jueves, 3 de diciembre de 2015

Snoopy


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Un clásico.

La luz más bella


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El 25 de noviembre tuve la oportunidad y el placer de participar en la presentación de un proyecto editorial bastante interesante. La editorial En Huida ha editado un libro de jóvenes poetas menores de 30 años de cada provincia andaluza. En mi caso, y por ejidense, participo en La luz más bella.

En cuanto Martina, amiga y coordinadora, me propuso participar en el proyecto no pude negarme. Mi intención era publicar un pequeño texto en prosa y varias poesías que dieran muestra de mis vertientes. 6 páginas por cabeza, foto y breve biografía. Por motivos de espacio, no aparecen ni el texto, disponible en el blog, ni un diagrama de haikus. También pretendía incluir otras poesías publicadas anteriormente: "Carne y hueso" y "Lógica"; de las mejores de mis libros anteriores. Así que escogí las que irán en el tercero, sin publicar desde hace algo más de un año.

El día 25 fue la presentación y me tocó leer, y a propuesta de los coordinadores de la antología, leí dos autores que desconocía. En general, la experiencia fue muy positiva (hay hasta un vídeo). Aunque no pude quedarme para las cervezas posteriores, todos tienen pinta de ser muy buena gente. Un placer.


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Idealismo y Larousse


[...] Pero para mí la Enciclopedia Larousse lo era todo. Cogía un tomo al azar, detrás de la mesa, en el penúltimo estante, A-Bello, Belloc-Ch o Ci-D, Mele-Po, o Pr-Z (estas asociaciones de sílabas se habían vuelto nombres propios que designaban a los sectores del saber universal: estaba la región Ci-D, la región Pr-Z, con su fauna y su flora, sus ciudades, sus grandes hombres y sus batallas); yo lo ponía con mucho esfuerzo sobre la carpeta de mi abuelo, lo abría, descubría a los verdaderos pájaros, cazaba verdaderas mariposas posadas en flores verdaderas. Estaban allí, personalmente, ho mbres y animales: los grabados eran sus cuerpos; el texto era su alma, su esencia singular; en el exterior se encontraban vagos esbozos que se acercaban más o menos a los arquetipos sin alcanzar su perfección; en el Jardín de Aclimatación, los monos eran menos monos, en el Jardín del Luxemburgo, los hombres eran menos hombres. Platónico por estado, yo iba del saber a su objeto; encontraba más realidad en la idea que en la cosa, porque se daba a mí antes y porque se daba como un cosa. Encontré el universo en los libros: asimilado, clasificado, etiquetado, pensado, aún temible; y confundí el desorden de mis experiencias librescas con el azaroso curso de los acontecimientos reales. De ahí proviene ese idealismo del que me costó treinta años deshacerme.


Fragmento de Las palabras, de Jean Paul Sartre



Miedo del lenguaje



El miedo del lenguaje

Escribiendo tal texto, él experimenta un sentimiento culpable de jerga, como si no pudiera salir de un discurso loco a fuerza de ser particular: ¿y si toda su vida, en suma, se hubiera equivocado de lenguaje? Ese pánico le invade tanto más vivamente aquí (en U.) porque, no saliendo por la noche, mira mucho la televisión: sin cesar, entonces se le representa (se le hace advertir) un lenguaje corriente, del que él está separado; ese lenguaje le interesa, pero eso no es recíproco: al público de la televisión, su lenguaje, el de él, le parecería enteramente irreal (y, fuera del goce estético, todo lenguaje irreal tiene el riesgo de ser ridículo). Tal es la recaída de la energía lingüística: en un primer tiempo, escuchar el lenguaje de los demás y sacar de esa distancia una seguridad; y en un segundo tiempo, dudar de ese apartamiento: tener miedo de lo que se dice (indisociable de la manera como se dice).

Sobre lo que acaba de escribir durante el día, tiene miedos nocturnos. La noche, fantásticamente, vuelve a traer todo lo imaginario de la escritura: la imagen de lo producido, la cotillería crítica (o amistosa): "es demasiado esto", "es demasiado eso", "no lo es bastante"... Por la noche los adjetivos regresan en masa.

Fragmento extraído de Roland Barthes, por Roland Barthes



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