sábado, 28 de julio de 2012

Haiku

Manuel Gómez, amigo y profesor del IES Murgi (en El Ejido), me cuenta que han celebrado el concurso de Haikus en el instituto. En el blog de su biblioteca hay una publicación dedicada a los ganadores del concurso y además añade un documento con los poemas ganadores.

Cuando fui a presentar el libro a mi antiguo instituto, les dejé dos ejemplares; uno para la biblioteca del centro y otro como premio para un posible concurso de poesía. La propuesta quedaba hecha. Ya ha pasado el tiempo y sólo puedo dar las gracias a Manuel y a todos los participantes del concurso; y mi enhorabuena a los ganadores/as de cada uno de los cursos. Miko, mi hermanita japonesa, me preguntó que si había escrito alguno. Alguno habrá por ahí; pero como un haiku es una cosa que se tarda poco en escribir (pensarlo ya es otra cosa) y no hay lugar más apropiado para compartirlos.

El experimento



Experimento


Apago todas las luces
hasta verme sólo a mí,
suprimo todos los sonidos
hasta escucharme sólo a mí;
abro la boca y dejo que se ventile
hasta saborear la sequedad de la desidia,
extiendo todo mi cuerpo
hasta tocar la cama sólo con los huesos.

Pienso: deja de pensar.

La oscuridad avanza
y despliega su ofensiva.
El paladar se agrieta y pide auxilio,
las sábanas reavivan el suspense en los nervios,
el palpitar retumba en su cárcel de rejas pantanosas,
el sudor resucita las mentiras.

Y de un vuelco,
dejo de pensar.
Los temblores y el jadeo
apoyan la tregua.

No ha servido de nada el experimento,
giro el torso
y a mi derecha
sigue reinando la inmensidad
más inmensa tras la ausencia de tu cuerpo,
origen de un reguero de bellos recuerdos
que atraviesa el horizonte.










© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall