaría a ver.

Deseaba que el mundo entero tocara fondo.

Mientras machacaba a aquel chico, lo que en realidad quería era meterle una bala entre ceja y ceja a todos los osos panda en peligro de extinción que no se decidían a follar para salvar su especie, y a las ballenas y delfines que se dejaban morir embarrancando en las playas.

No pienses en términos de extinción. Considéralo una reducción de plantilla.

Durante miles de años el hombre había jodido el planeta; lo había llenado de basura y mierda, y ahora la historia esperaba de mí que limpiara todo lo que habían dejado los demás. Es mi deber enjuagar las latas de sopa y reciclarlas. Y dar cuenta de todas y cada una de las gotas del aceite del coche.

También tengo que pagar la factura de los residuos nucleares y los tanques de gasolina enterrados y las tierras llenas de residuos tóxicos acumulados por la generación que me precedió.

Retuve el rostro de Cara de Ángel en el pliegue del codo, como un bebé o un balón de rugby, y le golpeé con los nudillos; le golpeé hasta que los dientes se le rompieron bajo los labios. Después le golpeé con el codo hasta que cayó al suelo como un fardo. Hasta que le perforé la piel de los pómulos y se la dejé amoratada.

Deseaba respirar humo.

Los pájaros y los ciervos son un lujo estúpido; todos los peces deberían flotar muertos.

Deseaba incendiar el Louvre; volver a esculpir las esculturas de Fidias del Partenón con una almádena y limpiarme el culo con la Mona Lisa. Así es mi mundo hoy día.

Mi mundo, el mío, y todos los antepasados están muertos.

Fue aquella mañana, durante el desayuno, cuando Tyler inventó el Proyecto Estragos.


Fragmento extraído de El club de la lucha, de Chuck Palahniuk