martes, 23 de agosto de 2016

'Geografías', un cuento de Mario Benedetti


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El cuarto audiolibro, esta vez un cuento extraído del libro homónimo.

¿Por qué otro audiolibro? Cuando publiqué el primer audiolibro, con mala calidad y serias deficiencias dialécticas, lo hice por retarme a mí mismo. Estaba en una etapa de mi vida en la que necesitaba disfrutar de la lectura y no sabía cómo hacer de ello algo "creativo". 

Leer es un ejercicio creativo. Sartori tenía razón; a diferencia de la televisión, nos obliga a imaginar (Homo videns). Nos obliga a ser protagonistas a través de todo aquello que nos vamos encontrando. Benedetti siempre me ha gustado. Los primeros cuentos de verdad (más allá de los cuentos de los hermanos Grimm, Andersen o Disney) que yo leí, fueron de Benedetti. Tenían algo especial. Contaban una historia sencilla a partir de una realidad compleja. Me obligaba a imaginar más allá de lo que había escrito. Los cuentos infantiles son un camino a la moraleja, Benedetti era la moraleja palabra tras palabra. Así lo sentía yo.

La cuestión es que leer La tregua fue trabajoso pero divertido. El resultado no tenía pensado divulgarlo más allá del Facebook y este blog venido a menos, (si es que alguna vez dejé que fuera a más). De hecho, es un perfil de Youtube distinto a otros con los que he subido más vídeos. No esperaba comentarios confiando en el respeto de mis allegados y en el silencio cómplice que esconde la crítica más lapidatoria, justificada y merecida, por otra parte. 

Seguí publicando audiolibros. Le he dado algunas vueltas, y creo que me siento ajeno a la sociedad que me rodea por la distancia que existe entre mis referentes y los de mi entorno. Compartir los libros que he leído y me han cambiado la vida podrían no cambiar, pero sí acercar perspectivas y revisar la mía propia. Los audiolibros que he narrado hasta ahora, a excepción del primero, han sido relecturas.

Unos meses más tarde, cuando publiqué El viejo y el mar, me percaté de que el susodicho audiolibro de poca monta tenía 20.000 visitas y algunos comentarios. Algunos sólo me sirvieron para justificar la falta de calidad en el sonido. Pido disculpas de nuevo. En otros, personas totalmente desconocidas para mí me agradecían el trabajo y esfuerzo realizado. Habían utilizado el vídeo para poder continuar leyendo a Benedetti, e incluso alababan que gracias al audiolibro les había resultado más entretenido y fácil de leer. Uno de esos comentarios es el principal motivo de que este vídeo exista. 

Directamente, este vídeo es una sugerencia de una amiga, que no conocía hasta entonces y me cuenta que mi voz de alguna manera la acompaña durante su estancia en un hospital al otro lado del charco. Comprenderás que me haya sentido obligado a corresponderla, no sólo por la sugerencia en sí, de lo más apetecible; si no porque da sentido a algo que a priori no lo tenía, al menos no para mí. 

Es por esto que siento que este audiolibro es tan suyo como mío, y por supuesto, de Benedetti, como no podía ser de otra manera. Hace poco leí en una reseña biográfica publicada en la edición de Cátedra de La tregua, que recibió un premio estatal. A los años, proclamó la inutilidad de su obra y decidió no recibir más premios del gobierno de su país. Pocas cosas (a parte de su obra con su evolución) le honran más. Años más tarde le prohibirían pisar su propio país. Paradojas del destino. Justo cuando yo quiero dejar de tener tantas razones para enfadarme a costa de mis paisanos, y marcharme, para ver un tiempo la corrupción en mi tierra desde la barrera, que ya está bien.


lunes, 15 de agosto de 2016

'El extranjero' de Albert Camus


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Hace ya unos años que decidí leer El extranjero. Poco antes había quedado en segundo puesto en un certamen de poesía local. El premio resultó ser el mejor posible, una inversión de 120 euros en libros a mi elección. Sin duda, el mejor premio posible.

Entre ellos, me decidí por aquellos que históricamente habían ocupado un importante lugar dentro de la historia de la Literatura (a mi parecer), y también dentro del Periodismo (al parecer de mis profesores). En la universidad había leído algunos textos suyos y Albert Camus ante todo me pareció un tipo honesto. Existencialista lo llaman ahora.

Después de algunos vaivenes, y tras el siempre arriesgado acto de dejar prestado un libro, volvió a mis manos y ya, por fin, está releído y grabado. No estoy totalmente orgulloso (como no podía ser de otra manera). Tengo la impresión de que cierto apremio me ha impedido ofrecer un mejor resultado. Sin embargo, las correcciones a posteriori ha quedado comprobado que son difícilmente corregibles. El tono de voz es algo que sube y baja, y es casi imposible ajustarse a una inercia provocada más por el sentido del texto y del discurso en general, que por la pronunciación estrictamente fonética. Aún así, he conseguido corregir los errores más graves.

En pocas horas estará listo y compartido.

... y una de mis partes favoritas:





miércoles, 3 de agosto de 2016

Alucinas


Prefiero escribir

Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.

Detrás de la primera edición, raras veces,
se encuentra una pluma brillante.
En adelante son marcas registradas
por las editoriales. Lo más parecido
es alquilar el vientre.
A la gente le gustan las marcas,
a lo sumo, las cicatrices.
Al lector, amar, o velar los muertos que nunca mueren
y sin embargo existen.

No quiero ser escritor.
Prefiero escribir.
La marca de la fama es el lastre
de la observación y
no es país para honestos.

Alguien me dijo
que dolía; como el hambre
o la malaria. Que te mata
poco a poco a pesar del siglo.
Al principio no hay síntomas.
A los pocos días,
te deja con la cabeza vacía
como una canción en blanco y negro;
te duelen las noticias,
la verdad es un estigma
y no confundes la versión con los hechos.
Entonces te ríes, te burlas
de tu propia ignorancia, de los estandartes,
y ya es tarde,
alucinas: vives en una celda
y te crees libre y actúas a pesar,
con la cabeza llena
de blancos inviernos
de horas caducifolias,
y ya es tarde...
de amor a lomos, migrando
de pájaros alados.