viernes, 16 de julio de 2010

Videojuego




En esta charla en TED, a las que ya estoy empezando a aficionarme y deseando que tú también lo hagas visto lo que se puede aprender con una ración de 20 minutitos al día, Jane McGonigal, diseñadora de videojuegos, nos habla sobre los videojuegos online.

Tengo unos cuantos amigos que juegan al World Of Warcraft (WOW), lo que lo convierte casi inevitablemente en uno de los temas principales durante el tiempo que pasamos juntos, durante mucho tiempo, pero mucho, y no se cansan.

Hay una anécdota curiosa de uno de mis primeros compañeros de piso en Madrid, era "el peru" (sin tilde), era un tipo cuya vida era jugar al WOW por la noche con sus amigos de Perú, ir a clase por las mañanas y dormir por las tardes. Comía casi siempre en una fiambrera pasta con tomate, que dejaba en la olla incluso después de llenarla de agua para "limpiarla más fácil", aunque creo que era algo que ni él mismo creía; después de varias semanas aquello seguía en el fregadero. No era muy limpio el hombre. Y estaba enganchado al té de manzana... se bebía dos litros al día, mientras mataba bichos, con sus ¡Congélalo! a las cinco de la mañana, por supuesto.

Volviendo al tema principal, esta charla ha sido la responsable de que empiece a entender un poco mejor por qué esa gran cantidad de tiempo dedicada a los juegos, se esté o no delante de la pantalla.

Deducía algunas claves, pero además de buenos ejemplos, como la teoría de Malcolm Gladwell, de su libro "Fuera de serie", que afirma que para ser experto en cualquier área se necesitan unas 10.000 horas de práctica o estudio antes de los 21 años; la conclusión a la que he llegado después de esta charla ha sido que los videojuegos son una herramienta, una plataforma como puede ser un lienzo o una página en blanco; los bordes están definidos de una forma diferente pero el jugador viaja sobre el videojuego como lo hace la mirada sobre un cuadro o los significados sobre un texto. Es muy fácil definir algo como "bueno" o "malo", pero cada jugador siente una cosa diferente mientras intenta resolver los problemas que le proponen. Hay que pensar, y eso nunca será algo "malo".

jueves, 15 de julio de 2010

Caducidad

Tormenta

Un azulejo se arrastra
como una mala idea
alrededor del salón,
se desplaza
debajo del calor de moqueta
como la pieza de un puzzle
que ha descubierto una imagen de mentira,
buscando el borde,
el acantilado,
la caída,
fondo,
mar.

Se apoca la luz.

Arranca de cuajo una parcela
y queda descubierta
la tortuga responsable del temblor
sobre un ring de boxeo,
irguiendo la paciencia
hacia un lado y otro y lado;
amenaza con asaltar la mesa
y devorar el cenicero
lleno de colillas decapitadas,
sangrantes de humo industrial
tuyo.

Enumera en la pantalla del vídeo las vueltas de los relojes,
la antigüedad, la estrechez
del horario de las alarmas
como de visitas,
encuentra bajo los cojines del sofá
las hojas de calendario
arrancadas
como oportunidades
con treinta caducidades
sin cicatrices de tinta,
sólo números como heridas abiertas,
mías.

Un aire extranjero irrumpe,
agita las cortinas ardiendo,
los delgados pulmones de los libros
esperan un boca a boca
antes de que sea imposible
seguir el hilo de los protagonistas.
La buena idea se sucede
ante nuestros ojos
como esquinas dobladas
sin tiempo,
poesía,
voz.

El espanto invade la casa de otro color,
el calor funde las buenas intenciones
y deja dos caparazones temblando de frío
como martillos mecánicos sobre charco.

Aprovechamos un impulso de origen
hacia direcciones opuestas.

Ahora es cuando toca a la puerta la noche
a pedirme,
a decirme que le duele el corazón...
insinuando
que acabamos de llorarnos
como incautas tormentas de verano.


SpNt2005 - 15/7/2010

Excavación


Encuentran un barco del siglo XVIII enterrado en el solar de las Torres Gemelas

Lo que esconden bajo sí las ciudades no es más que los restos de nuestros antepasados, nuestra historia protegida de las inclemencias del tiempo y la necesidad sustitutiva y modernizadora del hogar del hombre, la ciudad.

En el futuro probablemente será un gran vertedero de basura de un incalculable valor retro, todo lo que nadie pudo o quiso comprar o vender antes de la catástrofe. Un cementerio de obsolescencias sentenciadas por el final de la producción, huérfanas del cariño que no venga de los nostálgicos e historiadores del futuro. Pero no hay que preocuparse, no habrá riesgo de descomposición, habrá mucho plástico enterrado.

Uno no sabe qué pensar de cosas como esta... pero probablemente nunca se habría encontrado.

Compulsión

Lo nuevo en la sociedad moderna fue que los hombres estaban ahora impulsados a trabajar, no tanto por la presión exterior como por una tendencia compulsiva interna que los obligaba de una manera sólo comparable a la que hubiera podido alcanzar un patrón muy severo en otras sociedades.

La compulsión interna tenía mayor eficacia en dirigir la totalidad de la energías hacia el trabajo que cualquier otra forma de compulsión externa. Por el contrario, en contra de ésta siempre existe un cierto grado de rebeldía que reduce la eficacia del trabajo o anula la capacidad de la gente para cualquier tipo de ocupación especializada que requiera inteligencia, iniciativa y responsabilidad. La tendencia compulsiva hacia el trabajo, por la cual el hombre llega a ser esclavo de sí mismo, no tiene esos inconvenientes. Sin duda, el capitalismo no se habría desarrollado si la mayor parte de las energías humanas no se hubieran encauzado en beneficio del trabajo. La tendencia compulsiva hacia el trabajo incesante fue una de las fuerzas más productivas, no menos importante para el desarrollo de nuestro sistema industrial que el vapor y la electricidad.

Extraído de El miedo a la libertad (.pdf), de Erich Fromm.

Prometeus



Prometeus es una simple propuesta del futuro de la comunicación.

Este vídeo lleva pululando por la web desde 2007 y aunque sus predicciones sobre fusiones empresariales (Google y Amazon, por ejemplo) parecen hoy poco probables y no haya tenido en cuenta la tendencia a la simplificación en la comunicación como el caso de twitter (sólo 140 caracteres para decirlo todo), ha planteado periódicos de pantalla flexible como el papel; la conclusión final que nos presenta es un buen tema de debate.

Parece evidente que la comunicación nos lleva a compartir experiencias puesto que la comunicación es en sí misma una experiencia; pero con la aparición de la experiencia virtual, ¿ésta superará a la experiencia física, la real?

En mi opinión, la física es inevitable, somos materia al fin y al cabo, nuestro cuerpo nos hace sentirnos capaces de todo y poco a poco envejece; y la virtual empieza a ser imprescindible en la sociedad en la que vivimos. Según Robin Dunbar, profesor de la Universidad de Oxford, el número máximo de individuos con los cuales se puede mantener una relación estable es de 150, y es posible que ninguna de esas personas tan importantes en nuestra vida, ya sea en el pleno personal o profesional, no resida en nuestra ciudad...

Y de ser así, de ser a través de una experiencia virtual la única forma de mantener contacto con nuestros amigos, ¿se le podría llamar soledad?