sábado, 25 de septiembre de 2010

Llorica

A veces no sé qué pretendo con todo esto, supongo que vivir de cómo escribo aquello sobre lo que quiero escribir.

Un profesor nos cuenta que de pequeño era el típico gafitas empollón. Nos reímos mucho con él. Yo fui el niño que lloraba casi todos los recreos, al final llegaba mi hermana, me preguntaba y quería estar solo; en uno de los pocos recuerdos que conservo de mi guardería estoy llorando toda la mañana en un banco, pensando rodeado de un inmenso bosque de una fila de arbolitos, y no quería moverme ni dejar de llorar... A veces sólo necesito eso, estar solo y que me dejen llorar...

No sé cómo me las ingeniaba, pero siempre era lo mismo, lo de llorar digo. Nunca me pegué con ningún niño, y se podría decir que esos fueron mis primeros contactos con el género opuesto. Era un sentimiento de incontenible fragilidad o una buena patada en la entrepierna lo único capaz de hacerme llorar. Aún no me he peleado con nadie y tengo un poco más de tacto.

Poco a poco lo fui dejando. Se podría decir que lloro menos de veinte veces al año, que no está nada mal, pero sé que aún quedan unas cuantas razones que cambiarán para siempre mi vida, espero que no mi forma de vivirla. Es lo único que hago desde que aprendí a escribir, escribir. Aunque sólo sea para no mojar la almohada.

Sheriff

serif, sheriff(Vía Tom Gabor a través de Deb Prado)

Yo le disparé.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Hambre

Sin haber sufrido una experiencia similar, difícilmente se imaginarán el destructivo conflicto mental y las luchas de voluntad a las que se enfrenta un hombre hambriento. Tampoco se formarán una idea cabal del suplicio que produce cavar una trinchera con la atención concentrada en el sonido de la sirena que anuncia las nueve y media o las diez de la mañana —la media hora de descanso para almorzar— en espera del reparto del pan (si lo había); y en esa espera preguntarle una y otra vez al guardían la hora —si no era un tipo excesivamente desagradable—. A continuación, tocar después con mimo un trozo de pan guardado en el bolsillo, acariciarlo con los dedos helados, sin guantes; partir después unas migajas y llevarlas a la boca con fruición. Y, con un supremo esfuerzo de voluntad, guardarse el resto otra vez en el bolsillo, con el decidido afán de conservarlo hasta el mediodía.

Solíamos mantener discusiones inacabables sobre lo razonable o irrazonable de los distintos métodos empleados para conservar la ración diaria de pan, que en la época final de nuestro confinamiento sólo se entregaba una vez al día. Predominaban dos enfoques de la cuestión. El primero era partidario de comerse la ración de pan inmediatamente. Aducían un doble motivo: aliviar los dolorosos retortijones del hambre durante un cierto tiempo, al menos una vez al día; y evitar también los posibles robos o extravíos de la ración. El segundo enfoque, fundado en diversos argumentos, prefería los beneficios de dividir la porción en varios trozos. Yo me alisté en este segundo grupo. Tenía sus ventajas:

El despertar era, con mucho, el momento más terrible de las veinticuatro horas de la vida en un campo de concentración. Todavía de noche, los tres agudos silbidos de la sirena nos arrancaban sin piedad del dormir exhausto y de las añoranzas y evasiones de nuestros sueños. Empezaba entonces la pelea por meter los pies, llagados e hinchados por el edema, en nuestros zapatos mojados. A esta primera batalla seguían los refunfuños y quejidos de los incontables inconvenientes habituales; como, por ejemplo, la ruptura del alambre que reemplazaba a los cordones de los zapatos. Una mañana escuché a un camarada —persona valiente y digna— llorar desconsolado como un crío porque sus zapatos habían encogido demasiado y ya no le entraban en los pies y, por lo tanto, debería caminar descalzo sobre la nieve. En esos fatídicos minutos yo gozaba del menudo alivio de mordisquear, con inmenso deleite, el trozo de pan guardado desde el día anterior en el bolsillo de mi abrigo.

Viktor Frankl

Extraído de El hombre en busca de sentido.

Este libro ha sido declarado por la Library of Congress en Washington como uno de los diez libros de mayor influencia en América.

jueves, 23 de septiembre de 2010

McDonald´s


No hay más que ver la distancia que separa cada McDonald´s en EE. UU. para darse cuenta de que es algo que ha llegado para quedarse. Estos datos son de septiembre de 2010.

¿Qué más se puede decir de McDonald´s que no se haya dicho ya?

- 26.000 establecimientos en todo el mundo.
- 14.000 millones de comidas vendidas al año.
- Cinco nuevos establecimientos cada día.
- Vende 145 hamburguesas por segundo.
- Da trabajo a un millón y medio de personas.
- La elaboración del producto esta sometida a controles (página 12 del documento .pdf).
- Primer cliente de Coca-Cola.
- Empleados que siempre sonríen al cliente.
- El cliente es atendido en un máximo de 90 segundos.
- Vigilancia de la calidad por parte de la casa madre, inspeccionando locales.
- Un centro de estudios de la hamburguesa.

Sobre su organización empresarial, José Manuel de la Colina ha elaborado un análisis empresarial de una de las diez mayores franquicias del mundo muy completo.

Parece una epidemia necesaria, hay muchos admiradores y detractores en torno a sus prácticas y productos. Las condiciones a las que se someten los animales antes de ser un producto es algo que siempre queda un poco en el aire; pero todas las grandes empresas (¿necesariamente?) tienen su cara oscura.

La pregunta es si su comida es sana, o mejor dicho ¿has visto Super Size Me?:





En una entrevista a Patricia Abril, presidenta y directora general de McDonald´s España y presidenta de la Asociación Española de Anunciantes:

"En ese ámbito local, las empresas deben contar lo que hacen, y eso incluye sus acciones en materia de RSC, sostenibilidad y compromiso con el entorno. ¿Qué está haciendo McDonald’s España en este campo?

P.A.: Nuestro fundador siempre dijo que teníamos la obligación de devolverle a la sociedad parte de lo que ella nos aporta. Si nosotros estamos aquí es porque nuestros clientes confían en nosotros y visitan nuestros restaurantes. McDonald’s siempre ha estado muy comprometido con su entorno local a diferentes niveles.

(Fundación Ronald McDonald`s)

También desarrollamos acciones a nivel de sostenibilidad, de compromiso con la sociedad, etc., que nacen del compromiso profundo de la compañía y sus franquiciados de ser parte relevante de la sociedad, y no sólo una marca que vende."

Lo que viene a denominarse, escurrir el bulto. Por otra parte, si interpretamos que ha entendido la pregunta y su primera frase es la respuesta, "devolverle a la sociedad (entendiendo el medio ambiente como parte de ella) parte de lo que ella nos aporta"; mi pregunta es ¿no habría que devolvérselo todo?

Dot



(Vía Caffeine!)

Todo en este cortometraje dirigido por Ed Patterson and Will Studd y producido por Aardman Animations, creadores de Wallace and Gromit; es más pequeño de lo que parece.

Su protagonista, Dot, mide 9 mm y han sido creadas con una impresora 3D, la única tecnología que hoy día permite crear objetos tan pequeños sin perder definición. ¿Creadas? Así es, se diseñaron y fabricaron 50 versiones diferentes de Dot, demasiado pequeña para ser manipulada como normalmente se hace en stop-motion. Se pintaron a mano mirando a través de un microscopio. Ahora es cuando a uno le viene a la memoria aquellas tardes pintándole los ojos a las figuritas de Warhammer con un pincel de un solo pelo...

En todo caso, el cortometraje de stop-motion más pequeño del mundo ha sido rodado con un Nokia N8 (12 megapíxeles) con un pequeño microscopio incorporado, el CellScope. A continuación podéis disfrutar el making off en el que lo explica todo hasta el último detalle, una auténtica maravilla.





Si te ha interesado cómo se producen cortometrajes en stop-motion, quizás pueda interesarte también cómo se hizo Accumulonimbus.