lunes, 15 de agosto de 2016

'El extranjero' de Albert Camus


el extranjero, albert camus, l'etranger, the stranger



Hace ya unos años que decidí leer El extranjero. Poco antes había quedado en segundo puesto en un certamen de poesía local. El premio resultó ser el mejor posible, una inversión de 120 euros en libros a mi elección. Sin duda, el mejor premio posible.

Entre ellos, me decidí por aquellos que históricamente habían ocupado un importante lugar dentro de la historia de la Literatura (a mi parecer), y también dentro del Periodismo (al parecer de mis profesores). En la universidad había leído algunos textos suyos y Albert Camus ante todo me pareció un tipo honesto. Existencialista lo llaman ahora.

Después de algunos vaivenes, y tras el siempre arriesgado acto de dejar prestado un libro, volvió a mis manos y ya, por fin, está releído y grabado. No estoy totalmente orgulloso (como no podía ser de otra manera). Tengo la impresión de que cierto apremio me ha impedido ofrecer un mejor resultado. Sin embargo, las correcciones a posteriori ha quedado comprobado que son difícilmente corregibles. El tono de voz es algo que sube y baja, y es casi imposible ajustarse a una inercia provocada más por el sentido del texto y del discurso en general, que por la pronunciación estrictamente fonética. Aún así, he conseguido corregir los errores más graves.

En pocas horas estará listo y compartido.

... y una de mis partes favoritas:





miércoles, 3 de agosto de 2016

Alucinas


Prefiero escribir

Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.

Detrás de la primera edición, raras veces,
se encuentra una pluma brillante.
En adelante son marcas registradas
por las editoriales. Lo más parecido
es alquilar el vientre.
A la gente le gustan las marcas,
a lo sumo, las cicatrices.
Al lector, amar, o velar los muertos que nunca mueren
y sin embargo existen.

No quiero ser escritor.
Prefiero escribir.
La marca de la fama es el lastre
de la observación y
no es país para honestos.

Alguien me dijo
que dolía; como el hambre
o la malaria. Que te mata
poco a poco a pesar del siglo.
Al principio no hay síntomas.
A los pocos días,
te deja con la cabeza vacía
como una canción en blanco y negro;
te duelen las noticias,
la verdad es un estigma
y no confundes la versión con los hechos.
Entonces te ríes, te burlas
de tu propia ignorancia, de los estandartes,
y ya es tarde,
alucinas: vives en una celda
y te crees libre y actúas a pesar,
con la cabeza llena
de blancos inviernos
de horas caducifolias,
y ya es tarde...
de amor a lomos, migrando
de pájaros alados.



© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall