viernes, 5 de febrero de 2010

La última tribu

La extinción de la especie humana comenzó en el momento en que se hizo innecesaria su evolución anatómica.

Mira a tu alrededor, ¿crees que necesitas un mejor oído?¿Olfato?¿Unos brazos más largos?¿Acaso un cerebro más desarrollado? Nada, realmente no necesitas nada más para sobrevivir. El ser humano ha sido la primera especie que ha aplicado sus mutaciones al medio, la que ha hecho del desequilibrio su modo de supervivencia.


tribu, la ultima tribu

Cuando el humano construyó la primera casa dio luz a la sociedad y firmó su carta de defunción, la revolución industrial no hizo más que confirmarlo... A costa de mejorar la calidad de vida (después de haber asegurado su supervivencia y su descendencia) de los privilegiados, la revolución industrial trajo consigo el aumento en la producción de productos y necesidad de mano de obra.

Los obreros eran (o no) explotados a cambio de un salario de subsistencia y los mejores adaptados al sistema económico cubrían sus necesidades básicas, e incluso los reyes y gobiernos podían permitirse el disfrute del juego de la guerra para mantener su hegemonía (control sobre otros) sin necesidad de tocar un arma. Para eso también estaban los pobres.

Entonces los obreros también querían ser privilegiados, pero para que aumentara el número de privilegiados debía aumentar el número de nuevos obreros, y para que esto fuera posible, debían expandirse las tierras de cultivo a lo largo y ancho de los territorios. Nunca llegan a desaparecer el hambre ni la codicia.

Posteriormente llegaron la Primera y Segunda Guerras Mundiales y una nueva revolución industrial, esta vez basada en el petróleo; EEUU dio préstamos a los países vencedores y vencidos (quizás nunca se haya hecho un recuento de bajas vegetales) para la reconstrucción de infraestructuras (con más solares llenos de metralla disponibles) y se erigió como primera potencia mundial, entre otras cosas, porque no había nadie más a quien comprarle. Tras su reconstrucción, los países se subieron al carro del sistema y pusieron a punto la fábrica de privilegios.

De esta forma, fue aumentando la población hasta límites desorbitados si tenemos en cuenta el crecimiento demográfico desde la aparición del hombre hasta 1750. El sistema se expandía a nivel global, ya no eran los campesinos de zonas rurales los pobres que emigraban a las ciudades en busca de trabajo, son otros individuos de la especie procedentes de Sudamérica, África y Medio Oriente los pobres con los que se "producen" los privilegios para los habitantes de los países "desarrollados". Y seguimos expandiendo los territorios de cultivo para mantener el "equilibrio" dentro del sistema, y también para poder comer carne todos los días de la semana (el 70% de las fincas del planeta se dedican a la producción de alimentos de origen animal, ya sea para su alimentación o de pastoreo, que representan un 30% de la superficie terrestre). Entonces, ¿por qué hay hambre?¿Los pobres sólo quieren comer carne?¿Si no podemos comernos a un hambriento no merece la pena alimentarlo?

Lo siento, además de que no tengo respuestas basadas en la lógica, ya hemos cavado nuestra fosa.

Me explico. Somos animales, ¿no es cierto? Nacemos, crecemos, comemos, nos relacionamos, nos reproducimos y morimos. Como el resto de especies vivas del planeta.

No siempre hemos sobrevivido así ¿no? Hace unos pocos millones de años nuestros ancestros aún no se organizaban por el sistema económico en el que nos ha tocado vivir. Por aquellos tiempos el planeta era tan redondo como hoy, había un mayor número de especies animales y por tanto mayor competitividad con otras especies; pero en cuanto a leyes físicas y demás no había mucha diferencia, las matemáticas seguían existiendo, sólo que aún no se habían imaginado... Incluso hay una teoría que defiende la existencia de un "embotellamiento" de la especie, un punto en la Historia de la Humanidad durante el cual la población humana global no superaba los trescientos miembros, ésto explicaría las grandes similitudes actuales entre los miembros de la especie. Aún así, se han dado algunas variaciones respecto a los individuos que sobreviven en cada uno de los ecosistemas, un ejemplo claro es el color de la piel.

Los humanos que habitaron en el ecuador del planeta, el lugar con más horas de sol al día, aumentaron su pigmentación para absorber menos luz, por lo que cada vez eran más negros; a medida que nos alejamos del ecuador hacia los polos, vemos que los humanos han ido aclarando el color de su piel, de forma que en los polos, las zonas con menos cantidad de luz solar, sus habitantes tienen la piel más blanca para absorber más luz. Si intentamos encontrarle una lógica a este suceso, sólo se me ocurre decir que los habitantes del ecuador tenían más posibilidades de supervivencia por ser negros, haciendo esta característica comparable a correr más, tener más resistencia,... es decir, los machos de una tribu deseaban reproducirse con la hembra con mayor coloración de piel para tener más posibilidades de que sus hijos sobreviviesen. Parece lógico ¿no? Si a esa teoría estrictamente anatómica le añadimos el ineludible factor cultural inherente al ser humano, la hembra con más pretendientes sería aquella que demuestrara las capacidades de ser la mejor madre, es decir, aquella capaz de proteger, alimentar y educar a las crías con la mayor tasa de éxito, es decir, de supervivencia.

Vuelve a mirar a tu alrededor.

Vives en el sistema, tu supervivencia no depende de tus capacidades de caza o de recolección de alimentos, no tienes que competir con otras especies, tus competidores aparecen en tiempos de escasez cíclicos y son miembros de tu misma especie, es más, en algunos países ser blanco aún es un signo de estatus social que aumenta las posibilidades de supervivencia... ¿a quién elegirán los machos entonces para aparearse? A la mujer más adinerada (blanca por regla general). La que tenga la posibilidad de comprar una casa lo más grande y cómoda posible para proteger a las crías. No importa si no puede amamantarlas, puede comprar leche, no importa si puede protegerlas, puede comprar puertas blindadas, no necesita siquiera educarlas, el sistema pone al servicio del sistema un sistema educativo obligatorio para que aprendan a vivir en una sociedad basada en el sistema... Todo está bien atado.

Vivimos por y para el sistema, el que nos lleva a la nimiedad como individuos y a la extinción como especie.

¿Qué sentido tiene vivir entonces? Es una pregunta a la que sólo puedes responder tú. Eres tú quien decide quién eres. Quizás, esté sólo en manos de las mujeres, que son quienes en el fondo deciden con quién se reproducen...

Yo sólo puedo decir que a todas estas conclusiones llegamos gracias a una larga conversación y que me sentí extraño cuando llegó el silencio y un "¿y ahora qué?" inundó la habitación.

Ahora a sobrevivir.