martes, 20 de septiembre de 2011

Pollosaurio





No podremos resucitar dinosaurios a partir de su ADN... es una experiencia reservada a la ficción (y al retrocruzamiento). Pero, si las aves son dinosaurios, quizás haya alguna forma de convencer a los alumnos de sexto grado de Jack Horner, paleontólogo.

Sentado

HAMM.- ¡Espera! (CLOV se detiene.) ¿Qué tal tus ojos?

CLOV.- Mal.

HAMM.- Pero ves.

CLOV.- Lo suficiente.

HAMM.- ¿Qué tal tus piernas?

CLOV.- Mal.

HAMM.- Pero andas.

CLOV.- Voy y vengo.

HAMM.- En mi casa. (Pausa. Profético y voluptuoso.) Un día te quedarás ciego. Como yo. Estarás sentado en cualquier lugar, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre, en la oscuridad. Como yo. (Pausa.) Un día te dirás: estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás: tengo hambre, voy a levantarme y a prepararme la comida. Pero no te levantarás. Te dirás: no debí sentarme, pero ya que estoy sentado me quedaré sentado un poco más, luego me levantaré y me prepararé la comida. Pero no te levantarás y no te harás la comida. (Pausa.) Mirarás un rato a la pared y luego te dirás: quiero cerrar los ojos, quizá duerma un poco, luego todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los vuelvas a abrir la pared habrá dejado de existir. (Pausa.) La infinitud del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarás, y serán como una piedrecita en medio de la estepa. (Pausa.) Sí, un día sabrás lo que es esto, serás como yo, sólo que tú no tendrás a nadie, porque tú no habrás tenido piedad de nadie y ya no habrá nadie de quien tener piedad.


Pausa.


Extraído de Fin de partida, de Samuel Beckett.
© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall