domingo, 10 de enero de 2010

Fotograma de una Revolución

La sensación de nostalgia es una de esas cosas que me hace sentirme vivo, feliz. Feliz, menuda palabra...

He estado con varios amigos en la playa. Cuando les he pedido si podíamos ir (no tengo necesidad de coche) se han sorprendido un poco. El mar no es algo que puedan echar de menos y hemos ido aunque estuviera lloviendo. Gracias. Es difícil transmitir lo que he sentido simplemente describiendo el olor a sal y tierra mojada llenando el interior de mi carne, el tacto delicado y la perfecta ergonomía de la arena mojada o el canto de las caracolas removiéndose entre los giros del aire en el rompeolas... explicar sin imágenes el pulso del sudor de la arena despejándose tras la retirada de la delgada línea de agua...

caracola, orilla, caracola playa
Es imposible transmitir todo lo que me está pasando estos días.

Revolución.

Es el término que define, que es. En todos los sentidos, en todos los ámbitos y en todos los subgrupos en los que pueda autodiseccionarme y autodefinirme (que son bastantes), es lo que me está pasando. Entre las pocas conclusiones:

1. Estoy condenado a ser feliz.
2. La verdad es revolucionaria.

La primera significa que la soledad me acompaña, que mi amor me exige un porqué, que necesito una razón para enamorarme cada día, que enamorarme es mi única forma de vida. El ideal, mi princesa, es una sombra que me persigue.

Es complicado... es desnudez, es tragedia, es mentira... Estoy condenado a ser libre, soy esclavo de mi libertad y de mi conciencia... quizás sólo signifique que aún no soy esclavo del ejército de mano de obra y que la prostitución intelectual probablemente sea el único asidero a mi supervivencia... que me siento periodista y soy consciente de que mis palabras queman y, tristemente, quemarían el papel de cualquier periódico empresarialmente importante. Que sé quién soy y quiénes me han hecho así.

La segunda es práctica. La verdad que se conoce y se entierra es verdad muerta, es ceguera, es hipocresía. Sólo una pregunta: ¿cómo?, el sistema es un asco y ¿cómo? ¿Violencia? No ceguera,... eso no. ¿Lucha? Ceguera no, eso nunca... ¿Cómo? Por ahora, una frase en cada billete que pase por mis manos: "Este es tu Dios".

El mundo necesita líderes y sin quererlo me estoy convirtiendo en uno. No quiero cambiar el mundo, quiero que cambiemos el mundo. Y no quiero ser sólo una cara y un mensaje, no quiero que me sigan, quiero que vean, que opinen, que defiendan, que sean. Quiero que se quieran...

Me quiero aunque duela, y lo único imposible es no intentarlo.
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall