sábado, 31 de octubre de 2015

Crecer


Por ella

Tengo que ir.

Todavía no he ido.

Tengo que ir pronto.

Enfrentarme solo
a su espacio fértil
amplio como un silencio
y sonreír agradecido
a su palabra de tierra.

Estar.

Estar con ella.

Quedar con el significado que guardo
detrás de su fotografía. Quedar
en mi memoria
con ella plena.

Tengo que ir
a ver cómo está.

Comprobar si late
todavía aquí dentro
su misma fuerza.

Crecer de una vez
por ella.







martes, 27 de octubre de 2015

Estadista en B


La vida que viene

El 99% de los responsables
tiene menos de la mitad
que el 1% de los culpables


Estadista en B

La vida es eso que pasa
llegando a final de mes;
vacaciones un fin de semana
son el ataúd acorde al PIB.

¿En qué colegio has estudiado?
Te falta experiencia para el puesto.
¿Te llamas Michael Jackson?
Disculpa, no idolatramos negros.
¿Dónde te gusta meter el rabo?
No me digas que eres de esos.
¿Qué cara tiene dios en tus rezos?
Si no habla mi idioma es falso.
¿Y esa barba? ¿Ese piercing? ¿Esos pelos?
¡Un tatuaje! ¡Tapa eso, tapa eso!

La vida es eso que pasa
mientras otros revisan,
anotan, autorizan cárceles,
fronteras, cánceres, mirillas.

Mientras otros huyen,
venden, callan, imaginan luces
en la costa, en las manos, en los ojos
tras esas caras infladas de bótox.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Bebé en la playa

bebe en la playa, bebe refugiados, refugiados sirios

En el momento, me pareció una imagen demasiado dura para salir en portada. A los cinco minutos, entendí que sin impacto no hay trascendencia, y sin trascendencia no hay debate. Es triste, pero necesario, que haya que guantear las conciencias mientras les tapamos los ojos a los niños, para que no miren eso que somos todos y nadie sabe por qué. Que no sepan que nuestros usos y costumbres llevan implícitos la complicidad con estos actos que nos bombardean noticiariamente.

Como un tsunami, nos lleva la corriente... y como si el mar nos devolviera a sus entrañas, quedamos expectantes, esperando la próxima máscara para nuestra doble moral.

martes, 6 de octubre de 2015

Creo que la amo


Creo que la amo. No hay nada parecido a la seguridad en el amor. Hay alas, hay vuelo, pero el imperio de la gravedad sigue a merced de la experiencia. Los errores pesan. Hasta que llega una luz, con su mirada nítida y me imagina. Entonces, derramo la voluntad por el tiempo que no estamos ella y yo, que no soy con ella todo lo que me gustaría ser, cerca, juntos, amasándonos la confianza a golpe de descaros y confidencias. Aún no conozco su nombre y tal vez la amo. No conozco su nombre verdadero. No sé cómo se refiere a sí misma, cómo late su aliento cuando no hay nadie, cuando la soledad es su única compañía. No sé si se encuentra cuando se busca frente al espejo, palpando las simetrías, las cicatrices abiertas, las incertidumbres del cuerpo. Su nombre desconocido, invisible, imposible. Tal vez sólo amo su sonrisa como batir de esperanza. O su piel como el color de mis amaneceres y ocasos. Su voz, como un himno definitivo. Creo que no la conozco y sin embargo, creo que la amo con la exuberancia del deseo y la quietud del infinito respeto; que no la amo todo lo que podría, todo cuanto me deja. Porque el amor es en su mayor parte previsión, preocupación, proyección de un futuro incandescente. Quizás por eso no estoy seguro y solo creo, en lugar de amar enteramente, como se ama lo que no se tiene. Desenterrar la mirada cómplice que perteneció a otras dueñas de mi palabra, y volver a usarla como la única, la eterna, la intransferible. Creo que la amo y sin embargo la amo. Así son mis creencias. Mis creencias asimétricas. Porque mientras la amo, me desconcierta su amor por mi nombre desconocido, imposible. Porque yo me miro en otro espejo, y soy invisible. Creo que la amo porque un adiós no se cierra, no devuelve nunca la entrega ni las fuerzas ni la valentía. La amo, sin embargo, porque sólo pienso en y para ella. Porque si existe me aburre pensar en otra: otra mente, otro cuerpo, otra persona, otra. Otro que también soy yo. Creo que la amo. Porque me bastan sus manos para ser de viento y así mi forma sean las hojas que un día de tres otoños no es capaz de arrancar.