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jueves, 16 de diciembre de 2010

Síndrome

Esta es una de esas cosas que sólo puedo conocer a través de las redes sociales. Cosas de no ver la televisión. En ningún momento desde que empecé con este blog pensé en publicar nada, absolutamente nada sobre Belén Esteban, "la tía que se hizo famosa por tocarle la churra a un torero". Ella no es la protagonista, pero sirve de base para una carta de una profesora de Historia.


El síndrome Belén Esteban


Como profesora, las preguntas de los alumnos que más me cuesta responder convincentemente son sobre porqué hay que estudiar cosas que a ellos les parecen inútiles o absurdas, como la Historia o la Geografía. Yo tengo claro qué me aportan a mí, pero de todas las razones que hay para estudiar estas cosas, yo les hago hincapié en lo necesarias que son estas disciplinas para comprender el mundo en el que viven: las coordenadas de espacio y tiempo, que al fin y al cabo son las que tratan la Geografía y la Historia , nos ayudan a conocer el sitio que ocupamos en el mundo y a comprender de dónde vienen todas nuestras realidades. Que todo eso les puede parecer ajeno y absurdo, pero que muchas de las cosas que estudian tienen que ver con su vida real y que, quieran o no, les afectan.

Por ejemplo, ¿quieres saber por qué tienes a tu lado a un compañero que viene de Ecuador? ¿por qué habla el mismo idioma que tú? ¿quieres entender por qué un señor, por nacer con el apellido Borbón, va a ser "rey" y el Estado Español le va a dar mucha pasta (que vendrá de los impuestos que tú pagues de mayor)? ¿por qué lo que digan unos señores europeos en Bruselas va a repercutir - y mucho - en tu vida? Todo eso es geografía. Todo eso es Historia.

Algunos entienden qué quiero decir, otros no. Yo no llevo mal las preguntas, las protestas... son críos. Es normal. Donde me desarman del todo y me dejan sin respuestas es cuando me dicen que todo eso les da igual. Que para qué quieren saber dónde está Marruecos, si no van a ir nunca. Para qué conocer el tipo de elecciones que hay en España, si ellos no tienen la intención de votar jamás. Que les resbala que haya una guerra en Irak, que media África se esté muriendo de hambre o que la Unión Europea diga "bla". Si ni siquiera les interesa eso, imaginaos lo complicado que me resulta hacer que se interesen por lo que hacían señores de hace cinco siglos, por muy apasionante que yo intente pintarlo.

Y, Lo que llevo peor con diferencia, es esa actitud de orgullo con el que exhiben su ignorancia y su cortedad de miras. Esa actitud de "no sirve para nada, no me interesa. Eso que cuentas y a lo que dedicas tu vida es una mierda. Yo quiero jugar a la Play / irme de compras al Centro Comercial y ya". La tienen conmigo, que enseño Historia, pero también que los profes de lengua, de biología, de matemáticas. El desprecio por los libros, por el Arte, por la Cultura , por las Ciencias... no es algo tan raro, y puede conmigo.

Últimamente esa actitud está más de moda que nunca. Tenemos una perfecta encarnación en la dichosa Belén Esteban, que no sabe nada, no quiere saber nada y se jacta de ello. La mala educación, la zafiedad y la ignorancia puestos en un pedestal día tras día. Todo el mundo la aplaude porque ella es "auténtica" (signifique lo que signifique eso). Conozco a mucha gente a la que le gusta ver a la Esteban y es curioso, porque hay toda clase de personas entre su público. Entre ellos, los que más me llaman la atención son dos tipos: la gente que tiene (o cree que tiene) más educación que ella y la ve como un divertimento, incluso algunos como un consuelo (yo soy mejor que ella), o los que son como ella, que han visto como la ignorancia y la mala educación también te pueden hacer triunfar en la vida y que hay que sentirse orgulloso de ello. Eso me da miedo: que se extienda y que sirva de ejemplo a más bobos, que opinen que el no saber nada es estupendo. Que el presumir de ser zafio e inculto se convierta en políticamente correcto y sea bien visto.



"Eh, que yo no quiero ayuda de nadie, que no necesito ayuda, leche" dice la Esteban en un momento de estos cuatro minutos de despropósitos. "Como yo no he pillado esa revolución -la industrial- tres narices me importa"- un argumento que podría haber empleado uno de mis peores alumnos.

En fin... lo grande es que estoy convencida de que la mayor parte del público (y muchos de los de las mesas) no tenían ni idea de que la chica estaba metiendo la zarpa hasta el fondo y más allá y reían y aplaudían porque lo decía el regidor.

Entendedme: yo no critico a la gente que no sabe. Yo no sé mucho de tantísimas cosas... tampoco creo que tenga que ser motivo de vergüenza el no haber estudiado, el no hablar correctamente o el tener lagunas de conocimiento. Lo que me revienta es la actitud contraria, la exhibición con orgullo de la ignorancia y el menosprecio a cualquier cosa que huela a sapiencia. Me duele el desprecio a la educación, en todos sus sentidos. Me duele... y me da una pena que me muero.


martes, 23 de noviembre de 2010

Claudio Rodríguez

Espuma

Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza.
Como quien mira una sonrisa, aquella
por la que da su vida y le es fatiga
y amparo, miro ahora la modesta
espuma. Es el momento bronco y bello
del uso, el roce, el acto de la entrega
creándola. El dolor encarcelado
del mar, se salva en fibra tan ligera;
bajo la quilla, frente al dique, donde
existe amor surcado, como en tierra
la flor, nace la espuma. y es en ella
donde rompe la muerte, en su madeja
donde el mar cobra ser, como en la cima
de su pasión el hombre es hombre, fuera
de otros negocios: en su leche viva.
A este pretil, brocal de la materia
que es manantial, no desembocadura,
me asomo ahora, cuando la marea
sube, y allí naufrago, allí me ahogo
muy silenciosamente, con entera
aceptación, ileso, renovado
en las espumas imperecederas.









"La poesía es fidelidad hacia la creación. Los premios como el que yo acabo de recibir no influyen para nada"

"Para mí, la poesía no es algo vitalicio. Es un don que puede desaparecer y dejas un tiempo de ser poeta. Yo escribo cuando siento un impulso especial. No porque lo necesite o porque espere al Santo Advenimiento".



"El autor es su primer crítico. Es una autocrítica esencial saber por dónde se va. Aunque es el poema el que lo indica. Por una parte (en mi caso), es el poema el que te llama, digamos que se apodera un poco de ti. O bastante, depende. Y yo tengo que responder y controlarlo en un tira y afloja. Si bien tampoco se trata de una lucha, no. El poema muchas veces es el que manda. La poesía es servidumbre."

"La poesía es una aventura y al mismo tiempo un estudio, y un azar."

"La tarea del poeta no consiste en definir su propia poesía, sino en que su poesía esté en lo que él entiende por poesía. Es muy importante, porque cada poeta tiene un concepto de la poesía bastante distinto. Y cada época."

"R-El poeta depende muchas veces del lector. Pero a mí lo que me interesa es el proceso creador. No me interesa publicar. Si yo publicara todo lo que he escrito, si dividiera los poemas extensos en poemas más breves, si estuviera pendiente de la publicación de los libros... -Deja la frase sin terminar y se la sacude de encima con un movimiento de la mano-. No, ése no es mi caso, eso no me interesa; me interesa el proceso creador. Por eso lo que dices es una cosa muy relativa. ¿Quién es el lector, dónde se encuentra? -se ríe-. Decía ya Larra: "¿Quién es el público?" Eso no se puede saber. Ahora, hay mucha más gente que lee poesía de lo que algunos piensan.

P-¿Usted cree?

R-Sí, estoy seguro. No se trata de hacer rankings, listas de libros más vendidos y todo eso. Pero la poesía está latente, siempre lo estuvo entre nosotros."

"Hablar de poesía es hablar de experiencia, de cualquier tipo. No se trata de la experiencia biográfica, puedes tener una experiencia a través de la imaginación, de los sueños, de la cultura. La experiencia está implícita en lo que hace el hombre, en cualquier manifestación humana. Ahora, una cosa es eso y otra contar los sucesos de alguien, como en un dietario o un diario."

"Como dijo Gómez de la Serna en una greguería, el aburrimiento es besar a la muerte. Un poema aburrido automáticamente es un poema invalidado."

"P-Una vez comentó que un poeta no debe hablar de su propia obra.

R-No es que no deba, es que en mi caso, y hablo de mi caso, lo que yo pueda decir no supone ningún axioma, dogma o ley. No es que me dé pudor, es que... los poemas son los que tienen que hablar. Para qué hacer comentarios si la realidad de la poesía está ahí, en el poema, y solamente en el poema. Por eso los comentarios muchas veces sobran, dicen cosas que no tienen nada que ver, incluso, con la propia obra. El poeta que quiere hablar de su obra muchas veces se equivoca. La mía está ahí, no es lo que yo diga que es."

sábado, 13 de marzo de 2010

Palabras

Sin saber cómo, sin apenas palabras, acordaron verse al día siguiente para discutir sobre el tema del trabajo. La clase había terminado pero continuaba sumido en una especie de nube de silencio que le rodeaba, que rondaba a su alrededor como una caricia indeleble, una textura cálida y suave de indescriptible naturaleza, un suspiro leve en las mejillas parecido a aquello que debía de ser la felicidad.

No sabía cómo, pero de repente una sensación de alegría me revolvió el estómago: satisfacción, orgullo, dignidad. Había hecho lo que debía a pesar de que no sabía muy bien qué significaba; al fin y al cabo, no había sido más que una demostración de mi propia personalidad, de cómo quería ser, de cómo sería, de cómo soy.

Llegó el profesor de la siguiente clase. Tuve que preguntarle a una compañera en dirección a su asiento en las primeras filas cuál era el tema de la sarta de estupideces con la que llenaría su tiempo, cuánto nos escupiría verbalmente hoy ese tipo de traje gris. No sabía qué asignatura enseñaba pero conocía a cada uno de mis profesores y la ilusión parecía haber sido despedida definitivamente en sus ojos (imagino que por absentismo), que quedaban aplastados debajo de aquella calva resbaladiza, con algunos pelos grises a un lado y otro de la cabeza sobre unas orejas puntiagudas sujetándole las gafas, negras. Siempre limpias aunque su mirada no parecía necesitarlo. Abrí el cuaderno, dejé un oído alerta por si se le ocurría hacer bien su trabajo durante alguna frase y comencé a escribir. Así fue como llené mi tiempo.

Mi amiga, de la que hablé antes, me miraba de vez en cuando, a mitad de su recorrido por cada uno de los monótonos especímenes de aquella clase, aburrida. Disimulaba prestar atención bastante mejor que yo, aunque no apuntaba las verdades copiadas de las diapositivas. Probablemente era de las pocas personas inteligentes allí, de las que sabían que tarde o temprano el profesor cedería en su terquedad y las colgaría en internet, o bien las conseguiría de algún compañero. No era una aprovechada, se podría pensar que si todos hicieran lo mismo sólo trabajaría uno; pero no, simplemente esperaba a que la gente se diera cuenta de su egoísmo para proponer trabajar en equipo... No era como yo. En el caso de que hubiera mala suerte, que no había ocurrido hasta ahora gracias a su capacidad natural para hacer amigos, no quedaba otra que buscar en la bibliografía; esa página que decía que le gustaba guardar en un buen lugar porque le hacía pensar en el futuro. Le gustaba imaginar que tendría tiempo para leer alguno de aquellos libros, o incluso que algún día le sería necesario por alguna cuestión laboral. Le gustaba imaginarse pasando hojas repletas de inquietudes y sabía bien que esos libros podrían resultar infinitamente más interesantes que el discurso de aquel hombre tosco y apagado. Era otra ilusa cansada de un presente extraído infinitas veces de su pasado más reciente.

A mitad de una poesía una nota me hizo saltar del papel. La había lanzado ella, como en un intento de divertirse retomando gestos de la infancia. Era algo sumamente pueril y que, por supuesto, no compartía. Cogí la nota y la lancé a la papelera. Canasté. Y continué por donde iba

"...
jardines colgados de flores de tallo dorado,
ventanas con marcos de viento huracanado que dan a luces
amaneceres desbocados en besos de horizontes azules,...
amor es el nombre equivocado."

No sé por qué el amor era uno de los temas centrales, aún cuando había empezado a desaparecer de mi biografía por razones tan extensas que no sería justo compartir. Nunca supe qué ponía en aquella nota. Ni me importa.

El final de la clase dejó escapar unos cuantos bostezos y el rugir de varios folios volviendo a encontrarse sobre innumerables escritorios, al unísono. Cerré mi cuaderno, guardé el bolígrafo y salí de clase. Lucía, la amiga que aún no había bautizado, había salido antes que yo y ya estaba esperándome. Sin hablar demasiado nos dirigimos al metro. No hacía demasiado frío, un viento suave removía el polvo de las hojas más altas y animaba al verde a ocultarse una estación más bajo la protección de los irreductibles troncos.

- Entonces, ¿de qué hacemos el trabajo?
- No lo sé. Elige tú.
- Te había propuesto una idea en la nota, pero la has tirado.
- ¡Ups! No sé, imaginaba que sería algo menos importante...
- ¿Menos importante?¿Como qué?
- Pues no sé... - empecé a inventarme algo para reducir el ritmo de la conversación, que extrañamente empezaba a hacerme sentir acorralado- La última nota que me escribieron fue una declaración de amor...
- ¿Tanto miedo le tienes?

Es en estos momentos en los que uno empieza a pensar que es estúpido, es más, reconoce su imaginación como una trampa que le enfrenta a sí mismo, que lo deja desnudo ante su vértigo, al borde de un acantilado psicológico. La culpa no había sido de ella... simplemente le había puesto a huevo una pregunta que me comprometía y, por tanto, nos comprometía a ambos; era una pregunta que de una manera u otra hacia inevitable que nos conociéramos.

- No...

En seguida notó la duda: lo dije en voz baja, agaché la cabeza, miré hacia otro lado e intenté acelerar un poco el ritmo, pero viendo que no me seguía, lo reduje para no parecer huidizo... mi lenguaje no verbal me delataba, una vez más.

- Pues no lo parece... ¿Sabes lo que creo?
- No me interesa- le dije antes de darle tiempo a contestarse a sí misma- entiendo que la clase ha sido muy aburrida pero, ¿no te parece que nos hemos ido alejando del tema?
- Es cierto, pero me gustas. - durante un instante deseó retroceder en el tiempo, pero al instante siguiente parecía absolutamente convencida de lo que acababa de decir.

Ya os lo podréis imaginar: silencio.

- Y eso...

Pasos y más silencio.

- Creo que lo mejor es que haga el trabajo yo solo.
- Lo entiendo, no pasa nada...

Los dos sabíamos que "nada" era lo último que pasaba por nuestras cabezas en aquel momento (y tampoco ella sabía inglés), pero ambos acordamos una especie de tregua, preferimos permanecer callados hasta el lugar en el que se separarían nuestros caminos, como cada día. Ese "cada día" tomaba fuerza al mismo tiempo que se reducía el ritmo de mi aparente huida; al fin y al cabo, sus palabras sólo confirmaron lo que ya intuía y no tenía ninguna prisa; sus palabras me habían descolocado un poco por lo brusco del momento y el lugar, pero no dejaban de ser sólo eso, palabras.

- No te preocupes por nada, me gustan los trabajos de tema libre, me permiten centrarme en lo que me gusta, cuando lo termine pondré los dos nombres y ya está.
- ¿Y no me dices nada sobre lo otro?
- Lo siento pero ya te habrás dado cuenta de que soy un solitario...-la miré y sonreí.
- Pero escribes sobre el amor...

...

martes, 20 de septiembre de 2016

Turismo literario (Episodio I)

Epílogo: 
Agradecer a 
Iris (y a sus compañeros Sócar y Jordi), 
Víctor (y familia) 
y Álvaro (Laura y Yanis) 
por darme techo durante los días que he estado fuera de casa.


Es fácil encontrar razones para viajar: reencontrarse, conocer nuevos lugares, salir del hoyo, descansar, desconectar, reconectar... Han sido diez días con un objetivo claro, encontrar libros. Hace apenas unos meses que cerraron las librerías en mi pueblo. Quedan papelerías para pedir que te los traigan, alguna que otra tienda de segunda mano a buen precio y la siempre sugerente compra online.

Pero yo quería escarbar; revolver libros cual mujer bien entrada en edad revolviendo bolsos, camisetas o bragas en un ingente montículo de los que protagonizan y aglomeran los presupuestos más ajustados de cualquier mercadillo de barrio. Quería dejarme sorprender y ganarme el derecho, la obligación y el placer de seleccionar. Consciente de lo que he dejado atrás, cada libro tiene su porqué, por qué hemos compartido viaje. No está todo pero hay suficiente: mi cartera es delgada pero por suerte mi espalda es fuerte, aún.

Sirva como itinerario recomendado o un simple argumento de que no es tan caro. Repito, no es tan caro, intentar salir de ignorante. Ahí va mi viaje cronológicamente ordenado: vértigo me da.

Barcelona

Librería Alibri

  • Los poetas en sus versos: desde Jorge Manrique a García Lorca. Tomás Navarro. 31 euros.
    Es el más caro de todos y el primero que compré en una librería al uso. Después de varias horas mirando y remirando en estanterías, escogí el que me escogió. Un poco como con todos: es un ahora o nunca. Ensayo académico sobre el análisis puro de obras poéticas que "tardaré media vida en leer, y otra media vida en entender".
  • Zambrano. España. Pensamiento, poesía y una ciudad. Edición de Francisco José Martín. 4,50 euros.
    Un análisis de España desde el exilio de la mano de la filósofa española desde Roma. Fue publicado en italiano y nunca llegó a publicarse en español, hasta esta edición. Entre lo anterior y que estaba a mitad de precio, no pude resistirme 

Llibrería Studio (librería de libros antiguos)

  • Bestiario. Julio Cortázar. 5 euros.
    Cuentos de Cortázar. ¿Hay que añadir algo más? Sobre obras más conocidas, el argumento es que son fáciles de encontrar, pero es difícil encontrarlas a un precio más bajo.
  • Poemas (1958-1995). Joaquín O. Giannuzzi. 3 euros.
    Un poeta argentino que no conozco de nada. De hecho, el libro está impreso en Argentina y no debo ni puedo ocultar mi extraña predilección por la poesía en el español del otro lado del charco.
  • Antología poética. Rubén Darío. 3 euros.
    ¿Qué más puedo decir? Uno de los poetas que influyó, si no el que más, en la poesía española de principios de siglo. Nicaragüense, dicho sea de paso. Lo conocí en la biblioteca de la universidad y me fascinó "Lo fatal". Paradójicamente, todavía no tenía ningún libro suyo.
  • Antología de la poesía catalana del segle d'or. Joaquim Marco. 3 euros.
    El único que he comprado en catalán. Es una joyita editada en 1970 por Salvat. La portada es maravillosa y ojalá pudiera precisar con palabras el material de la cubierta. Iris estuvo leyéndome alguna poesía y apreció cambios respecto al catalán actual; aún así se entiende (más o menos).
Como anotación. En este caso sí tuve el placer de "escarvar". La librera, una ancianita muy agradable, me descontó algún dinero sin saber muy bien por qué. En una de las estanterías había cuatro tomos de 1880 de una antología enorme de poetas españoles e iberamericanos. Me dejó curiosear, oler y apreciar los tonos hacia los bordes de su ancestral celulosa. Elogió mi selección. Me vi obligado a negociar al alza. Le estaré eternamente agradecido.

Cronopios

  • Historia de una mujer soltera. Uno Chiyo. 4 euros.
    El lugar es una especie de bar que estuvo cerrado algunos años, me cuenta Iris. A la entrada, hay varias estanterías con libros a cuatro euros y una pequeña colección de máquinas de escribir, entre ellas una Olivetti "como las que utilizaba García Márquez" entre otros, le explica un joven a su amigo con un gesto de guía. Dentro, un tipo que escribe a lo idiota protagoniza una jam session de escritura. Una voz de mujer lee en voz alta lo que va escribiendo del susodicho idiota en la tela frente al proyector. No lo entiendo. El libro es de "la novelista japonesa más significativa del siglo XX", se lee en la contraportada. Su autora, una "femme fatale en el Tokio anterior a 1939". Cualquiera se resiste... Pago el libro y huyo aterrado.

Círculo del Arte

  • Fijeza. Ensayos. Antonio Saura. 17,5 euros.
    En mi segundo día en Barcelona (ya veis el ritmo), asistí por la mañana a una exposición de fotografía sobre España en los años 50. Allí abren todo a las 10. Me di un paseo por el parque y volví para deleitarme. La dependienta tuvo a bien invitarme a ver el documental sobre la exposición. Antonio Saura, un amigo editor español y un experto editor alemán se fundían en un debate de dos años hasta obtener el libro definitivo con fotografías de gran formato. Nostalgia de tiempo editando y nostalgia del "¿un negro más negro?". Después de media mañana allí, me decidí por el primero (éste) de una colección de tres. La dependienta estaba casada con un almeriense de Garrucha y notó mi acento. Le pregunté por una librería y el resto de la mañana fue un orgasmo continuado.

Re-Read  (Calle Roselló)

  • En el teatro de la Edad de Oro. Calderón de la Barca. 2 euros.
    Contiene: El alcalde de Zalamea, La vida es sueño, El gran teatro del mundo y El pleito matrimonial del cuerpo y el alma. Un poco de teatro nunca viene mal.
  • Poesía castellana de cárcel. Antología. José María Balcells. 2 euros.
    Editado en 1976, recoge poesías de autores desde la Edad Media hasta el siglo XX. Un artículo introductorio de 50 páginas de un total de 300.
  • Antología de la poesía modernista. Selección y estudio de Ángel Crespo. 2 euros.
    Modernismo español e hispanoamericano. Tampoco se olvida de las poetisas.
  • Efectos secundarios. Antología poética. Colección dirigida por Antonio Ventura y Samuel Alonso Omeñaca. 2 euros.
    Dieciséis voces desconocidas para mí, publicadas en 2004. Hay de todo pero son jóvenes, algo se puede rascar.
  • Vita brevis. Jostein Gaarder. 2 euros.
    Según el autor de El mundo de Sofía, su primera novela "no dirigida al lector juvenil". Carne de audiolibro.
  • The frog castle. Jostein Gaarder. 2 euros.
    El único libro que he comprado en inglés. Es un libro infantil de letra grande y bonitas ilustraciones que probablemente use para dar clases.
  • La explosión del periodismo. De los medios de masas a la masa de medios. Ignacio Ramonet. 2 euros.
    Del director de Le monde diplomatique y conocido periodista, el libro trata los cambios en el periodismo escrito a partir de la revolución digital y el desarrollo de las redes sociales.
  • Aspectos lingüísticos de la Ciencia. Leonard Boomfield. 2 euros.
    Es un libro finito sobre la comunicación científica. Trata la función del lenguaje y la estructura del lenguaje antes de adentrarse en el lenguaje científico propiamente dicho. Una joyita de 1973, publicada por primera vez en inglés en 1939. Fácilmente devorable.
  • Periodistas en rebeldía. España 1976. Director de la Colección Ahora: Armando Fernández-Xesta. 2 euros.
    Publicado al año siguiente de la muerte de Franco, este libro es un relato de las dificultades de la prensa durante aquella época. Es uno de estos libros que seguro que están descatalogados y que no habría podido encontrar en otro lugar. Incluye un apéndice gráfico.
  • Espejos. Una historia casi universal. Eduardo Galeano. 2 euros.
    Este libro lo conocí en un cuarto de baño. Concretamente en el piso de mis amigos que estudiaban en Granada. Partiendo de que es Eduardo Galeano, el libro son pequeños textos que analizan, informan, reflexionan... se clavan como pequeñas agujas y bordan la historia (mayoritariamente de países sudamericanos) menos conocida, o más obviada. Es de apreciar su tono mordaz e irónico así como su agradecido efecto laxante.
  • Rojo y negro. Stendhal. 2 euros.
    Me han hablado muy bien de él. Conozco al autor desde hace tiempo. Comento con la dependienta (casi siempre son mujeres. Justicia poética) el significado del síndrome de Stendhal. Ella, sudamericana, con un tatuaje enorme en el brazo izquierdo a rotulador, sonríe, y declara que está entre sus libros favoritos. Creo que por fin alguien la saca de su monotonía. Es un tocho ingente pero no debo resistirme. Es voluminoso pero no pesa demasiado. Me regala una bolsa de tela por ser una compra superior a veinte euros y un listado con todas las tiendas de la ciudad. Me voy antes de hacer más cambios injustos y evitar que siga tentándome con más libros sobre la mesa. La peña está alucinando ¡Necesito salir de aquí!
A los anteriores, hay que sumar Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. El día anterior Iris me comenta que lo quiere añadir a su lista. Ahora está leyendo uno sobre el feminismo durante la Inquisición. No he leído una página y creo que ya me lo sé. No sé si me atrevería a indignarme de ese modo. Es una temeraria. Lo he comprado para ella.

Como puede apreciarse, todos cuestan 2 euros. Es una tienda de libros de segunda mano. Hay varias en Barcelona y poco a poco se expanden por varias capitales de provincia y ciudades de alrededor. Los libros contienen dos historias; la editada, y la firma en la página de cortesía, a veces junto a una breve dedicatoria confesando un recuerdo privado.

Mercat del llibre dominical de Sant Antoni

  • Poesías de Ramón de Campoamor (Tomo II). Ramón de Campoamor. 1,80 euros.
    No hay mucha poesía, no conozco al autor así que me arriesgo. No me está gustando tanto pero tiene un poema titulado Colón de 125 páginas, más poesías y fábulas. Me aburre un poco el realismo pero es interesante.
  • Narraciones. Antón Pávlovich Chéjov. 0,50 euros.
    Recuerdo un ensayo sobre la generación del 98 de Laín Entralgo, el prologuista del libro. Es Chéjov. A ese precio es un regalo.
  • Relatos. Stendhal. 0,50 euros.
    Del autor de Rojo y negro, ya he leído un par. Son relatos relativamente extensos. Me gustan las notas al pie del autor. El lenguaje es intrincado, propio de inicios del siglo XIX, pero me gusta. No es casualidad que haya "sobrevivido" su obra.
  • El último austro-húngaro. Conversaciones con Berlanga. Juan Hernández Les y Manuel Hidalgo. 5 euros.
    Un libro compuesto a partir de las conversaciones con el cineasta español. El libro está dividido en varios capítulos, cada uno con el título de sus películas.  
  • Poesía en forma de rosa. Pier Paolo Pasolini. Traducción de Juan Antonio Méndez. 5 euros.
    Conocía, y ya compartí en este blog, la faceta lírica del director de cine italiano. He de decir que me sorprende la longitud de alguna de sus poesías (alguna roza las 20 páginas), y que me entusiasma su temática social, especialmente el lenguaje visual y sus ángulos para abordar los temas. 
  • Cien poetas, cien poemas. Hyakunin Isshu. (Antología de poesía clásica japonesa). Traducción, introducción y notas: José María Bermejo y Teresa Herrero. 12 euros.
    Es la novena antología imperial. Fue publicada en 1235 por el poeta Fujiwara Teika bajo el encargo del emperador Gotoba. Es un compendio de los poemas que más le gustaban, o más representativos, del género waka. De cada poema aparecen una ilustración, su traducción al español y su pronunciación en japonés en alfabeto latino. Una auténtica joya.

La rosa de foc (librería anarquista de Barcelona)

  • Significado y estructura de la lengua. Wallace L. Chafe. 3 euros.
    Es un ensayo imponente sobre lingüística. Difiere de Chomsky (todavía no sé muy bien por qué) en el ámbito de la lingüística, aunque ambos son profesores de la Universidad de California. En teoría Chafe considera la semántica como componente básico del lenguaje. 
  • Estudios de semántica y sintaxis. Francisco R. Adrados. 3 euros.
    Honestamente, no sé por qué compré este libro y el anterior. Me interesa la comunicación en general y la lingüística en particular. Son ensayos sesudos que no sé si alcanzaré a comprender pero eran baratos y aunque son antiguos y pesan lo suyo, merecía la pena echarlos a la maleta. Sólo espero que leyéndolos aprenda a escribir mejor.
  • El periodista indeseable. Günter Wallraff. 8 euros.
    El tal Günter es un periodista alemán que no conocía antes de leer la contraportada del libro. Curiosamente, ya en Madrid, Laura estaba leyendo Cabeza de turco, de este mismo autor. Al parecer es un tipo que se documentaba desde dentro, trabajaba en los peores lugares bajo las peores condiciones y después destapaba toda la mierda a la que había tenido alcance en primera persona. En este libro, entre otras circunstancias, cuenta su experiencia en el periódico alemán Bild, y de sus artimañas para manipular la opinión pública. Dudé escandalosamente entre este y otros muchos libros, pero creo que acerté. Se publicó por primera vez en 1977 una edición autorizada por el autor, y dos años más tarde, la traducción española.
  • Censura y política en los escritores españoles. Antonio Beneyto. 2 euros.
    En la línea de Periodista en rebelión, este libro publicado en 1977 es un compendio de entrevistas a escritores españoles que de una forma u otra cuentan su relación con los censores y las argucias que llevaron a cabo para evadir la censura antes y después de la ley de prensa promulgada en 1966 por el entonces ministro de Información, Manuel Fraga. Después de leer la introducción y la primera entrevista, puedo decir que la censura en la ficción incentiva la imaginación, mientras que en el periodismo, decapita la verdad.
Pagué lo justo, pero creyendo haber pagado de menos (pensaba que el libro de Günter Wallraff costaba 10 euros); volví, y tuve el placer de charlar un rato con la dependienta (justicia poética) y un amigo suyo, que me recomendaron el último libro, en este caso de poesía, que compré allí:
  • El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia. Jesús Lizano. 16 euros.
    Es una antología seleccionada por el propio autor, que falleció en mayo del año pasado. Incluye un DVD con una lectura pública realizada por el poeta en 2008. He de decir que no conocía al autor, si bien me comentó el amigo que había sido entrevistado por Sánchez Dragó. Sin saberlo, conocía su recitado de "A la mierda"; del cual me burlé en su tiempo. Sigo pensando lo mismo, no es para menos. Si bien es cierto que me alegro de haber leído más de este autor (que censuré en su día) y de paso, por justicia poética, recomendaros "Soledad", y alguna poesía más, que ya subiré al blog.

Re-Read (Gran Via de les Corts Catalanes)

  • La peste. Albert Camus. 2 euros.
    Después de mi primera visita, me quedé con la espinita clavada y tuve la suerte de encontrarlo en esta otra tienda. He empezado a leérmelo y ya en Madrid dio pie a una anédcota. Básicamente un hombre cantaba al amor con mi mente puesta en pústulas explosivas en un ambiente de ratas muertas. Una paradoja espacio-temporal de lo más suculenta.
  • Antología Poética. Expresión y reunión. Blas de Otero. 2 euros.
    Poeta social que quería explorar más a conciencia. Todavía no me ha deslumbrado todo lo que esperaba, pero sé que a la larga me gustará.
  • Cien raíces para quedarse. Rosario de Gorostegui. 2 euros.
    Exploración pura y dura. Es el primer número de la colección Guiomar, destinada a la publicación de textos femeninos. No siento una efusividad incontrolada, quizás por la ambigüedad de los textos, pero tengo que decir que me ha sorprendido la forma de ordenar las poesías utilizando contrarios (hombre/mujer) o etapas (primavera/verano/otoño/invierno).
  • La voz de los niños. Gabriel Celaya. 2 euros.
    Poeta español entre los máximos exponentes de la poesía social. Este libro es una antología de canciones infantiles. Aparte de su valor documental de la tradición popular, contiene análisis y explicaciones que contextualizan las canciones. Incluye nanas.
  • Marinero en tierra. Rafael Alberti. 2 euros.
    Pues eso, obra sobradamente conocida del autor de la generación del 27. La primera parte son sonetos y después llena sus poesías de musicalidad a pinceladas de nostalgia. El mar... y la distancia. Sobre este libro, debo añadir una anécdota. Durante el viaje de ida a Madrid en autobús, una mujer de mediana edad quiso coger el libro, pensando que formaban parte de la oferta cultural del autobús, anquilosada en la prensa del día. Me dijo que tenía buen gusto, y ni corto ni perezoso le di la razón. Después, le ofrecí que lo cogiera si quería leerlo, y no lo cogió. Al parecer le había gustado mucho el libro de Alberti durante su infancia. Lo cierto es que es un libro de esos que no caducan.

Madrid

A pesar de lo ajustado del presupuesto y la mochila, conseguí aumentar mi biblioteca gracias a la inestimable ayuda de Álvaro Sarró. Una lástima que no llegáramos a una tienda de libros antiguos la mar de interesante. Por suerte, no hizo falta para encontrar lo que no buscaba.

Bajo el volcán

  • Conversaciones con David Foster Wallace. Editado por Stephen J. Burn. 18 euros.
    Me dirijo a Sol después de quedar con Álvaro. De camino, encuentro una tienda de discos de vinilo con libros especializados en música. Me sorprende ver un libro con un prólogo de Rodrigo Fresán. Si una amiga mía no estuviera haciendo una tesis sobre él, o no hubiera leído Historia argentina, probablemente no sabría que existe. Sonrío pero no es mi tesis y no conozco al grupo. Me olvido de apuntarlo. Hay varias estanterías sin relación aparente con la música. Antes de terminar la universidad, hace tres años, un amigo me escribe en una nota "David Foster Wallace". Me lo recomienda encarecidamente. Esa misma mañana, después de recoger los títulos universitarios, paso por reprografía y engullo fotocopias de un tal Vicente Garrido, mi antiguo profesor de Relaciones Internacionales (códigos 155, 177 y 179). En la librería de la universidad encuentro un libro que se titula El infinito y más, y ese nombre: Foster Wallace. Me parece tan increíble que me da miedo. Ese tipo y las matemáticas. Los tipos de infinito. Siempre quise aprender qué significan todos esos símbolos que aparecen en la segunda mitad del libro. Es un libraco. Estoy a punto de caer. Estoy bajo el volcán y como me descuide llego tarde a Sol. Me lo llevo. Hablo con el dependiente. Varón. Madrid es otra cosa. Me dice que le gusta mucho y que no conocía El infinito y más, se lo apunta. Ahora está leyendo Ensayos, de George Orwell. Es buena gente. Acabo de fusilarme un tercio del presupuesto que me queda. Primero quiero conocer al escritor. Ya habrá tiempo para su obra. 

Los 7 colores

  • La metamorfosis y otros relatos. Kafka. 2 euros.
    Carne de audiocuento. Creo que ya lo tenía. Lo compro por si acaso y porque la letra es grande. 
  • El arte como oficio. Bruno Munari. 8 euros.
    Ensayo. En el índice puedo leer: proyectistas y estilistas, diseño visual, diseño gráfico, diseño industrial y diseño de investigación. Tiene muy buena pinta. No sé cuánto vale pero lo incluyo como importante.
  • Coma. José Daniel García. 2 euros.
    Desconozco. XXIII Premio de Poesía Hiperión. No puede ser tan malo.
  • La gran herencia. Isabel Burguillos del Valle. 2 euros.
    La portada es sumamente sugerente. Dentro, está subrayado con fosforito rosa y lápiz. Un libro que está subrayado tiene que tener alguna frase buena, lapidaria al menos. No puede ser tan malo.
  • Abrileando. Mariana Kruk. 2 euros.
    Finito, pequeño. Me gusta mucho la edición. Letra grande, concreto, conciso. Poesía argentina. Abril nunca es un mes malo.
  • Alicia en el País de las Maravillas. Lewis Carroll. 4 euros.
    Empecé mi viaje buscando tres libros: éste, Cien años de soledad y El contrabajo. Los otros dos parece que nunca han existido. Del tercero me lo creo. Letra grande. Ilustrado. Parece un libro para niños. Me alegro de que no lo sea. Es la novena edición de la primera traducción del libro al español, de Juan Gutiérrez-Gili, publicada en 1927.

Cuesta de Moyano (varios puestos)

  • Antología poética. Rosalía de Castro. Edición y traducción de Mercedes Castro. 3 euros.
    Edición bilingüe. En gallego suena mejor. 
  • Obra poética. José Martí. Edición de Juan Antonio Bueno Álvarez. 3 euros.
    Poesía cubana. El libro está cubierto de una fina capa de plástico. Es quien dijo aquello de para ser un hombre hay que "plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro". Hace tiempo que nos conocemos.
  • Los raros. Rubén Darío. 4 euros.
    Se definen como "crónicas literarias". Escrito en 1893 en Buenos Aires. Hace un repaso por un gran número de autores de varias nacionalidades. Una buena herramienta para conocer su faceta ensayística y los referentes de su época.
  • España 66. Libertad de prensa e imprenta. Servicio infomativo español. 8 euros.
    Tuve serias dudas. Era el final del presupuesto en libros. Lo compré para complementar los dos libros anteriores sobre censura. Básicamente contiene la ley de 1966, incluyendo la crónica del debate parlamentario y los discursos en torno a su aprobación. Así como menciones en la prensa nacional y extranjera y viñetas humorísticas de, entre otros, Mingote o Máximo. Un documento histórico publicado en 1966 y absolutamente descatalogado.

Aquí termina mi viaje. No sé ni cuántos libros he comprado, ni cuánto dinero me he gastado. No me importa. Lo único que sé es que estoy agotado, que no me vendrían mal unas vacaciones de mis vacaciones y que para mi fortuna, mi habitación está llena de libros que sé que tarde o temprano voy a leer. Tranquilos, más de un fragmento pasará a formar parte de esta especie de baúl. Ahora todo es cuestión de tiempo.


jueves, 10 de diciembre de 2009

El derecho a ser Autor

El poema no se escribe, se alumbra
José Ángel Valente.


Todo ser humano tiene derecho a vivir de lo que mejor sabe hacer.

Éste es de los pocos derechos amparados por el sistema capitalista, y que además de favorecer al propio sistema, aumenta las posibilidades de supervivencia y la calidad de vida del trabajador que ha desarrollado sus facultades por esfuerzo propio.

A partir del anterior párrafo comencé a descubrir mi enfermedad. No es que tenga mejores o peores facultades, es que sólo tengo una: crear.

Comenzaré desde el principio.

Mi madre, nada más conseguir desarrollar mis facultades comunicativas, comenzó a martillear mi por entonces pequeña cabecita con órdenes, en su mayoría dirigidas a mantener la casa medianamente limpia. Más allá de que nunca lo consiguiera según su criterio (su vista siempre será más aguda que la capacidad del trapo de retener el polvo), mi madre descubrió bastante pronto uno de mis más evidentes (de los muchos) defectos: la pereza.

Un grave problema. Era cierto.

Por fortuna, mi profesor de primaria nos daba la oportunidad de terminar los ejercicios para casa los últimos diez minutos de cada clase. Gracias a ese pequeño detalle aprendí que diez minutos dan para mucho: para una tarde entera sin deberes. Las tardes las pasaba frente a la televisión, escribiendo cuentos en un ordenador de un giga de disco duro, cambiando y cambiando los versos de un solo soneto o copiando un artículo de la enciclopedia sobre el Namib con la máquina de escribir eléctrica de mi madre. Tendría unos ocho años.
Era cierto. Soy un vago.

A medida que mi cabecita iba acercándose peligrosamente al marco de las puertas, aumentaba el número de palabras que había escrito. Más tarde empecé a grabar cortos y, de repente, ante mí pude vislumbrar la Gran Verdad: sólo me esfuerzo para lo que me interesa(es mentira, mi madre está cansada de repetírmelo). Esto a secas no es malo, pero si lo que interesa es crear, no es malo, es peor.

¿Menuda estupidez?

El leñador vende leña, el publicista negocia con necesidades, el transportista cambia cosas de sitio, el dependiente del súper registra el consumo, el banquero cambia el dinero de cartera (y se queda un poco),... pero siempre me he hecho esta pregunta: ¿cómo se transforma una poesía en un plato de comida?

Mis intereses van poco más allá del autoconocimiento y, en algunos pocos casos, la autocomplacencia. El público es tan ajeno a mi obra como lo soy yo mismo. Y si una poesía mía vale algo, estaremos de acuerdo en que su valor es incalculable. Un poema, al igual que una canción o una película que pueda ser incluida dentro del movedizo campo del Arte, no tiene precio (aunque el sistema se empeñe en ponérselo)... porque un sueño, un deseo, una idea, una verdad, una mentira, un amor,... tampoco lo tiene... Y a diferencia de la leña o de las marcas, un poema mantiene su esencia, su fragilidad, a lo largo del tiempo y de los corazones.

¡Ya está!¡El libro!

Míralo, por ahí viene... agarradito de la mano de © ¡Ups! Los derechos de autor. ¿Contratos? Sí, contratos.

Al parecer, © y el autor se conocieron gracias a la reina Anne de Inglaterra, allá por 1710. La alcahueta encargada y principal culpable de su unión: la imprenta. Ella fue el milagro que transformó un banquete para quinientas personas manuscrito en piel de cordero en un millón de mendrugos de pan dispersos por el mundo. Cierto es que calmaban el hambre por igual al lector, sin embargo, era difícil mantener la bolsa de los mendrugos sin romperse... y siempre aparecía algún ladronzuelo dispuesto a aprovecharlo, no sólo para comer un par de horas, sino para hacer otro millón de mendrugos que, con su venta, le permitían comer hasta varias veces al día. Y estaremos de acuerdo en que no es justo lucrarse gracias a la receta de otros.

Hasta aquí la lección de Historia. Imagino que todos, llegados a este punto, hemos comprendido de sobra la importancia para alguien como yo, que quiere vivir de lo que escribe, de ser amigo de ©.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Entrevista en La Voz de Almería (6-3-11)


FRANCISCO FERNÁNDEZ JIMÉNEZ / poeta ejidense con residencia en Madrid

Por Federico Utrera. (*)

Lo supe en cuanto te vi” es el primer libro del poeta ejidense Francisco Fernández Jiménez, que acaba de publicarse en formato digital en Bubok.es, la librería sólo disponible en internet. Su frescura y su clásica contemporaneidad hacen que Francisco Fernández Jiménez se estrene en el campo del Parnaso con una obra muy sólida y armoniosa, que hace que el deleite por la poesía pueda disfrutarse también en formato digital. Y quien mejor que su autor, el propio Francisco Fernández Jiménez, también bloguero (http://losupeencuantotevi.blogspot.com), para hablarnos de ella.

“Acabo de llegar a mi nuevo piso en Madrid. Allí estoy yo, solo, entrando con las maletas. La puerta continua a la de mi habitación se abre y de ella emerge una figura alargada y estrecha, coronada por una mata de pelos rizados: “Hola, soy Fran”. Ese fue mi primer contacto con lo que yo aún no sabía, uno de los mejores poetas que haya conocido y, además, uno de mis mejores amigos”. Esto lo escribe Miguel Pérez Mínguez en el prólogo a tu libro y me da pie a la primera pregunta. ¿De donde procede tu inquietud por la poesía?

La verdad es que escribo desde demasiado pequeño. La primera memoria que tengo delante de una poesía fue en Primaria, cuando aprendí qué era un soneto. Digamos que cuando vislumbré los márgenes del cuadro me atreví a dibujar dentro.

Después es como un puzzle: empiezas a jugar con los versos y al final va quedando un paisaje. Cuando me cansé de contar dedos, empecé con el verso libre... Con el tiempo, descubres que la vida te dará las razones para seguir haciéndolo.

El libro tiene cuatro categorías, capítulos o secciones... Y el primero de ellos se titula “Reflejos”...


Sí, ha sido muy difícil decidir cómo dividir el libro en partes. Esta quizá fue la primera incuestionable. Normalmente escribes sobre otras cosas, en esta parte es sobre mí, quizás no de una forma directa, pero sí de mi forma de relacionarme con el blanco de la página.
Y otro capítulo lo titulas “Naufragios”...

Ninguna de las cuatro categorías está cerrada por completo, aunque “Naufragios” sí está más claro que son poesías de un desamor enamorado. Son poesías que nacen y mueren a partir de cada una de las caras que ha tenido mi princesa hasta ahora.

En “Geometrías” escribes “Cerrar los ojos y no ver nada. Y que no recen. Y que continúen mi búsqueda: la conquista de sí mismos”.

El título de la poesía a la que pertenece el fragmento es “El día que muera”.

Considero la muerte como un punto, seguido o final. No me importa adónde vaya mi alma, espíritu o cualquier otra cosa que necesitemos creer, que sigue generando un debate infinito y que muy difícilmente podremos llegar a confirmar o negar.

La religión es necesaria para pensar en una gran comunidad, que se extiende más allá de los sentidos, pero la Ciencia y los mítines políticos la están dejando en un código ético y alguna que otra superstición con pocos argumentos realmente convincentes.
¿Con qué autores te has formado tu propia biblioteca de gustos y preferencias? Vemos a Rimbaud en uno de tus poemas y también a Antonio Machado o José Ángel Valente. ¿Es esto ya una declaración de intenciones o al menos una genealogía de admiraciones?

Está claro que si están es porque los he leído y los conozco. Por lo tanto, decir que no tienes ninguna referencia de ellos en tu obra sería...

Sospechoso...

... Sí, claro. Y hay más, José Hierro, Miguel Hernández, Pedro Salinas,...

Aún así, no es tanto una declaración de intenciones, sino compartir lo que he aprendido de ellos. Al principio sólo leía lo que yo mismo escribía (el germen de Reflejos), pero cuando empiezas a conocer a poetas por casualidad o a través de tus amigos (hubo que esperar a la universidad...), intentas hacer tuyo lo que no han dicho ya, que suele ser poco, y conocer tus posibilidades de ritmo.

Es como que aprende otras canciones para tocar un instrumento, aunque tengo que reconocer una mala memoria para los versos...

¿Qué te ha seducido más de José Ángel Valente o qué te ha llamado más la atención? ¿Por qué su inclusión en el libro?

Me parece magistral su capacidad de mostrar tanto con tan poco. Es concreto en la forma y abierto en el mensaje. De él he aprendido que la simbología puede no ser algo dependiente de la psicología del autor, como pasa con Lorca o Machado; puede establecerse con los elementos propios y exclusivos de un poema. Se pueden crear símbolos desde la palabra, no sólo desde la experiencia.

De la poesía esencial de Valente a fijarse en que “el aburrimiento es algo exclusivo de los sordos. Se aburre aquel que no sabe escuchar”. Con esta cita encabezas tu poema “El resto de la división del tiempo siempre es cero” y es toda una declaración de principios en este mundo de ruidos y locuacidades extremas en el que estamos inmersos ahora. ¿En qué sentido lo abordas tú?

“El aburrimiento es algo exclusivo de los sordos. Se aburre aquel que no sabe escuchar, aquel que no encuentra los matices de su propia voz en el silencio, aquel que cree que su pensamiento no tiene nada interesante que susurrarle, que su no ruido es incapaz de hacerle temblar.”

He leído también en tus poemas un gusto por la pintura y por el teatro, con “Un actor a la búsqueda de su encuentro” o con “Color de los ojos de un actor detrás del telón a pocos segundos de la inauguración de una posible obra maestra”. Y también en este texto: “Soy un pintor que pinta con agua, que no sabe si su arte traspasará el interior de la tela, si la belleza abrirá algún día las ventanas de su casa. Un músico sordo, un escultor ciego. Soy una cadena de palabras, la triste y solitaria ilusión de ver mi esencia en la trastienda de esta silente danza de letras”. Pero quería saber tus gustos en pintura y teatro.

En general, soy más de obras que de autores, pero algunos nombres importantes son Salvador Dalí, Van Gogh, Goya, Velázquez,... El Prado entero...

Lo del teatro viene de una cuestión casi de azar, llevo dos años residiendo en Madrid y he tenido la posibilidad de vivir con cuatro compañeros de piso que están estudiando o se dedican profesionalmente a ello.

Si tuviera que citar tres obras o autores que me gustan mencionaría al director italiano Romeo Castelucci, Ángela Lidell y Pilobolus.

En general me interesa todo lo visual: el cine, la fotografía... Estoy estudiando Comunicación Audiovisual, he rodado algunos cortos y soy consciente —y me lo han dicho— de que mi poesía es muy visual.

La fotografía en Almería es uno de las artes más cultivadas gracias a la luz blanca tan característica y diferente de la luz negra del norte o la luz amarilla de otras latitudes. ¿Con quien te quedas aquí?

Rubén García, el diseñador la portada y uno de mis mejores amigos. A parte de él y un par de amigos más no conozco fotógrafos almerienses... A nivel nacional, Chema Madoz es poesía pura.

Entre Almería y Madrid ¿qué admiras y detestas de cada una de estas ciudades?

El libro lo ilustra bastante bien.

Madrid es grande, tiene de todo, pero nada es gratis. El Ejido tiene todo lo necesario para pasar una buena infancia y adolescencia, pero a partir de cierta edad se queda pequeño, sobre todo si quieres seguir estudiando.

De todas formas, mi forma de vida actual es poco objetiva. En Madrid soy universitario (considerada por muchos la mejor etapa de la vida, con razón) y en El Ejido sólo estoy de vacaciones... lo más concreto que puedo decir es que el aire de El Ejido huele a mi casa y Madrid a polvo.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Entropía poética


Antes que nada, quiero recalcar la importancia de la entropía.

La entropía se refiere al valor de cada símbolo en función de su carga de significado, es decir, lo importante que es una letra en una palabra, o una palabra en una oración para entender su significado de forma inequívoca con el menor número de elementos posible. En este sentido, las primeras cabezas de turco suelen ser las preposiciones, adverbios, conjunciones, adjetivos, determinantes, etc. palabras que nos ayudan a relacionar las ideas (sustantivos) con las acciones (verbos) dentro de un contexto concreto o complementan a los sustantivos.

Podríamos entender "La casa en la que vive Pablo" y "casa vive Pablo" de una forma similar, aunque no podemos olvidar que el idioma indio es útil pero no suele ser suficiente. Por lo tanto, esta oración tiene mayor entropía que la oración "Mamá no está en casa", ya que si dejásemos la oración en "Mamá está casa", no entenderíamos el sentido completo, es decir, no podemos quitar ninguna palabra sin que cambie el sentido de la oración.

Continuando, y antes de entrar en la creación literaria, me gustaría valorar en este sentido la relación que tiene la entropía en la fortaleza de una contraseña y en el lenguaje. Y de paso algunas recomendaciones.

Normalmente, cuando se genera una contraseña de forma automática, nos encontramos con algo así "Yz98lowj234p". ¿Por qué?

Uno de los factores principales es la longitud de la contraseña. Más de 8 caracteres suelen ser suficientes para evitar (dificultar) ataques por fuerza bruta, en los que un programa de ordenador prueba todas las variaciones posibles (aaa, aba, aab, abb, bbb, bab...) hasta que acierta.

Es importante que no sean palabras sueltas; como por ejemplo "perro", "gato", "encimera"; ¿por qué? Porque aunque puedan parecer poco previsibles, suelen utilizarse diccionarios. En lugar de todas las opciones posibles, prueba con un listado de palabras para reducir el número de opciones posibles. Para contrarrestar esto manteniendo una contraseña relativamente fácil de recordar es recomendable incluir frases o varias palabras sueltas.

Otra recomendación es utilizar números y símbolos alfanuméricos: paréntesis, corchetes, tildes, guiones, asteriscos... Estos símbolos que no suelen utilizarse en fuerza bruta, porque aumenta exponencialmente el número de posibles opciones. En nuestro caso, nuestro carácter estrella es la "ñ", que ni siquiera existe en los teclados del resto de países del mundo.

Citadas estas recomendaciones, voy a la idea principal de este texto.

En general, las palabras con mayor entropía suelen ser las más cortas y viceversa. A medida que añadimos letras, aumenta la dificultad de que se forme una palabra con significado en nuestro idioma. Y esta dificultad iría aumentando a medida que se añaden letras. Por ejemplo, una vez que llegamos a la raíz de una palabra: "viv-", tenemos todas las desinencias del verbo, que son menos que las posibles opciones si aplicamos las 27 letras del alfabeto.

En un ejemplo más sencillo, si cogemos una sopa de letras, normalmente deberemos buscar una decena de palabras entre centenas de letras. Si formáramos palabras respetando la sonoridad y las normas ortográficas propias de cada idioma (no unir cuatro consonantes en ningún caso, a diferencia del alemán, por ejemplo) obtendríamos muchas más palabras pronunciables que no existen que las que realmente tenemos que encontrar.

En el caso de las palabras para formar una oración, al añadir términos, disminuyen las posibilidades de que se mantenga un sentido lógico. Por ejemplo: "un perro" podría dar lugar a "un perro verde", pero también a "un perro extraoficial"; o a "un perro casa"; de mayor a menor sentido. Siempre hay que respetar algunas reglas: después de una preposición, nunca podría ir otra preposición ("con con", "agua de de"); y un determinante podría acompañar verbos en determinados casos ("el dormir", sería más comprensible que "diecisiete dormir").

En géneros literarios como la narrativa, dramática y especialmente el ensayo, se da mayor importancia a la corrección en el lenguaje (ortografía, morfología y sintaxis) para facilitar la comprensión del lector de forma inequívoca. Para ello, es importante una definición previa de los conceptos, que suele ser específica y estar más o menos en común con la definición del resto de autores y/o lectores. Ante la relación entre los conceptos, el lector/a debe recurrir a esas definiciones para entender lo que quiere decir el autor/a.

La poesía es otro mundo.

A diferencia de otros géneros, (definición propia) el protagonista suele ser la voz del que escribe. El vocabulario e idiosincrasia propia del que habla a todos a través de sí mismo. Con sus palabras, a su manera. En mi opinión, esto ha generado una poesía indescifrable y una poesía ambigua, en relación con la proximidad del lenguaje al lector/a.

A nivel práctico, utilizando tecnicismos, extranjerismos y jergas, el lector tendrá que detenerse más en esos términos para adentrarse en el contexto, transportarse al lenguaje del poema. La creación de nuevas palabras o las metáforas pueden ayudar a lo contrario: que el lector aplique nuevos contextos a palabras que ya conoce para darles un nuevo sentido. Acercar una nueva idea a su lenguaje común.

No parece muy útil escribir un poema con palabras que hay que buscar continuamente en el diccionario. Pueden añadirse notas al pie para explicar el significado de un término en su obra o contexto social e histórico, pero no suelen añadirse definiciones a no ser que esté dirigido al público infantil. En general, los tecnicismos y palabras largas dificultan la comprensión oral.

Llenar un poema de palabras comunes sin cuidar la relación entre significados puede llevar a una poesía naif, simple, incluso boba. No confundir con infantil. Fácil de leer y de escuchar pero sin la intención de dar a entender. El mensaje puede ir engalanado de pompa y barroquismo, o traspasar con un lenguaje común una idea reveladora, pero esto no depende del ritmo y la musicalidad del lenguaje, si no del discurso.

Entre estos dos extremos: indescifrable y ambigua; entiendo que los concursos de poesía se ganan con más de lo primero y que yo me divierto mucho más con lo segundo. No me interesa el poeta que escribe correctamente, en el sentido más clásico, un poema. Me interesa un poeta que se reconoce en su propio idioma, con sus vacíos y flexibilidad, con su baile estético y moral.

Hay temas universales: el amor. Se ha escrito mucho y se escribirá mucho sobre amor. Emular a Bécquer está muy bien, y probablemente nos acerque más a la idea que el lector tiene de la poesía amorosa y, por lo tanto, identifique dentro de un cliché o estereotipo el "poeta romántico" que lleva dentro; pero eso es entrenamiento, no oficio.

La variedad de opciones obliga al poeta a innovar a nivel lingüístico, es decir, decir en la forma en la que uno dice. Juan Ramón Jiménez sorprende por su forma de escribir, por sus recursos literarios y por no respetar las reglas ortográficas: "nostaljia", que escribe él, justo con la fonética. Pero más allá de la innovación lingüística, apelo a la innovación idiomática. Un escritor está obligado a hacer avanzar a su idioma del mismo modo en que su idioma lo hace avanzar a él, un poeta más si cabe.

Innovación idiomática. Decir lo nuevo con las palabras de siempre. Y si "lo bueno y breve, dos veces bueno"; reducir al máximo la entropía. Si se puede decir con una palabra, decirlo con una. Si se puede decir con tres palabras, decirlo con dos y dejar que el lector construya y complete el camino con sus palabras, a partir de la estructura translúcida del poema. Si no se necesitan más, atreverse a poner un punto y final.

domingo, 11 de abril de 2010

Carta a Eduard Punset

Me presento. Mi nombre es Francisco Fernández. Soy el que hoy ha sonreído al verle mirar una foto en blanco y negro mientras le preguntaba al hombre que se la había entregado sobre la existencia de algún negativo. No sé si me recuerda.

Si no, es un detalle que tampoco tiene mucha importancia. Sobre mí, le diré que soy estudiante de periodismo y comunicación audiovisual, profesor en un taller de cortometrajes para niños de secundaria (que me llevan por el camino de la amargura), estoy investigando sobre mi universidad para informar a la gente sobre su funcionamiento y criticar la falta de información a este respecto; he grabado varios cortometrajes, estoy en el abismo de publicar mi primer libro de poesía y, sólo de vez en cuando, pienso.

En las próximas líneas me dispongo a plantearle la pregunta que no me ha dado tiempo a hacerle hoy mismo en el Museo de la Ciudad de Madrid, después de su conferencia. He pecado de falta de atrevimiento o de pensador, no sé cuál es peor.

Mi pregunta es sencilla, pero hace necesaria una exposición previa:

Usted ha terminado su charla hablando de las ranas de la charca que hay enfrente de su casa, de por qué no ven a las moscas cuando están quietas; hace poco leí algo sobre la posición de los ojos en los animales: los animales depredadores tienen los ojos en la parte frontal de la cabeza para seguir mejor a sus presas en caso de persecución; sin embargo, los animales que no tienen que perseguir a su presa para alimentarse, como pueden ser la mayoría de hervíboros y peces, tienen los ojos a ambos lados de la cabeza, para estar continuamente alerta ante un posible peligro.

Dicho esto, ya se habrá percatado de que los humanos tenemos los ojos en la parte frontal de la cabeza. Quizás sea por esto por lo que "detectamos" cuando alguien nos mira desde detrás (es broma, he visto ese capítulo de Redes).

En otro capítulo de Redes, usted habló sobre el comportamiento de los bebés respecto al control. Decía algo así como que si ponemos a un bebé una luz que se encienda y se apague cuando el bebé levante el brazo, se interesará por ella; y por el contrario, si parpadea de forma ajena a los movimientos del bebé, éste no se interesará por ella.

En realidad, imagino que ya sabrá que mi pregunta no es una pregunta en sí misma, es más bien una exposición de mi teoría en busca de su opinión al respecto. Dicho esto, continúo.

Usted, por tanto, habla del caso de un solo bebé. Pero ¿y si hubiera dos bebés de cuyos gestos dependiera que se encendiera o apagase la misma luz? ¿Se pelearían por el control de la luz o harían música? Supongo que en esta pregunta reside la naturaleza social o individual del ser humano. Por favor, si investigan algo sobre esto, me interesa mucho.

Continúo. Dicho esto, y aún con la dicotomía por resolverse, me gustaría recuperar una cita de Thoreau:

Si un hombre pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán, pero si dedica el día entero a especular cortando bosques y dejando la tierra árida antes de tiempo, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor.

Imagino que ya habrá descubierto que yo soy uno de esos vagos que no pueden para de hacer cosas... La cuestión es que sí, la educación es fundamental, y si no podemos cambiar a los humanos una vez pasada la infancia y juventud, la mejor opción es cambiar el futuro a través de los niños. Sí, es cierto. Pero ¿qué pasa con este presente? ¿Está preparado para recibir a esos niños?¿Cuándo sabremos si lo está?

Ha mencionado durante su charla que se pretende reducir en 75 años el 75% de los terrenos de cultivo gracias a la tecnología; cuando hoy día la mayor parte de cultivos se dedica a la alimentación de animales de consumo humano.

También ha mencionado que estamos fabricados para ser únicos a través de la experiencia, que es capaz de incluso hacer más grande una parte de nuestro cerebro, modificarnos físicamente (el ejemplo de los taxistas de Londres); y eso no está mal, de hecho está bien... pero ahora me toca a mí dejar volar la imaginación:

Creo que existen tres características fundamentales que nos hacen consumir un producto u otro:

En primer lugar, la utilidad; que el producto sacie una necesidad.
En segundo lugar, la comodidad; que el producto sacie una necesidad utilizando el menor esfuerzo posible, hasta el punto de resultar agradable su uso.
En tercer y último lugar, estatus social; el producto una vez cubiertas la anteriores, ha de diferenciarnos del resto, hacernos destacar ante el resto.

Esta creo que es una de las principales razones por las que usted comentaba que hay una superproducción de subproductos, porque ya no sólo cumplen una función de comodidad y bienestar, sino de diferenciación. Enlazando con el experimento de los bebés, el ser humano es líder por naturaleza, es esclavo de su curiosidad y a menudo su única forma de saciarla es gracias al trabajo en equipo, y para "atraer" o simplemente encontrar a otros con sus mismos intereses, ha de establecer puentes de comunicación basados en lo físico para encontrarse en mitad de esta masa.

La pregunta es la siguiente, ¿cómo la tecnología va a solucionar el problema del progreso cuando es el resultado del mismo progreso? Es cierto que la tecnología ayudará a solucionar los problemas del hombre, pero ¿también los del resto del planeta? Viendo los últimos capítulos del documental de la BBC "Planeta Tierra", de David Attenborough; escuché a una "científica" que creía defender a las especies por conservar su ADN, la pregunta es ¿para qué si no quedará hábitat donde volver a ponerlos? Ella sabía la respuesta: otro planeta. Pero... no estoy muy seguro de dejarlo todo en manos de esa posibilidad. Y si fuera una cuestión de fotografiar animales, o estudiarlos, o grabar documentales, todavía; pero estamos hablando de que esos animales, esos árboles, forman parte de un todo que mantiene el equilibrio que ha hecho posible esta "equivocación" que es la vida.

Y más concretamente, ¿cree que algún día cada humano de este planeta se levantará por la mañana, mirará sus manos y en una verá la supervivencia y en la otra el progreso? ¿Qué decidirá? Es más ¿se atreverá a decidir?

No sé cuánta razón hay en mis palabras ni cuánta locura hay en mis pensamientos... lo único que sé es que me gustaría saber qué opina usted al respecto... y poder seguir compartiendo mis dudas con usted, para mí, el representante de la Ciencia.

Muchas gracias.
Fran.

lunes, 19 de julio de 2010

Puntos

Si divisamos la Historia de la Humanidad como una línea larga, tan larga que casi nos parece inconcebible, situaremos casi sin querer nuestra vida como una línea corta, tan corta que parece un punto, una mota polvo en mitad de una autopista.

Los que crean en la evolución de las especies pueden pensar en una autopista inmensamente más larga; los creacionistas, algo así como el tiempo que pasó dios estudiando monos antes de crear su máquina de guerra perfecta y el tiempo que tardó en írsele de las manos, el resto del tiempo en términos comparativos es irrisorio.

Nuestra forma de vida, de supervivencia, sólo depende del ecosistema (biológico y social) en el que se nace. La temporalidad limitada de nuestros antecesores y la propia nos demuestra que nuestra vida es un engranaje que gana progresivamente la capacidad de cambiar su ecosistema gracias al conocimiento acumulado por otros como nosotros hasta el instante del presente. Sólo hay que otorgar de forma física, dar materia, al pensamiento; ya sea escribiendo, pintando, diseñando edificios, construyendo barcos dentro de una botella...

El primer paso es la observación: debemos interpretar nuestro entorno como una suma de elementos aislados; después hay que imaginar cómo podemos colocar esos elementos de cara a satisfacer una necesidad, sea obtener agua, cazar, jugar para aprender o algo a lo que aferrarse para sobrevivir a la desesperanza. Sin la imaginación el hombre no habría desarrollado la capacidad de crear herramientas a partir de otras herramientas, sin martillos no existirían las grúas Goliath ni el arte abstracto sin las pinturas de las cuevas de Altamira.

No todos los escalones tuvieron la misma altura, pero para explicar la propiedad acumulativa del conocimiento haremos un viaje científico en el tiempo en busca de algo que hoy en día nos parece incuestionable: que la Tierra gira alrededor del Sol.

Del geocentrismo al heliocentrismo

En este artículo también se citará la relación entre los cuatro astrónomos principales en este proceso y la Iglesia. En este sentido, por una parte la Iglesia financió gran parte de los estudios astronómicos, empezando por Copérnico, y por otra condenó a Galileo por la defensa de este mismo sistema. Si te interesa, ya hay algo escrito sobre eso. El interés de este artículo es razonar cómo el conocimiento es primordialmente dependiente de las necesidades sociales y acumulativo, los descubrimientos teóricos están limitados por los avances tecnológicos y el desarrollo de éstos surge de la imaginación en la aplicación de esos mismos inventos, que son llevados hasta sus propios límites. Y dar a conocer un poquito de Historia de la astronomía.

Este cambio sólo consiste en un cambio en la posición de la Tierra respecto al Universo. El geocentrismo coloca la Tierra en el centro del Universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de ella; y el heliocentrismo, por el contrario, sitúa a la Tierra dentro del sistema solar, es decir, es un planeta más que gira alrededor del Sol.

Este cambio comenzó entre los años 310 a. C. y 230 a. C.; período de vida de Aristarco de Samos, que propuso la teoría heliocéntrica pocos años después de que Aristóteles obviara ignorara el sistema geocéntrico. Los astrónomos de su época veían a los planetas y al Sol dar vueltas sobre el mismo cielo a diario, sin un punto de referencia externo, por lo que parece lógico que percibieran la Tierra desde una posición fija. Pero fue demasiado tarde, la Iglesia y el feudalismo ya habían optado por la teoría geocentrista, dominante hasta el Renacimiento por ser complementaria al : dios (y su creación) es el centro del universo.

Debemos tener en cuenta que la astronomía es el germen de las religiones. Este fenómeno queda argumentado en la primera parte del documental Zeitgeist. Las reglas que regían los astros eran aplicadas a la organización de las sociedades, por lo que modificar el sistema significaba cambiar la posición del ser humano respecto al mundo. La teoría geocentrista establecía diferencias en las relaciones con el poder, todo debía girar alrededor de un mismo punto, la Tierra, Dios (teocentrismo), y por ende, el poder. El cambio heliocentrista significó un cambio de concepción en la posición del ser humano en el universo y, por tanto, en su organización sociedad e imaginario individual: todos giramos alrededor del Sol, sin importar la jerarquía interna.

El sistema heliocentrista se dejó de lado hasta unos mil setecientos años más tarde, cuando Nicolás Copérnico (1473-1543) escribió el libro De Revolutionibus Orbium Caelestium (Sobre el movimiento de las esferas celestiales), publicado el año de su muerte.

"Parece que no era la fuerza de los hechos sino una preocupación estética y metafísica lo que empujaba a Copérnico. Se le ocurrio que un sistema diferente podía resultar mucho más hermoso"; pero lo cierto es que existía un problema real, sin el cual, no se habría necesitado una variación en el sistema, una necesidad generada por y para el desarrollo de la agricultura y el comercio, el hambre de progreso:
"Cuando Julio César recurrió al calendario egipcio para reformar el romano, en el año 45 a.C., introdujo el sistema de tres años de 365 días seguidos por un año bisiesto de 366 días. Esto originaba un año de 365 días y cuarto, 11 minutos y 14 segundos más largo que el ciclo solar real. A lo largo de los siglos, la acumulación de este reloj, como el de un reloj que atrasa, había producido una notable dislocación en el calendario. Como resultado de ello, durante la vida de Copérnico, el equinoccio vernal, que tradicionalmente señala el comienzo de la primavera en el hemisferio septentrional, había pasado del 21 de marzo al 11 de marzo. Los campesinos ya no se podían fiar del calendario para sembrar y cosechar los campos, y los comerciantes ya no podían depender del calendario para extender los contratos de entrega de los productos de temporada.

(...)

Sin embargo, cuando le pidieron a Copérnico que participara en el proyecto, respondió que todavía no había llegado el momento oportuno. Pese a que el viejo sistema geocéntrico ptolemaico no podía producir un calendario con la precisión requerida, todavía no existían pruebas suficientes para demostrar que su sistema heliocéntrico funcionara mejor."
De Revolutionibus Orbium Caelestium incluía un extenso prólogo sin firmar, escrito por Andreas Osiander, teólogo protestante, en el que dirá que el estudio de Copérnico era una simple hipótesis matemática, incapaz de describir los movimientos celestes.

En este sentido, fue imprescindible el desarrollo de varios inventos para dar otro paso hacia la consolidación de la teoría que da inicio a la revolución científica.

En primer lugar, el invento de Johannes Gutenberg, que hizo posible la expansión del conocimiento, la construcción de nuevas teorías basadas en el heliocentrismo desde todas las partes del mundo, simultáneamente; la imprenta (1440).

En segundo lugar, el telescopio (1590), que permitió a Galileo, aplicadas unas mejoras que hacían posible aumentar la visión hasta 10 veces más que el que llegó a sus manos por primera vez, descubrió los cuatro satélites de Júpiter, llamados "planetas mediceos" en honor de la familia del gran duque florentino Cosimo II de Médici; la forma oval de Saturno, las fases de Venus,... Las observaciones comenzaron a aportar pruebas directas de la realidad del sistema heliocéntrico:
"La gente prudente, sin embargo, no se mostraba dispuesta a permitir que un dudoso aparato nuevo anulara la evidencia de primera mano que aportaban los ojos. (...) El eminente aristotélico Cesare Cremonini se negó a perder el tiempo mirando por el artefacto de Galileo sólo para ver <<... lo que nadie más que Galileo ha visto... y, además, mirar por esos anteojos me produce dolor de cabeza.>>"
A lo que Galileo Galilei (1564-1642) respondió:
'Todas las dimensiones que han atormentado a los filósofos durante tanto tiempo quedan refutadas de inmediato por la innegable evidencia de nuestros propios ojos; quedamos así libres de las disputas retóricas sobre este tema, pues la galaxia no es más que una masa de innumerables estrellas que forman racimos. Se dirija el telescopio a donde se dirija siempre aparece a la vista una enorme cantidad de estrellas..."
Cabe destacar lo paradójico de la situación que respecto de la Iglesia tuvieron estos dos grandes astrónomos. Copérnico, "si bien no llegó nunca a tomar las órdenes sagradas, realizó cómodamente todas sus actividades en el seno de la iglesia. Y fue la iglesia la que posibilitó su dedicación a variadas tareas intelectuales y artísticas", mientras que Galileo fue condenado a abjurar públicamente de sus teorías, se prohibió su libro Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo y debería, ademas, permanecer en prisión por un período de tiempo indefinido.
"La historia del brutal juicio al que Galileo (llevado al cine por Joseph Losey en 1974) fue sometido ante la Inquisición es de todos conocida. Cuando le llegó en Florencia la orden papal de comparecencia, Galileo se encontraba en cama, gravemente enfermo. Los certificados médicos declaraban que su traslado a Roma podía resultar fatal. No obstante, el papa le amenazó con hacerlo llevar encadenado si no iba a Roma por voluntad propia. El gran duque de Florencia le proporcionó una litera y Galileo fue así transportado hasta Roma durante el frío mes de febrero de 1633. El juicio se centró en tecnicismos, en lo que el cardenal Bellarmino (inquisidor, beatificado en 1930 por el papa Pío XI, que condenó a Giordano Bruno por no retractarse de sus ideas sobre los múltiples sistemas solares y la infinitud del universo a ocho años en prisión y, posteriormente, a ser quemado vivo en la hoguera) le había o no le había dicho en 1616, o si había comprendido con claridad la desaprobación papal de las doctrinas copernicanas."
Hasta que la mañana del miércoles 22 de junio, Galileo se arrodilló ante el tribunal y obedientemente declaró a la edad de setenta años:
"Yo, Galileo, hijo del difunto Vicenzio Galilei, (...) considerando que después que este Santo Oficio me hubiera hecho llegar un requerimiento judicial en el sentido de que abandonara completamente la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que es inmóvil, y de que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y de que no debo sostener, defender ni enseñar, en manera alguna, de palabra o por escrito, dicha falsa doctrina, y, después de habérseme notificado que dicha doctrina era contraria a las Sagradas Escrituras, escribí y publiqué un libro en el que trataba esa doctrina nueva ya condenada y presentaba argumentos en su favor sin señalar ninguna solución para ellos, (...) de todo corazón y con fe verdeadera abjuro, execro y abomino los errores y herejías anteriormente citados, así como cualquier otro error, cualquiera que sea el error y la secta, contrarios a la Santa Iglesia, y juro que en el futuro no volveré a decir o a afirmar verbalmente ni por escrito nada que pueda causar una sospecha similar hacia mí; además, si conociera a alguna persona herética o sospeschosa de herejía, la denunciaré a este Santo Oficio o al inquisidor u ordinario del lugar en que me encuentre..."
Posteriormente, Johaness Kepler (1571-1630), siguiendo las ideas de Copérnico, intentó calcular una órbita circular de los planetas. Una vez agotadas todas las posibilidades en esta dirección, aplicó a su teoría el movimiento elíptico, del que parten sus famosas tres leyes (publicadas en 1609 en su obra Astronomia Nova). No deja de ser curioso que justo cuando era perseguido por la jerarquía católica por ser protestante, su propia iglesia lo "incomunicó" en 1612 a causa de su individualismo intransigente en materias doctrinales. Johannes Kepler se mantuvo como cristiano creyente dentro de la iglesia luterana y trató infructuosamente de obtener el levantamiento de su incomunicación.

La consolidación de la teoría heliocentrista se logra definitivamente con los Principios matemáticos de la filosofía natura (1687) de Isaac Newton (1643-1727), inventor del telescopio reflector.

Tanto Kepler como Galileo produjeron un cambio conceptual al pensar en un solo universo en donde no hay privilegios de ningún tipo: ya no existe el universo aristotélico dividido en dos regiones, la sublunar y la supralunar; el universo es un todo del que la Tierra sólo es una parte dependiente del resto. Kepler obtiene leyes matemáticas que dan cuenta del movimiento de los planetas y Galileo hace lo correspondiente en el mundo terrestre; pero aún era necesario encontrar leyes matemáticas que explicaran al mismo tiempo los fenómenos terrestres y los celestes. Este es precisamente el logro de la ley de gravitación de Newton (1685), aplicable tanto a fenómenos terrestres como celestes y en la que están contenidas y superadas las tres leyes de Kepler y la ley de la caída de los cuerpos de Galileo (.pdf).

Con relación a la iglesia:
"Como Michael Fowler observó:

Él (Isaac Newton) estudió erudición hebrea y a teólogos antiguos y modernos en gran profundidad y llegó a convencerse de que el cristianismo se había apartado de las enseñanzas originales de Cristo. Él se sintió incapaz de aceptar las creencias actuales de la Iglesia de Inglaterra, lo cual era desafortunado ya que, como un Miembro del Colegio de la Trinidad, se le requirió acoger órdenes sagradas. Felizmente, la Iglesia de Inglaterra era más flexible que la Iglesia Católica en estos asuntos, y ¡el Rey Carlos II expidió un decreto legal excusando a Newton de la necesidad de acoger órdenes sagradas! Realmente, para prevenir que esto sea un precedente extenso, el decreto especificó que, a perpetuidad, el profesor lucasiano no necesitaba acoger órdenes sagradas. (El profesor lucasiano actual es Stephen Hawking) [1995]."
Casi 2.000 años tardó el ser humano en aceptar y demostrar que la Tierra giraba alrededor del Sol, y pese a la censura durante gran parte de la Historia por parte de las instituciones que ejercían el poder en aras del mantenimiento de sus privilegios, queda demostrado que el desarrollo de las principales herramientas de comunicación (anteriormente la imprenta, y actualmente internet) hace inevitable la búsqueda de la Verdad.

Ya sea teorizando en base a propuestas anteriores, añadiéndoles nuestra perspectiva o ajustándolas a nuestra experiencia y/o contexto; o imaginando nuevas vías. Todas las mentes inquietas del mundo buscan una misma cosa: una respuesta a sus preguntas; antes incluso de haber solventado cualquier problema respecto a su supervivencia.

Hazte preguntas, aprovecha que actualmente hay información sobre casi todo, que puedes convertirte en un auténtico experto en lo que tú quieras; es la única forma que conozco de que una gota forme parte de un océano, siendo corriente.

Aristarco de Samos necesitó del uso de la Biblioteca de Alejandría para que Stephen Hawking haya podido investigar sobre la singularidad espaciotemporal, la radiación de Hawking y demás cosas que ya se le escapan a uno. Tú tienes internet.

Lo importante no es el tema, son los límites de tu curiosidad.

Para terminar, una charla de Steve Jobs de 2005 en la Universidad de Stanford que vi hace algún tiempo y que incluye una frase que creo que viene a completar lo que he querido expresar con esta entrada:

No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante, únicamente puedes conectarlos mirando hacia atrás. Tienes que tener la confianza en que de alguna manera los puntos se van a conectar en tu futuro. Tienes que tener confianza en algo, tu instinto, tu destino, tu vida, tu karma, lo que sea. Creer que a lo largo del camino tus puntos se unirán te da confianza para escuchar a tu corazón.



Muchas gracias.

La mayor parte de las citas han sido extraídas de
Los descubridores (Volumen II La naturaleza y la sociedad), de Daniel J. Boorstin.





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Actualización: 13/9/10 - 13:20

Cronología visual de la Cosmología, con imágenes desde el año 3.000 a. C. hasta 1983.

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