viernes, 5 de noviembre de 2010

Miguel Ángel Velasco

De La miel salvaje (2003)

El humo del cigarro

Miras a contraluz el suelto hilo
que se devana en fáciles volutas.
Y en esa transparente arquitectura
reconoces un ritmo, el equilibrio
de una danza precisa.

Y te dices que el humo tiene un orden,
un concertado pulso que edifica
su liviana columna.

El mismo que gobierna
la rotación de antiguas nebulosas,
el latido puntual de las mareas
y el de tu corazón, desafiando
el peso de la tierra.


Se consume la brasa,
pero pende el denodado estambre
al rizo de su vuelo, y multiplica
en la sutura de las altas pérgolas
esa ufana corola necesaria.
Lo que nunca será de la ceniza.






"Como en su vida, Miguel Ángel Velasco aspiró en su poesía a una pureza de verdad, de belleza y de amor que resulta dramáticamente inaccesible para el hombre. Por eso su escritura fue una búsqueda del sentido total de nuestra vida, sin concesiones de ningún tipo, a la vez que le permitió acceder a ese paraíso que la vida real le negaba."

Extraído de Poesía Digital

"Sabe de hospitales (“La casa del dolor”), de “la calleja sórdida” donde “hombres destruidos y mujeres ajadas” buscan su “medida ración de muerte en vida” (“La tregua”), pero eso no le impide contemplar fascinado una piña “a la que el fuego laborioso hace de oro” o unas garzas que, en un claro de la noche, vuelan “en formación precisa,/un sereno triángulo/como flecha segura que apuntara/al corazón del sol adivinado/más allá de la niebla”."

Extraído de ElCultural.es

Miguel Ángel Velasco leyendo sus poemas en la librería Literanta (Parte 1 de 12):


Descanse en paz.