domingo, 1 de agosto de 2010

Tiempo

El tema de esta entrada sería la excusa perfecta para empezar a filosofear sobre el tiempo. Algo habrá que hacer.

Más allá de todo lo que pueda extraerse de un concepto que el hombre pretende medir como una geografía, (hace no mucho se ha logrado cuantificar el intervalo de tiempo más pequeño jamás medido): ¿qué es el tiempo más allá de una cifra? No se toca, no emana de ninguna parte ni se agota, sólo sirve de muestra de que algo se mueve. De que hay vida, causa-efecto, trascendencia.

¿Algo constante? Según la teoría de la relatividad, el tiempo dispone de diferentes ritmos. No tiene siquiera una continuidad permanente, como si de una sucesión de muestras de un proceso de reordenación de elementos externo a toda ley se tratase (quizá algún día encontremos patrones), absolutamente neutral respecto a cualquier conflicto.

Como no, el ser humano también ha aprendido a utilizarlo. Desde el momento en el que fuimos capaces de captar una imagen confiamos en aislar la toda la veracidad de un instante con una fidelidad extremadamente cercana a nuestra perspectiva, y la superamos. Llegaron las cámaras analógicas, las digitales, en 3D,...

Aprendimos a jugar con las partes físicamente imperceptibles para nosotros, interpretar el mundo a otro ritmo, para encontramos más preguntas que hacerle a la realidad.

Más despacio...
(Vía Pizcos)


... o más deprisa.



(Vía PetaPixel)

Soy de los que piensan que el ser humano es incapaz de dejar de pensar, más rápido o más despacio, con mayor o menor acierto. La vida es algo que no debe tener pause, ya se encargará el tiempo de agotarla. Vive.

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