jueves, 18 de agosto de 2011

Fantasía

Todo por mi vida

Me despierto cada mañana,
cansado, con los ojos recién cerrados.
Abro la ventana como el frigorífico,
y me quedo mirando:
¿Qué hay hoy que quiera comerme?

Arrastro los pies por el pasillo, en esta luna
las suelas de las zapatillas dejan su firma definitiva,
me disfrazo de producto manufacturado y tiro al suelo la camisa;
así invento una nueva cordillera para las hormigas.

Salgo a la calle, soy un distinguido bufón moderno;
sonrío a la dependienta del metro sin disimular,
permito el paso a una anciana, me da las gracias,
“no hay de qué señora”, lo que sea por buscar mi lugar.

Todo por una sonrisa.

Esquivo el tráfico con pánico, vivo en Grand Theft Auto
pero soy de los pocos que no quieren ser protagonistas,
así que me toca lidiar cada día con el virus de turno
que consuma el sentido común a costa de ideologías.

Llego al trabajo y me envaso al vacío en mi plástico,
aprieto los dientes para conservar la frescura.
Los restos de comida rezan por mí en la boca del jefe,
del amor, de la amistad, de la ilusión, de la locura.

Lo que sea por alargar mi fecha de caducidad.
Soy un pútrido espectro que se alimenta de sonrisas,
un solitario vagabundo de la utopía, encerrado en mí,
atrapado en mi soledad, alimentándome de fantasías.

Todo por ser fantasía.

Llego a casa a la hora prevista,
despejado por fin del rugir estomacal de esta ciudad,
incapaz de saciar su hambre aunque se coma las uñas,
me desato los grilletes y los zapatos comienzan a vomitar.

La ducha se encarga de refrescarme la conciencia,
la tribu de hormigas comienza su danza alrededor de la cena,
intento, antes de llorar, ahogar mi corazón en una poesía
pero siempre se renueva el vaso sin querer darme cuenta.

Desnudo, en posición fetal, abrazo la almohada,
el tiempo comienza a inventar mi auténtico mundo,
el único real dentro de tantas mentiras,
el reino sin fronteras, sin pomos, sin muros.

Todo por vivir poesía.




Ente de ficción


–¿Conque no, eh? –me dijo–, ¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, nivolesco lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente nivolesco, y entes nivolescos sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima...


Augusto Pérez a Miguel de Unamuno.

Fragmento de Niebla.
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall