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lunes, 11 de agosto de 2014

Extranjero


Por la tarde, Marie vino a buscarme y me preguntó si quería casarme con ella. Le dije que me daba igual y que podíamos hacerlo si era su deseo. Me preguntó entonces si la quería. Contesté, como ya había hecho una vez, que nada significaba eso, pero que ciertamente no la quería. "¿Por qué te casarías entonces conmigo?", dijo ella. Le expliqué que la cosa no tenía importancia alguna, pero que si ella lo deseaba podíamos casarnos. Además, era ella la que lo preguntaba y yo me limitaba a responder que sí. Comentó ella que el matrimonio era una cosa seria. Respondí: "No". Se calló un momento y me miró en silencio. Después habló. Quería simplemente saber si yo habría aceptado la misma proposición de otra mujer, a la que hubiese estado unido de igual modo. Dije: "Naturalmente". Se preguntó entonces si ella me amaba a mí, pero yo nada podía decir sobre ese punto. Después de otro momento de silencio, musitó que yo era raro, que sin duda ella me quería por eso, pero que tal vez un día yo le repugnaría por las mismas razones. Como me callaba, porque nada tenía que añadir, me tomó del brazo sonriendo y declaró que quería casarse conmigo. Le dije que lo haríamos cuando quisiera.


Fragmento extraído de El extranjero, de Albert Camus.

viernes, 1 de agosto de 2014

Antepasados


mono maquina de escribir, maquina de escribir, mecanografo, mecanografia

(Vía Wikipedia a través de Pando Daily)

Esquina rota


después de estos cinco años de invierno nadie me va a robar la primavera

la primavera es como un espejo pero el mío tiene una esquina rota / era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido / pero aun con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve

el astutísimo neruda preguntaba en una de sus odas / ahora primavera dime para qué sirves y a quién sirves suerte que me acordé / para qué sirves / yo diría que para rescatarlo a uno de cualquier pozo / la sola palabra es como un ritual de juventud / y a quién sirves bueno mi modesta impresión es que servís a la vida / por ejemplo pronuncio simplemente primavera y me siento viable animoso viviente

parece que moví los labios cuando pronuncié primavera porque el de mi derecha me mira con alarma / pobre / tengo la impresión de que sólo sabe decir invierno / y además yo podría haber estado rezando qué carajo todavía se usa

una esquina rota / quizá la haya roto la nueva graciela la graciela distante pero esto es seguramente una locura y ella me esperará en el aeropuerto con beatricita y el viejo / todo recomenzará normalmente naturalmente aunque el espejo primavera tenga una esquina rota eso sí la tendrá seguro la tendrá

en cuanto pueda me compraré un reloj



Fragmento extraído de Primavera con una esquina rota.

viernes, 25 de julio de 2014

Paco Góngora


Salimos en la tele y en la prensa otra vez.






Por ahora no digo nada. Y lo digo todo.

jueves, 24 de julio de 2014

00:00


Casi sin darme cuenta, estoy empezando a rechazar moralmente a aquellos que consideran que el reloj marca las dos. En realidad, nunca son las dos. Los rechazo como seres inconscientes, aduladores de la banalidad y cíclicamente hipócritas, a conveniencia periódica. Empiezo a odiarlos, a pesar y consciente de que vivimos a tiempos dictados por el mismo reloj.

En su terca fantasía de pasar indelebles por el tiempo, se empeñan. Se empecinan discutiendo y defendiendo bravamente sus dos y media, sus tres menos cuarto... A este lado de los ojos, son las menos diez. Siempre fueron las menos diez, y las menos nueve vendrán seguidas de las menos ocho. Así hasta las 00:00, nada que ver con las doce.

martes, 22 de julio de 2014

Migración


La gran migración

No me gusta esa casa.
Hace un tiempo dejó de existir,
sin embargo sigue ahí delante.

Alguien ha tapado con pintura fresca
las escamas despegadas por el sol
y rellenado los huecos del viento
en la madera crujiente. El tejado
pesa más cada más mordiscos
traen los días a la desaparición.

Mucho antes me gustaba.
Pulsar el timbre y correr perseguido
de esa extraña satisfacción. Conocerte.
Jugar a jugar y no pensar si no en

verte.

Vernos más tarde.

Ahora la odio casi tanto, ojalá existiese.
Hace un tiempo que no existe la casa
ni nuestro mundo. Existe la memoria
que devuelve pasos entre gigantes,
caricias y antes rubores con remite.
La edad nos crece y fuimos
poco más que juguetes
aprendiendo a repararse.

El amor se va
sin despedirse.
Y si lo hace, indebidamente.

Queda su rastro para siempre
acartonado en el jardín:
“Se vende”.





SpNt2005 – 18/6/2014