jueves, 3 de mayo de 2018


Sin título

Rondan cobardía y sus esferas
de cascabel amarillo, de niebla melánica
quebrando, quebrando, quebranto.
No me veo. Las manos zarzas derretidas,
ojos sucios desde dentro, rodillas ajadas
sobre tierra yerma y ahuecadas.
Vienen, vienen cabezas rotundas
a la fría, a la agria, amarga
y no veo a este lado más que afilada la nube
hasta la garganta, el hueso, la carraca
la carraca de la desfigurada y el arrebato
y el trueno mudo y la angustia calva
y la celosía adusta y la faja en la boca temprana.
Estacas sobre estacas sobre estacas
cuñas sobre cuñas como uñas clavos
en el alba sobre el alba como el alba
las ratas como zorros y garras
ahelean la ceniza bajo el fuego tórrido sierpe
putrefacta hora ciénaga agotada
jadeante aurora sin escapatoria, carretera, carretera
apagada la vela preciosa, la mimbre de lo bendito
hijo de puta, la desastre, la maldita, la rincón
del agujero de deshonra vergüenza y triste, tristeza
del agujero negro de piernas esclavas corazón
traviesa coja, paloma, corre pero no huye, huye pero está,
está pero huye, el cuerpo pero queda, el alma pero escampa.

Universalismo

“La medida del universalismo de Whitman hay que verla en dos planos. En primer lugar, el bardo americano se dirige a todos los hombres por igual. En segundo lugar, lo que dice de sí mismo y de su país -cabría afirmar con Kierkegaard- puede aplicarse a la humanidad entera. Es difícil no descubrirnos a nosotros mismos leyendo a Whitman; es imposible -por decirlo con frase de Ortega- que el gran poeta no nos plagie. Y esto, precisamente, levanta en el lector un gozo íntimo: el placer de saberse unido con el Hombre por el cordón umbilical de las experiencias no dichas hasta ahora. ¡Escuchar por fin la canción que no ha sido aún cantada! El placer de entendernos mejor gracias a las palabras con las que otro expresa lo que nosotros no sabemos decir.”



Extraído del prólogo “Walt Whitman, el poeta y su obra”, por Enrique López Castellón; 
del libro Hijos de Adán y Cálamo (dos partes de Hojas de hierba)
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall