jueves, 16 de febrero de 2012

Árbol

Árbol del desierto

Sigo siendo aquel triste árbol
que arañaba el cielo en busca de agua,
que arañaba el suelo en busca de algo
que no fuera polvo y guijarros.

Abrazado al desierto y sin remedio
como única razón de existencia,
acostado y sin ningún miedo
de que nadie venga a salvarme.

Sigo haciendo fuerzas para florecer,
sigo filtrando el aire con mi tronco
más que seco, muerto de sed
y sin esperanzas de parir flores primaverales.

Estirado, deseando que la lluvia me toque
y arrastre el polvo de mi superficie,
que deje al sol despertar algún tallo joven
y me crea cuando le diga que nací en un oasis.



KO

Anoche toqué fondo.

No sé si es justo exigir que la universidad envíe las becas al ministerio a principios de curso, y si eso, la ingresen antes del primer cuatrimestre. No es mucho pedir, pero el año pasado se enviaron en marzo y la recibí en mayo... y este va por el mismo camino. Mientras tanto:

- Debo 700 euros de piso y facturas, otra vez.
- Esta semana se va Álex, mi compañero; y el mes que viene me quedo solo. No sé cuánto tiempo me queda en esta habitación.
- Perdí el abono de metro.
- Quedan 8 euros en el banco y dos tickets; dos para la vuelta, riesgo para la ida. No es nada nuevo.
- A medianoche, el troyano Blaster Worm decidió secuestrar mi ordenador.
- Mañana llamaré para dar de baja internet, no puedo seguir pagando.
- Perdí el móvil en casa sin batería, lo encontré entre las sábanas.

Decidí pasar la noche escribiendo a mano. Es triste sentir que no sirve de nada saber (ni una ni dos carreras) cuando no sabes hacer dinero haciendo lo que te gusta.

Ahora escribo desde el ordenador de Lourdes (mil gracias). Este finde haré de monitor en Logroño. Mañana sale el número 10 de Acta Verbum, gratis. Ya voy en camino para las prácticas, serían en el Centro de Estudio de las Migraciones y las Relaciones Interculturales (www.cemyri.es), vinculado a la Universidad de Almería.

A veces me canso de sobrevivir.
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall