martes, 26 de julio de 2016

'El viejo y el mar' de Ernest Hemingway

El viejo y el mar, the old man and the sea, ernest hemingway



Escrito en 1952 por encargo de la revista Life, Ernest Hemingway, un enamorado de la cultura española, obtuvo el Premio Pulitzer un año después gracias a esta obra de ficción. Dicho esto, hay muchas webs con muy buena información sobre el libro y su autor. Así que voy a la experiencia que ha supuesto para mí grabar este mi segundo audiolibro. En comparación con el primero:
  1. 'El viejo y el mar' es más conocido que 'La tregua', injustamente, y supongo que por el idioma en que está escrito
  2. Es más breve, 2 horas y 30 minutos a diferencia de las 6 horas del primero
  3. Lo he grabado con el móvil. No parece un adelanto sustancial respecto a grabarlo con una grabadora; pero se escucha mucho, mucho mejor
  4. Lo había leído hace tiempo, el primero iba conociéndolo "sobre la marcha"
  5. No tiene capítulos
  6. Lo he grabado de seguido, en una sola noche. A partir de ahora lo haré así

¿Por qué otro audiolibro?

Como ya te puedes imaginar, escucharlo es gratis. Soy de esa clase de personas que les gusta hacer lo que mejor saben hacer, aunque conlleve un esfuerzo a veces titánico. Me gusta leer, me divierte leer en voz alta y escuchar mi pronunciación; además, hacerlo me ayuda a mejorar mi dicción. Llámalo egoísmo solidario. Tecnológicamente no supone un desafío para mí y para bien o para mal, dispongo de tiempo libre, así que ¿por qué no?

Es un librazo. Repito. Es un librazo. No es casualidad que forme parte del listado de novelas imprescindibles de la Literatura universal. Lo ideal es escucharlo mientras se lee. Hay cuatro o cinco errores de esos casi inapreciables, pero nada que ver con el anterior. Obviamente no está todo lo bien que a mí me gustaría pero se acerca al 80%.

Para abrir boca, este es mi fragmento favorito:





Todavía faltan dos horas para que termine de exportar el vídeo que subiré a Youtube, como en el caso anterior.

A modo de anécdota, comparto los dos momentos de mayor dificultad durante la grabación:







jueves, 14 de julio de 2016

Guía de acentuación ortográfica básica y completísima (con tilde en la i)


escritura digital, ortografia, acentuación, reglas de acentuación


- "Había", ¿lleva tilde o no?
- Sí
- ¿Por qué?
- No...
- ¿Por qué?
- ...
- Esto no es como los políticos, aquí hay que argumentar las cosas.


Las circunstancias me han obligado a dar clases particulares. Por una parte, no hay trabajo contratos para los jóvenes; por otra parte, los más jóvenes tienden a suspender Lengua.

Está socialmente aceptado que quien es bueno en Matemáticas no lo es tanto en Lengua y viceversa. No estoy de acuerdo. Quizá éstas dos materias sean de las pocas asignaturas que dependen de lo que hayas aprendido durante los cursos anteriores. Con las Matemáticas se ve más claro: si no sabes sumar, te va a costar la vida multiplicar ¿no? Pues la ortografía es lo mismo:

  1. Si no sabes Si no te importa la diferencia entre acento (fónico) y tilde (acento gráfico) vas a pensar que todas las palabras llevan tilde y no vas a ser capaz de diferenciar la sílaba tónica (con acento) del resto de sílabas (átonas).

    Ejemplos: AAAgua; pEEErro; aviÓÓÓÓn

    TODAS las palabras llevan acento. ALGUNAS llevan tilde. 

    ¿Cuándo llevan tilde? Ahora lo vemos.

  2. Si no sabes Si no te importa cuáles son las vocales fuertes (A, E, O) y las débiles (I, U), no puedes saber lo que es un diptongo/triptongo o un hiato.

  3. Si no sabes Si no te importa lo que es un diptongo (dos vocales consecutivas siendo al menos una de ellas una vocal débil), un triptongo (una vocal fuerte custodiada por dos vocales débiles) o un hiato (dos fuertes o una fuerte acompañada de una débil con acento -Y TILDE-) no sabes cuántas sílabas tiene una palabra. No cuentan las vocales no sonoras (gue, gui, que, qui).

    Ejemplos:

    Diptongo: SA/via; a/gÜI/ta; ha/bi/CHUE/la, can/CN; mur/C/la/go; ciu/DAD; C/da/los; an/GUS/tia

    Triptongo (raruno): es/tu/DIÁIS; DIOI/co, lim/PIÁIS, GUAU

    Hiato (dos vocales fuertes): gol/PE/o;  gol/pe/Ó; a/É/re/o, a/ho/GAR, po/SE/e

    Hiato (con vocal fuerte y débil dopada por el acento fónico): ha/BÍ/a, RÍ/en, pa/ÍS, ma/Ú/lla

    En el último caso, hiatos con una vocal fuerte junto a una vocal débil con el acento fónico, SIEMPRE LLEVAN TILDE; ¿Por qué?
    Respuesta correcta: Para destruir el diptongo.

    Hay que entender que si no lo llevaran, lo lógico es poner el acento fónico en la vocal fuerte; por lo que se leería como PAAAAis, por ejemplo; o MAAAulla.

  4. Si no sabes Si no te importa si tiene o no tilde para destruir el diptongo, no puedes saber si hay que aplicar las reglas generales. Si ya lleva tilde has terminado. Sólo puede llevar una.

  5. Si no sabes Si no te importa cuántas sílabas tiene una palabra no puedes saber cuál es su sílaba tónica.

  6. Si no sabes Si no te importa cuál es la sílaba tónica, no puedes saber si una palabra es aguda (última sílaba), llana (penúltima sílaba), esdrújula (antepenúltima sílaba) o sobreesdrújula (sílabas anteriores).

    Reglas generales:

    Agudas: ¿Por qué llevan tilde?
    Respuesta correcta: Porque son agudas y terminan en vocal, "n" o "s"

    Ejemplo: ca/MIÓN

    Llanas: ¿Por qué llevan tilde?
    Respuesta correcta: Porque son llanas y NO terminan en vocal, "n" o "s"

    Ejemplo: ca/RÁC/teR

    Esdrújulas (y sobreesdrújulas): ¿Por qué llevan tilde?
    Respuesta correcta: Porque son esdrújulas. Todas las esdrújulas llevan tilde, incluida esdrújula.

    Ejemplo: ha/bi/TÁ/cu/lo

    ¿Claro? ¿Preciso? ¿Elegante? ¿Distinguido?

    Un último caso:

  7. Si es monosílaba (sólo tiene una sílaba), por regla general no llevan tilde (sol, mar, vio, guion...), a no ser que exista otro monosílabo homófono (que se pronuncia igual) que sea otro tipo de palabra distinto:

  8. Ejemplos:
    te (pronombre posesivo) - té (sustantivo que se bebe); 
    más (adverbio de avaricioso) - mas (conjunción -sustituible por pero-); 
    él (pronombre personal) - el (determinante artículo)
    ...

    Esto también ocurre con otras palabras que no son monosílabas.

    Por ejemplo:
    esta (determinante demostrativo) - está (verbo estar conjugado) - ésta (pronombre demostrativo)
    dónde (adverbio de interrogación) - donde (adverbio relativo) ... 
    ¿por qué "té" lleva tilde?
    Respuesta correcta: Porque es sustantivo y para diferenciarlo del pronombre "te", que no lleva; es decir, es una TILDE DIACRÍTICA. 

¿Breve? ¿Conciso? ¿Entendido?

Fácil, sencillo y para toda la familia.

Como decía mi profesor de Matemáticas de la ESO: "¿Dudas? Muchas, ¿preguntas?"

Me despido con la siguiente reflexión:

El móvil ha hecho mucho daño, y como hemos visto, el corrector tiene ciertas limitaciones, especialmente en lo referente a la tilde diacrítica. Las máquinas todavía son incapaces de contextualizar una palabra para determinar si en un caso se está usando como sustantivo o como verbo, por ejemplo. La única solución es leer. Leer mucho. Leer como si no hubiera mañana y escribir. Escribir como dedos descosidos, dudar, dudar, consultar y fiarse de la RAE. El idioma evoluciona constantemente y van cambiando las reglas ortográficas a medida que se van normalizando los errores y costumbres (sólo, éstas son algunos casos). Si está mal (todos nos equivocamos), ya podemos argumentar el porqué y/o echarle la culpa a alguien con autoridad.

Por último, que nuestros jóvenes y mayores no escriban bien no es culpa del profesor/a de Lengua. Si está mal escrito, está mal escrito, sea en un examen de Matemáticas, de Educación Física o de Teoría de la Comunicación Audiovisual. El seso hay que entrenarlo para la vida, no sólo hasta el final de la educación obligatoria.



Como escribí hace tiempo: no leer es una estupidez propia de analfabetos.

miércoles, 13 de julio de 2016

Chōjū-jinbutsu-giga




No es ninguna novedad mi fanatismo por Hayao Miyazaki en concreto y el estudio Ghibli en general. Comparto con vosotros un corto basado en las Chōjū-jinbutsu-giga (Caricaturas de animales antropomorfos), una serie de dibujos del siglo XII que se consideran los primeros acercamientos al manga de la Historia.

Dibujos simples de conejos, monos, sapos y ratones que en su día eran protagonistas de críticas a la sociedad. Una delicia.

Carlos Martinez Rivas


De La insurrección solitaria (1953)

La Insurrección Solitaria


I


La Juventud no tiene donde reclinar la cabeza.
Su pecho es como el mar.
Como el mar que no duerme de día ni de noche.

Lo que está en formación
y no agrupado como la madurez.

Como el mar que en la noche
cuando la tierra duerme como un tronco
da vueltas en su lecho.

Solo.
Retirado a mi tos.
Desde mi lecho que gruñe oigo correr el agua.
Toda el agua que se oye pasar de noche bajo los lechos.
Bajo los puentes.

Las aves del cielo tienen sus nidos. Nidos curiosísimos.
Los zorros y las raposas tienen alegres madrigueras donde hacen de todo.

La juventud no tiene donde apoyar la cabeza.

Y rompe a hablar. A hablar. Toda la tarde
se la pasó el joven hablando delante de la mujer enorme.
Dejándola para mañana se le pasa la vida.

Y en la Pinacoteca de Munich, bajo el gran hongo, a la afable

sombra de los Viejos Maestros, o en la olla del placer,
derramando en el suelo su futuro
dice a su juventud, a su divino
tesoro dícele: -Sólo espero
que pases para servirme de ti.
Y aprender a sentarse.
Empezar a tener una cara.

Lo que hizo Míster Carlyle, el dispéptico.
Lo que hicieron Don Pío Baroja y su boina.
O Emerson (“…una fisonomía bien acabada es
el verdadero y único fin de la Cultura”).
Y todos los otros Octogenarios,
los que no escamotearon su destino:
el propio, el que vuelve al hombre rocín
y acaba sólo gafas, hocico, terco bigote individual.

Los que llegaron hasta el final
y zanjaron el asunto y merecieron
un retrato en su viejo sillón rojo
calvo ya como ellos y hermoso.

Sentados para siempre. Fotogénicos.
Idénticos a su celebridad. Fijos los ojos
como si por encima del vano afanarse de la tribu
lo logrado miraran. ¡Lo logrado!

¿Lo logrado?

¿Y si fuera otra cara la verdadera y no ésta
sino la otra, la mal hecha, la que no se parece
y es distinta cada vez? La del Hombre
del Trapo en la Cabeza, el que se cortó
la oreja con una navaja de afeitar
para dársela a la menuda prostituta?

Pero él fue solamente un pintor. Uno
entre los otros espantapájaros, minúsculos
en medio del gran viento que choca contra el cielo,
empeñados en añadir un paso más a la larga cadena.
Ocupados en cambiar la Naturaleza, como las estaciones.
Rehaciendo y contrahaciendo el rostro del mundo. El rostro
del vasto mundo plástico, supermodelado y vacío.

II


Aludo a,
trato de denunciar
algo sin un significado cabal pero obcecado en su evidencia:

el árbol con piel de caimán.
La esponja con cara de queso de Gruyère,
y viceversa.
El viejo de la esquina, el que vende cordones para zapatos,
peludo de orejas, animal raro,
Nabucodonosor amansado.
Una lora en su estaca moviéndose
peculiarmente. Mostrándonos su ojo
viejo, redondo, lateral.
Los moluscos, temblorosa vida
en la canasta que contemplan
tan serios el niño y la niña.
El perro en la cantina, debajo de su mesa favorita,
temible a causa de su bozal.
Un par de hombres solitarios bañando un caballo
con un cepillo grande a la orilla del mar
en una perdida costa pequeña y abrupta.
Los grandes bueyes lentos de fuerza y peso,
cargados de su propio poder, y los caballos
pastando con sus cuellos inclinados igual que las colinas…

Todo incomprensible (en apariencia) o idílico, pero inasistido,
no azotado por el error, vivo dentro de un cero
en la impotencia de lo sólo evidente.

El mundo plástico, supermodelado y vacío.

Como un infierno ocioso,
abandonado por los demonios,
condenado a la paz.

III


Pues si esta noche el alma.
Si esta noche quisiera el alma hundirse
en la infamia o la ira
hasta el fondo, hasta que el pulgar del pie
brille contra la roca en la tiniebla
del agua; y desde allí
intentara una vez más
bracear, cerrar los ojos,
hundirse aun más hondo, no podría.

La ola de la Tontería, la ola
tumultuosa de los tontos, la ola
atestada y vacía de los tontos
rodeádola ha, hala atrapado.

Inclinada sobre el idioma, sobre
el pastel de ciruelas, lo consume
y consúmese ella disertando.
Y danza. Pero no al son del adufe,
sí del castañeteo de los dientes
que agitados por el rencor y el miedo
producen un curioso tintineo.

Al son del ¡sún-sún! de la calavera.

Y súbito el recuerdo del hogar.
De pronto, como una espiga ardiente.
Como el sonido de un clarín de niño
en la traición, en las traiciones de las
que sólo el olvido nos defiende:
sólo otra traición del corazón
nos defiende. Y el pecado futuro,
ya en acción, zumbando desde lejos,
desde antes sabido, realizado y ceniza.

Hoyo, humo y ceniza. Es el desierto.
El sol huero, la arena y la pequeña
mata de llamas. A lo lejos, la nube
abstracta sobre la colina ocre.

Un pájaro atraviesa la tarde de borde a borde.

Una hoja seca araña el techo de zinc.

Un grifo vierte el tedio.

-Pero conocí una dama.

IV


Sola en principio y decastada
como un águila. El águila
de Zeuz en el exilio, de
paso entre nosotros. El ruido
de sus garras sobre la mesa
y el ojo perspicaz. El ojo
que sólo ve, sin opiniones.

Así el suyo. Como el ojo
del ave: sin respuesta, puro
de voluntad óptica. Ojos
duros, pequeños y desiertos
delante de la ilimitada
extensión del yo varonil.

Rostro intemporal, zoológico.
Lleno de fanatismo, pero
frío, sutil, no sometido,
como escarabajo o bala

Civilizaciones la han hecho.
Muchas estirpes habrán sido
necesarias delante de ella
como delante de los frutos
soles y siglos. Una hilera
de siglos como grandes filtros
para que al fin cayera -gota
pura- entre las fuentes públicas
y los hábitos de su raza.

No la driada de los bosques
ni oréade, breve de seno,
oliendo el aire. No trirreme
a la luz de las olas. Ni algo
que el pueblo de Francia advertía.

Ni tocador lleno de dijes
fríos, colgantes como lluvia,
y revólveres relucientes
que enseñáronme tanto sobre
la naturales secreta
del níquel y el por qué las uñas
y lo dentado.

Pero sí
algo que entró en el cielo excluído
de lo suficiente. Si algo
con la lógica de lo simple,
la forzosidad de lo perfecto,
la inteligibilidad
de lo necesario.

Ileso
eso se mueve en la tercera
rueda, nosotros aquí abajo
enronquecemos discutiendo.

Sin vacilaciones ni sombras.
Todo respuesta que el enigma
vano de la blancura oculta
y suplanta, el pecho ofrece
un fondo al rayo de la mano.

Tras la aislada frente monótona
(donde ensordece el apagado
barullo del mundo invisible)
se abre el perla, absorto, cóncavo
día solo de una mujer.

Es el interior de la concha.
La Nada femenina. Allí,
aun sin aletas y sin ojos
un caos se defiende, más
cerca del huevo que del pez.

Mordiente sol, limón de oro,
virginidad aceda. Es
la mujer, golpeando, matando
con su pico al hombre cálido.
Su pico de vidrio. El de hielo.

Púdica, insípida y hostil
con la terquedad espantable
y pacífica de la luz.

La Nada femenina. Sola
ante lo último, lo límpido
donde lo resistente es nácar.

Piedra vestida por la sombra
y desnudada por el sol.

1949-50 -18, Rue Cassette, París





Más recursos

Carlos Martínez Rivas ¿poeta maldito?
A propósito de un premio de poesía
Homenaje en el VIII Festival Internacional de poesía de Granada
Los poemas reunidos de Carlos Martínez Rivas

lunes, 11 de julio de 2016

Escribid


Escribid malditos

Ahora tienes que decirlo,
bien alto y bien claro.
Decirlo bien, nada de susurros
de altavoz descabezado.
Como tú sabes. Ya saben
de lo que eres capaz
cuando te escondes.

Acuérdate de la fuente,
agárrate al pasado y surge
como un árbol inesperado.

Acuérdate de nosotros,
de los que ya no estamos.

Tienes fracturas pendientes
con la justicia. Crecer
por las cuestas del ocaso,
¿hay segunda vez acaso?

No puedes quitar una coma
sin quitarte de en medio.
Busca la verdad como un verbo
en el diccionario de antónimos.

Estás harto. Ellos esperan
y tú; no avanzamos. Te lanzas al vacío,
a la red blanca que imaginas en el pozo,
la líquida seguridad de los años.

Humanos del mundo, escribíos.
Escribid vuestro nombre de futuro
en otros ojos.
Mirad lejos del nosotros.
Mirad distinto.
Mirad impresionismo.
Mirad abstracto.
Dejad de miraros entre vosotros
señalando al loco.

Escribid, malditos. Escribid
mientras podáis sujetaros
con tres dedos la esperanza.

Escribid bien, alto y claro.





Fotografía de Ana Prieto

miércoles, 6 de julio de 2016

Thomas Stearns Eliot



III. The Fire Sermon

The river’s tent is broken: the last fingers of leaf
Clutch and sink into the wet bank. The wind
Crosses the brown land, unheard. The nymphs are departed.
Sweet Thames, run softly, till I end my song.
The river bears no empty bottles, sandwich papers,
Silk handkerchiefs, cardboard boxes, cigarette ends
Or other testimony of summer nights. The nymphs are departed.
And their friends, the loitering heirs of city directors;
Departed, have left no addresses.
By the waters of Leman I sat down and wept . . .
Sweet Thames, run softly till I end my song,
Sweet Thames, run softly, for I speak not loud or long.
But at my back in a cold blast I hear
The rattle of the bones, and chuckle spread from ear to ear.

A rat crept softly through the vegetation
Dragging its slimy belly on the bank
While I was fishing in the dull canal
On a winter evening round behind the gashouse
Musing upon the king my brother’s wreck
And on the king my father’s death before him.
White bodies naked on the low damp ground
And bones cast in a little low dry garret,
Rattled by the rat’s foot only, year to year.
But at my back from time to time I hear
The sound of horns and motors, which shall bring
Sweeney to Mrs. Porter in the spring.
O the moon shone bright on Mrs. Porter
And on her daughter
They wash their feet in soda water
Et O ces voix d’enfants, chantant dans la coupole!

Twit twit twit
Jug jug jug jug jug jug
So rudely forc’d.
Tereu

Unreal City
Under the brown fog of a winter noon
Mr. Eugenides, the Smyrna merchant
Unshaven, with a pocket full of currants
C.i.f. London: documents at sight,
Asked me in demotic French
To luncheon at the Cannon Street Hotel
Followed by a weekend at the Metropole.

At the violet hour, when the eyes and back
Turn upward from the desk, when the human engine waits
Like a taxi throbbing waiting,
I Tiresias, though blind, throbbing between two lives,
Old man with wrinkled female breasts, can see
At the violet hour, the evening hour that strives
Homeward, and brings the sailor home from sea,
The typist home at teatime, clears her breakfast, lights
Her stove, and lays out food in tins.
Out of the window perilously spread
Her drying combinations touched by the sun’s last rays,
On the divan are piled (at night her bed)
Stockings, slippers, camisoles, and stays.
I Tiresias, old man with wrinkled dugs
Perceived the scene, and foretold the rest—
I too awaited the expected guest.
He, the young man carbuncular, arrives,
A small house agent’s clerk, with one bold stare,
One of the low on whom assurance sits
As a silk hat on a Bradford millionaire.
The time is now propitious, as he guesses,
The meal is ended, she is bored and tired,
Endeavours to engage her in caresses
Which still are unreproved, if undesired.
Flushed and decided, he assaults at once;
Exploring hands encounter no defence;
His vanity requires no response,
And makes a welcome of indifference.
(And I Tiresias have foresuffered all
Enacted on this same divan or bed;
I who have sat by Thebes below the wall
And walked among the lowest of the dead.)
Bestows one final patronising kiss,
And gropes his way, finding the stairs unlit . . .

She turns and looks a moment in the glass,
Hardly aware of her departed lover;
Her brain allows one half-formed thought to pass:
“Well now that’s done: and I’m glad it’s over.”
When lovely woman stoops to folly and
Paces about her room again, alone,
She smoothes her hair with automatic hand,
And puts a record on the gramophone.

“This music crept by me upon the waters”
And along the Strand, up Queen Victoria Street.
O City city, I can sometimes hear
Beside a public bar in Lower Thames Street,
The pleasant whining of a mandoline
And a clatter and a chatter from within
Where fishmen lounge at noon: where the walls
Of Magnus Martyr hold
Inexplicable splendour of Ionian white and gold.

               The river sweats
               Oil and tar
               The barges drift
               With the turning tide
               Red sails
               Wide
               To leeward, swing on the heavy spar.
               The barges wash
               Drifting logs
               Down Greenwich reach
               Past the Isle of Dogs.
                                 Weialala leia
                                 Wallala leialala

               Elizabeth and Leicester
               Beating oars
               The stern was formed
               A gilded shell
               Red and gold
               The brisk swell
               Rippled both shores
               Southwest wind
               Carried down stream
               The peal of bells
               White towers
                                Weialala leia
                                Wallala leialala

“Trams and dusty trees.
Highbury bore me. Richmond and Kew
Undid me. By Richmond I raised my knees
Supine on the floor of a narrow canoe.”

“My feet are at Moorgate, and my heart
Under my feet. After the event
He wept. He promised a ‘new start.’
I made no comment. What should I resent?”

“On Margate Sands.
I can connect
Nothing with nothing.
The broken fingernails of dirty hands.
My people humble people who expect
Nothing.”
                       la la

To Carthage then I came

Burning burning burning burning
O Lord Thou pluckest me out
O Lord Thou pluckest

burning






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III. El sermón del fuego [39]

El dosel del río se ha roto; los últimos dedos de follaje
tratan de agarrarse y se hunden en la orilla húmeda. El viento
atraviesa desoído la tierra parda. Las ninfas se han ido.
Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe[40].
El río ya no lleva botellas vacías, papel de bocadillo,
pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas
ni otros testigos de noches de verano. Las ninfas se han ido.
Y sus amigos, vagos herederos de ejecutivos de la City[41]
—se han ido y no han dejado señas.
En la orilla del Leman me senté y lloré[42]…
Fluye suave, dulce Támesis, hasta que mi canción acabe,
fluye suave, dulce Támesis, pues no hablo alto ni extenso.
Pero a mi espalda en un golpe frío oigo[43]
un estallido de risa muda y la percusión de huesos.

Una rata se deslizó en la vegetación
fregando el vientre viscoso en la orilla
mientras estaba yo pescando en el canal sombrío
una tarde de invierno ahí tras la fábrica de gas
pensando en el naufragio de mi hermano el rey
y en la muerte de mi padre el rey antes de él[44].
Blancos cuerpos desnudos en el suelo bajo y húmedo
y huesos echados en un desván seco y exiguo
cada año revueltos por pasos de rata tan solo.
Pero a mi espalda de vez en cuando oigo[45]
el fragor de bocinas y motores, que en primavera[46]
llevarán a Sweeney[47] con Mrs. Porter.
Cómo brillaba la luna en Mrs. Porter[48]
y en su hija
los pies se lavaban con agua de soda
Et O ces voix d’enfants, chantant dans la coupole[49]!

Twit twit twit[50]
Yag yag yag yag yag yag
Tan brutalmente forzada.
Tereo

Ciudad irreal
bajo la neblina sepia de un mediodía de invierno
Mr. Eugenides, el mercader de Esmirna
sin afeitar, con un bolsillo lleno de pasas[51]
(C.i.f[52]. Londres: documentos a la vista),
me propuso en un francés demótico
comer en el Cannon Street Hotel
y pasar luego un fin de semana en el Metropole.

En la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se levantan de la mesa, cuando el motor humano aguarda
como un taxi resollando en espera,
yo, Tiresias, aunque ciego, resollando entre dos vidas[53],
viejo con arrugados pechos de mujer, puedo ver,
en la hora violeta, la hora del atardecer que se afana
hacia casa, y a casa devuelve del mar al marinero[54],
a casa la secretaria para el té, que prepara el desayuno, enciende
el fogón y saca comida enlatada.
En la ventana se tienden peligrosas
sus combinaciones, secándose con el último sol,
se apilan en el diván (cama, de noche)
medias, zapatillas, camisas y sujetadores.
Yo, Tiresias, viejo de arrugadas tetas,
contemplé la escena y predije el resto
—aguardaba también al huésped anunciado.
Él, joven forunculoso, llega,
empleado de una pequeña agencia, con mirada altiva,
uno de esos advenedizos tan arrogantes
como un sombrero de copa en un nuevo rico de Bradford.
El momento es ya propicio, imagina,
la cena terminada, ella aburrida y cansada,
intenta atraerla con caricias
que si bien no desea, aún no rechaza.
Sofocado y decidido, se abalanza de golpe;
las manos exploran sin obstáculo,
su vanidad no requiere respuesta
y acepta con gusto la indiferencia.
(Y yo Tiresias todo lo he sufrido de antemano,
todo lo ocurrido en esta cama o diván,
yo que me senté a los pies del muro de Tebas
y caminé entre los muertos más profundos).
Concede un último e indulgente beso,
busca a tientas la puerta, no hay luz en el rellano…

Ella se vuelve y se mira un momento en el espejo,
apenas consciente del amante que se aleja;
su mente consiente medio pensamiento:
«Bueno, ya está: me alegro de que haya pasado».
Cuando bella mujer pierde la cabeza[55]
y pasea luego por su cuarto a solas,
se alisa el pelo sin darse cuenta
y pone un disco en la gramola.

«Me seguía esa música sobre las aguas[56]»
y a lo largo del Strand, Queen Victoria Street arriba.
Oh, ciudad, ciudad, oigo a veces
al lado de un pub en Lower Thames Street
el dulce lamento de una mandolina
y el ruido y la cháchara adentro
donde los pescaderos se distraen a mediodía: donde los muros
de Magnus Martyr albergan[57]
un misterioso esplendor de jónicos blanco y oro.

                        El río suda[58]
                        aceite y brea
                        las barcas derivan
                        con el cambio de marea
                        velas rojas
                        grandes
                        a sotavento, ríen en el mástil.
                        Las barcas barren
                        troncos flotantes
                        Greenwich Reach abajo
                        la Isle of Dogs pasada.
                                     Weialala leia
                                     Wallala leialala

                        Elizabeth y Leicester[59]
                        batiendo remos
                        la popa formaba
                        una concha dorada
                        rojo y oro
                        el agua picada
                        en las ribas olea
                        viento del sudoeste
                        corriente abajo engolfaba
                        el repique de campanas
                        torres blancas
                                               Weialala leia
                                               Wallala leialala

«Tranvías y sucias ramas.
Highbury me alumbró. Richmond and Kew[60]
me deshizo. En Richmond me alcé de rodillas
supina en el fondo de una estrecha canoa».

«Tengo los pies en Moorgate y el corazón
bajo los pies. Tras el suceso
él lloró y prometió “un nuevo comienzo”.
No hice ningún comentario. ¿A qué reprochárselo?»
«En Margate Sands.
No puedo conectar
nada con nada.
Las uñas rotas de manos sucias.
Mi gente sencilla gente que no espera
nada».
         la la

Vine entonces a Cartago[61]

Ardiendo ardiendo ardiendo ardiendo[62]
Oh Señor tú me arrancas[63]
Oh Señor tú arrancas

Ardiendo







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[40] Véase Spenser, «Prothalamion». (N. del A.)
Eliot concreta el origen de este verso en el «Prothalamion» (1596) del poeta isabelino Edmund Spenser (1552-1599), un epitalamio —un canto nupcial— donde se reitera «Sweet Themmes run softly, till I end my Song» («Dulce Támesis, fluye suave, hasta que mi canción acabe.»).

[41] La City es el distrito financiero de Londres, de ahí que deje la denominación original.

[42] Probablemente un eco del Salmo 137:
junto a los ríos de Babel
estábamos sentados y llorando, recordando a Sión.

[43] Según indica Eliot en su nota al verso 196, esta imagen procede del poema «To His Coy Mistress» («A su recatada amante») del poeta metafísico Andrew Marvell:
But at my back I always hear
Time’s winged charriot hurrying near.

Que puede traducirse como:
Tero a mi espalda no dejo de oír
cómo el alado carro del tiempo acecha.

[44] Compárese con La tempestad, I, ii. (N. del A.)
Eliot señala de nuevo La tempestad, ahora el momento en que Fernando (I, ii, 388-393) oye por primera vez las canciones de Ariel y piensa en el naufragio de su padre Alonso, rey de Nápoles:
Where should this music be? I’ the’air or th’ earth?
It sounds no more; and sure it waits upon
Some god o’ th’ island. Sitting on a bank,
Weeping again the King my father’s wrack
This music crept by me upon the waters,
Allaying both their fury and my passion
With its sweet air.

Doy la versión de Marcelo Cohen y Graciela Speranza en Shakespeare, Obra completa IV, Romances, Debolsillo, Barcelona, 2012, p. 621:
¿De dónde viene esta música? ¿De la tierra
o el aire? No se oye más; y seguramente sirve
a un dios de la isla. Sentado en un ribazo,
llorando el naufragio de mi padre, el rey,
esta música onduló por las olas hasta mí,
mitigando a un tiempo con dulzura
su furia y mi pasión.

[45] Compárese con Marvell, «Το His Coy Mistress». (N. del A.)

[46] Compárese con Day, Parliament of Bees:
Cuando atento escuches de pronto
un ruido de cuernos y caza, que traerá
a Acteon con Diana en primavera,
cuando todos verán su piel desnuda…(N. del A.)
En su nota a este verso, Eliot nos remite al poema The Parliament of Bees (El parlamento de las abejas, 1641) del poeta isabelino John Day (1574-1640).

[47] Sweeney es uno de los personajes cómico-sórdidos, habitual de los prostíbulos, de la poesía anterior de Eliot, en concreto aparece en «Sweeney Erect» y «Sweeney Among the Nightingales» (Poems, 1920, un libro intermedio entre Prufrock y La tierra baldía). Aquí la relación de Sweeney con Mrs. Porter, probablemente dueña de un prostíbulo, parece una actualización irónica del mito de Diana y Acteón, aludido en el poema de Day. Acteón espió a Diana cuando se bañaba desnuda en un bosque y, como castigo, la diosa lo convirtió en ciervo y lo persiguió con una jauría de perros hasta despedazarlo. Lo cuenta Ovidio en las Metamorfosis (III, 198-252). 

[48] No conozco el origen de la balada de la que proceden estos versos: me la refirieron como procedente de Sidney, Australia. (N. del A.) 

[49] Véase Verlaine, Parsifal (N. del A.)
Como indica Eliot, se trata del último verso del soneto de Paul Verlaine titulado «Parsifal» (1886) y se puede traducir como: «Ah y esas voces de niños cantando bajo la cúpula».
El poema hace referencia a Parsifal (1882), la ópera de Richard Wagner basada en el poema épico de Wolfram von Eschenbach sobre el mito artúrico del caballero Perceval y el Rey Pescador. Véase al respecto la nota sobre el título del poema.

[50] Eliot vuelve a recordar el canto del ruiseñor y la violación de Filomela. El término inglés twit, que se refiere al piar o al gorjeo de un ave, está suficientemente extendido en nuestra época como para tener que traducirlo por un embarazoso «pío pío» o «chui chui». 

[51] El precio de las pasas incluía «coste, seguro y transporte hasta Londres»; y el conocimiento de embarque, etcétera, se daba al comprador después del pago de un giro a la vista. (N. del A.) 

[52] C.i.f. es el acrónimo inglés de «cost, insurance and freight» (coste, seguro y cargamento), utilizado para el transporte de bienes.

[53] Tiresias, aunque es un mero espectador y no propiamente un protagonista, es no obstante el personaje más importante del poema y el que vertebra a todos los demás. Del mismo modo que el mercader tuerto, vendedor de pasas, se confunde con el marinero fenicio, y éste no se diferencia del todo de Fernando, príncipe de Nápoles, todas las mujeres son una sola mujer y ambos sexos se reúnen en Tiresias. Lo que ve Tiresias es, de hecho, la sustancia del poema. El pasaje entero de Ovidio tiene un gran interés antropológico:
… Cum lunone iocos et «maior vestra prefecto est
Quarn quae contingit maribus», dixisse, «voluptas».
Illa negat; placuit quae sit sententia docti
Quarere Tiresiae: Venus huic erat utraque nota.
Nam dúo magnorum viridi coeuntia silva
Corpora serpentum baculi violaverat ictu
Deque viro factus, mirabile, femina septem
Egerat autumnos; octavo rursus eosdem
Vidit et «est vestrae si tanta potentia plagae»,
Dixit «ut auctoris sortem in contraria mutet,
Nunc quoque vos feriam!» percussis anguibus isdem
Forma prior rediit genetivaque venit imago.
Arbiter hic igitur sumptus de lite iocosa
Dicta lovis firmat; gravius Saturnia iusto
Nec pro materia fertur doluisse suique
ludicis aeterna damnavit lumina nocte,
At pater omnipotens (neque enim licet imita cuiquam
Facta deifecisse deo) pro lumine adempto
Scire futura dedit poenamque levavit honore. (N. del A.)
Según quiere la leyenda, un día Tiresias vio a unas serpientes apareándose, las golpeó para apartarlas y de pronto se convirtió en mujer. Siete años más tarde hizo lo mismo con otras serpientes y volvió a ser un varón. Al haber encarnado los dos sexos, fue solicitado para mediar en una discusión entre Hera y Zeus —Juno y Jove en Roma— acerca de quién gozaba más, si el hombre o la mujer. Tiresias contestó que la mujer sentía mucho más placer. Hera, indignada, le dejó ciego, pero Zeus le compensó otorgándole el don de la profecía. Desde entonces, Tiresias es un mediador entre los sexos, entre dioses y hombres y entre muertos y vivos.
En su nota, Eliot da la versión de Ovidio en las Metamorfosis (III, 316-338), que podemos traducir así:
… divirtiéndose con juno: «Vuestro placer es mayor
que el que sentimos nosotros los varones», le dijo.
Ella lo niega y acuerdan pedir el juicio al docto
Tiresias, conocedor de una y otra Venus.
Pues había visto a dos grandes serpientes acopladas
en el bosque y con el bastón las golpeó
y, oh maravilla, de hombre se hizo mujer
durante siete otoños, al octavo las volvió a ver
y dijo: «Si es tanta la fuerza de vuestro poder
como para revertir la suerte del ejecutor,
ahora también os hiero». Golpeadas las serpientes,
recuperó la forma primera y cobró la imagen nativa.
Elegido pues como árbitro de la lid jocosa,
aprueba lo dicho por Jove; demasiado se dolió Saturnia
y fuera de medida condenó al juez a una noche eterna.
El padre omnipotente (no siendo lícito que los hechos
de un dios los deshaga otro) por la luz perdida
le da la visión del futuro y con la gloria alivia la pena.

[54] Quizás esto no corresponda exactamente a los versos de Safo, pero yo tenía en mente al pescador de bajura o de bote que regresa al anochecer. (N. del A.)
En su nota, Elíot se refiere a un fragmento (104.a L-P) de Safo. Doy la versión de Joan Ferraté en Líricos griegos arcaicos, Barcelona, Seix Barral, 1968:
Estrella de la tarde, que a casa
llevas cuanto dispersó la Aurora clara:
llevas a casa a la oveja,
llevas a casa a la cabra,
y de la madre a la hija separas.
Puestos a encontrar asociaciones, hay también en esos versos algo que recuerda al final del poema «Requiem» (1887) de Robert Louis Stevenson:
Here he lies where he longed to be;
Home is the sailor, home from the sea,
And the hunter home from the hill.
Yace aquí donde quería estar;
vuelve a casa el marinero, a casa del mar
y a casa vuelve el cazador de la colina.

[55] Véase Goldsmith, la canción en El vicario de Wakefield. (N. del A.) Eliot nos remite a una canción que sale en El vicario de Wakefield (1762), la novela de Oliver Goldsmith (1730-1774):
When lovely woman stoops to folly,
And finds too late that men betray,
What charm can soothe her melancholy
What art can wash her guilt away?

[Cuando bella mujer pierde la cabeza
y tarde sabe que los hombres traicionan,
¿qué magia puede calmar su tristeza,
qué arte puede lavar su culpa?]
En la traducción, he intentado mantener ese giro irónico hacia la canción que el oído detecta en el original inglés.

[56] Véanse las notas a los versos 191-192. 

[57] El interior de Saint Magnus Martyr es a mi juicio uno de los mejores interiores de Wren. Véase The Proposed Demolition of Nineteen City Churches (P. S. King & Son Ltd.). (N. del A.)
Sir Christopher Wren (1632-1723) fue un arquitecto y científico inglés, recordado sobre todo por su trabajo de reconstrucción de muchas iglesias de Londres tras el gran incendio de 1666, entre ellas la de Saint Magnus Martyr.

[58] La canción de las (tres) hijas del Támesis empieza aquí. Desde el verso 292 hasta el 306 incluido hablan por turnos. Véase Götterdämmerung, III, i: las hijas del Rin. (N. del A.)
Según dice Eliot en su nota, éstas son las canciones de las tres hijas del Támesis, que no sabemos quiénes son y que el propio Eliot compara con las ondinas de El crepúsculo de los dioses (1876) de Richard Wagner, cuyo canto es ese «weialala leía» que se repite en estos versos.

[59] Véase Froude, Elizabeth, vol. I, cap. IV, carta de De Quadra al rey Felipe de España:
Por la tarde estábamos en un barca, mirando los juegos en el río. [La reina] estaba sola con lord Robert y conmigo en la popa, cuando empezaron a decir tonterías, hasta tal punto que lord Robert al fin dijo que, puesto que yo estaba ahí, no había ninguna razón para que no se casaran si a la reina le placía. (N. del A.)
La obra a la que hace referencia Eliot en su nota es History of England from the Fall of Wolsey to the Death of Elizabeth (Historia de Inglaterra desde la caída de Wolsey hasta la muerte de Isabel, 1856-1870) del historiador James Anthony Froude (1818-1894), en concreto al volumen titulado Reign of Elizabeth (Reinado de Isabel, 1863). Se trata de la reina Isabel I Tudor (1533-1603), llamada la reina virgen porque nunca se casó. Uno de sus muchos pretendientes fue Robert Dudley, primer conde de Leicester.

[60] Compárese con Purgatorio, v. 133:
Ricorditi di me, che son la Pia;
Siena mi fe’, disfecemi Maremma.(N. del A.)
Eliot nos remite de nuevo a Dante, al canto V del Purgatorio (vv. 130-136), a un célebre parlamento de una mujer llamada Pia dei Tolomei, a quien su marido, en el sur de la Toscana, encarceló, torturó y envenenó:
«Deh, quando tu sarai tornato al mondo,
e riposato della lunga via»,
seguitó il terzo spirito al secondo,
«ricorditi di me che son la Pia:
Siena mi fé; disfecemi Maremma:
salsi colui che ’nnanellata pria
disposando m’avea con la sua gemma».

Que podemos traducir como:
[«Cuando hayas vuelto al mundo
y descansado del largo viaje»,
siguió el tercer espíritu al segundo,
«acuérdate de mí que soy Pia:
Sienna me alumbró, me deshizo Maremma,
lo sabe aquel que me desposó
anillándome con su gema».]

[61] Véase san Agustín, Confesiones: «Vine entonces a Cartago, donde un hervidero de amores profanos me cantaba en los oídos». (N. del A.)
El pasaje de las Confesiones de san Agustín que cita aquí Eliot (III, i, I) trata básicamente sobre la satisfacción del deseo sexual.

[62] El texto completo del Sermón del Fuego de Buda (que equivale en importancia al Sermón de la Montaña) del que provienen estas palabras, está traducido en el libro del difunto Henry Clarke Warren Buddhism in Translation (Harvard Oriental Series). Mr. Warren fue uno de los grandes pioneros del estudio del budismo en Occidente. (N. del A.)
Eliot cita El Sermón del Fuego de Buda según la versión inglesa de Henry Clarke Warren (1854-1899) en Buddhism in Translation (Budismo en traducción, Cambridge, Harvard University Press, 1896). 

[63] Otra vez de las Confesiones de san Agustín. La ubicación de estos dos representantes del ascetismo oriental y occidental, así como la culminación de esta parte del poema, no es casual. (N. del A.)





martes, 5 de julio de 2016

Gonzalo Rojas

De Contra la muerte (1964)

¿Qué se ama cuando se ama?


¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.







Poesía en voz de Gonzalo Rojas



Entrevista (1999)



Predisculpa


La suela de los zapatos


Mis poetas favoritos
son niños de madurez impredecible
o
vejestorios resucitando dotes de infante;

yo
no sé
lo siento

este ser externo,
aquel eterno crío
escribe para sí mismo
de viejo,
si es que acaso sobrevive.
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall