jueves, 23 de diciembre de 2010

Penúltimo

¿Cuál será mi último verso?
Cualquiera menos el siguiente.

Miguel de Unamuno

Morir soñando

Au fait, se disait-il a lui-même, il parait que
mon destin est de mourir en rêvant.

«La tranquillité»)


Morir soñando, sí, mas si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vacío; no soñar; nirvana;
del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?

¿Soñar la muerte no es matar el sueño?
¿Vivir el sueño no es matar la vida?
¿A qué poner en ello tanto empeño?:

¿aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno Dueño?



Último poema de Miguel de Unamuno, autor de Niebla,
escrito el 28 de diciembre (día de los Inocentes) de 1936,
tres días antes de su muerte.




«El universo visible es una metáfora del invisible, del alma, aunque nos parezca al revés»

«al morir quisiera, ya que tengo alguna ambición, que dijesen de mí: ¡fue todo un poeta!»

«tengo la flaqueza de creer que o soy poeta o no soy nada»

Aunque contextualicemos la poesía unamuniana dentro de la poesía simbolista española de principios de siglo, su enorme individualidad y originalidad confirma la afirmación de Rubén Darío de que «no hay escuelas; hay poetas».




Miguel de Unamuno, Poeta Simbolista

Ojeras

"Con esa cara, o has estado bebiendo o fumando porros toda la noche."

(6 euros de presupuesto, han sobrado 2)


(No hay nada que entender)

- ¿Qué estuviste haciendo anoche?
- Me quedé en la casa de un amigo jugando al ordenador.
- ¿Seguro que no te quedaste con alguna amiga?
- No.
- Pues entonces muy mal.

© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall