jueves, 7 de mayo de 2015

V

El pentagrama
no entiende voz de música.
El tímpano arde.

IV

Llamo a las olas,
la mar responde brava
barcos hundidos.

III


Ritmo de insecto
tiembla bajo las alas
dulces de miel.

II


Gota indigente
lleva nube sin lluvia.
Se secó el mar.

I


Ojos de madre,
párpados del acero,
luz de mujer.

7 de mayo



Como está la cosa muy muerta y no es porque yo lo quiera, voy a programar esto para que cada día vaya publicándose un haiku de los que escribo en el trabajo. Sí, trabajo. Autónomo, subcontrata, comisiones, llámalo como quieras. Sigo buscando de lo mío (periodismo científico y posicionamiento web), por cierto.

Pronto, o antes tal vez, reinicie el proyecto de acta verbum, por quinta o sexta vez, creo. Poco a poco. Concursaré con el tercer libro para ver si suena la flauta y voy captando ideas para una novela de ciencia ficción. La parte científica está más o menos enfocada, la ficcional es más complicada. Me cuestan más las tramas relacionales que el contexto científico-tecnológico. Todo muy futurístico y esas cosas.

Dicho esto, comienzo con los haikus ya publicados en entradas anteriores, que borraré para hacer una categoría concreta para tal temática. A ver a cuántos llego.

Respecto a la vida real, ya tengo piso y el día quince cobro. Sigo sin encontrar la mujer que me reinvente cada día y todavía no he visto el barcelona-bayer munich. Estoy echando unas piernas bárbaras a base de bicicleta y vamos terceros (o cuartos, ya no lo sé) en la liga municipal de baloncesto. La media de edad del equipo no llega a los 18. Toda una proeza.

Sin prisa pero sin pausa.