domingo, 31 de enero de 2010

Ego

Susúrrame al oído todo lo que quieras decirme antes de marcharte. Te escucharé con toda mi atención, pero tienes que entenderlo, no es algo que deba conocer todo el mundo, no debemos convertirlo en algo popular, trivial, nimio. No quiero que pienses ni pensar que piensan nada que no vaya a salir de tu silencio durante los próximos minutos. Seré enteramente tuyo, siervo de tu voz, funambulista de tu pulso. Sólo te ruego que me digas la verdad.

sábado, 30 de enero de 2010

Papel

Granada, un enero de 2010, conviviendo en una casa con auténticos amigos... viviendo la vida universitaria como un mundo por explorar, como un mundo por conocer. Estoy cambiando.

Hace un tiempo hice a un profesor de clase el primer editor lector de mi poesía. De mi vida. Le gustaron e incluso me propuso "publicar algo". Después de algunas cosas más, ahora mismo un editor que me dijo que le gustaron tiene mi número de teléfono; si no buscaré otros medios, pero lo mejor de todo esto es que realmente quiero ser poeta. No hace mucho le dije a Miky, "últimamente escribo poesías para ser leídas", y después de una infancia de absoluta y abominable timidez al respecto, exceptuando que gané un concurso en la escuela (lo hacía por el disfrute que ya era para mí escribir, no por ganar); me he lanzando a la utopía, quiero ser poeta. Empezar a aprender a recitar y enfrentarme al reto de pensar en publicar un libro.

La idea en un principio me asustaba... era algo inconmensurable, de hecho tengo un libro en mi casa con 500 poesías de todo tipo con una mía en su interior, bien guardada y recogida en el papel, calentita. Éso es para mí publicar un libro... posar mi vida sobre la Historia; y al parecer la única manera de hacerlo es a través certámenes, donde el único que publica y que se conoce es el que gana, el mejor, y a veces el más rentable. Es extraño poner una vida ante un juez... Me estremece, sin embargo, lo he hecho.

Era bastante niño, unos catorce años, no solía ir mucho a la Biblioteca de mi pueblo, no solía salir mucho de casa por las tardes, mi vida era básicamente casa, colegio y deportes extraescolares; mi infancia puede parecer bastante rutinaria en ese sentido, pero en muchas ocasiones era yo mismo el que la inventaba, era mi infancia, ¡y nadie podría impedir que fuera tierna y dulce!

La cuestión es que hubo un concurso de poesía en El Ejido, y yo, sobre mis delgadas piernas, y en gran parte gracias a mi profesor de música, me dirigí ya bien tarde a la Biblioteca a presentar varias poesías... nunca lo había hecho y lo de la plica no terminaba de quedarme claro... es decir, los bibliotecarios tuvieron que esperar a que terminase para cerrar. Al final creo que lo hice mal y todo. En cualquier caso, las envié todas, era algo que me sentía obligado a hacer, a demostrarme a mí mismo que quería sacar mis poesías al mundo. Se podría pensar que perecí ante un jurado pero no, el significado del acto en sí mismo para mí fue mucho más allá, ahí me demostré mi valentía de enseñarle mi poesía a una persona cuyo trabajo era valorar, para algún bibliotecario curioso que al día siguiente viera un estropicio de papeles grapados a un sobre, sueltas por ahí... libres. Nunca supe quién ganó el concurso.

bakuman, comic, mangaY para concluir toda esta inconmensurable parrafada a cargo de un feliz vagamundo en potencia, quería compartir con vosotros un cómic, Bakuman, de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, del que he refutado una posible respuesta a un conflicto interior respecto a lo de publicar un libro, ¿cómo debe ser mi hijo? Nunca he escrito para nadie más que para las imágenes, los ideales que he conocido a lo largo de mi vida, a las máscaras, a mis máscaras. No sé a quién pueden gustarle pero sé cuántas páginas quiere llevar, las mismas que las del libro de Cuaderno de Nueva York, de José Hierro (se lo regalé a un amigo). Sólo sé que quiero que la edición digital sea gratuita, utópica, libre. Sin lugar a dudas, nunca seré más rico de lo que ya soy pero está claro que me augura una vida de agujeros en los bolsillos de los pantalones... Pero, después de todo y ante todo, no hay momento en el que pueda sentirme más orgulloso de mí mismo que al tener la posibilidad de pensar sobre mí que soy, después de todo y ante todo, humilde.
Y feliz.

miércoles, 27 de enero de 2010

La Historia de los Vencedores

La Historia la escriben los vencedores.
Anónimo.

El ser humano es una especie más en este planeta, su valor biológico (valor como medida de lo infinito) es incuestionable, pero no vale más que los lobos, los osos polares, la garza, el esturión; incluso me atrevería a decir que nuestro ADN tiene el mismo valor que el de cada tipo de hierba, arbusto o árbol.

Sin embargo, se negocia con parcelas en la rebosante selva del Amazonas, se compran terrenos con más de 217 especies de árboles distintas para sembrar palma... eso que aliña el ketchup y que ha conquistado un gran número de estantes en cada supermercado. Está justificado, por el mercado, y refutado por la pantallita, que define un acto de supervivencia de un león como un atentado contra la delicada seguridad de las últimas chozas que se han construido.
Las especies no nos atacan, se defienden.

Somos la especie vencedora, disponemos del sistema vencedor (el que en su naturaleza lleva impregnada la proliferación de vencidos) y ambiciones suicidas. Hemos vencido hermanos humanos. Somos la plaga que no controla su extensión. Hemos superado la milagrosa cifra de seis millones y medio de individuos, aunque la inmensa mayoría de nosotros haya nacido para ser máquina.

Es un milagro sólo alcanzable a lomos del capitalismo, de las grandes multinacionales, guiados por el espíritu individual del rancho: mi casa y mi terreno. Todo ha salido a pedir de boca, tanto que creceremos hasta los nueve millones en 2050 cuando, para ser biológicamente sostenibles, deberíamos ser poco más de tres millones. Pero lo hemos conseguido. Todos somos iguales. Amos o esclavos.

sueño americano, american dreamLos últimos indios sobrevivieron gracias al turismo y hoy día unos con vestimentas masais dirigen un hotel en mitad de la sabana. Las tribus aborígenes primigenias del planeta están siendo extinguidas, si no física, culturalmente; un desliz, económicamente. Es la ideología de la Economía. Terminaremos por fin con los conflictos raciales en los países desarrollados donde se apartan a patadas a los inmigrantes africanos y sudamericanos, ¿por qué?; los esclavos negros no murieron porque fueron absorbidos por el sistema, la igualdad era necesaria dentro del sistema para crear la economía de consumo con seguridad, la economía del Sueño Americano, dejó de soñar en ser blanco para soñar con ser rico. África son las afueras del castillo medieval bien custodiado por Occidente.

El Sueño Americano... si el total de la población tuviera el mismo ritmo de consumo que los Estados Unidos de América, serían necesarios tres planetas para abastecer a toda la población. Hemos vencido.

Somos la especie regida por las ambiciones de la ideología del liberalismo económico que ha convertido al resto del planeta en su territorio, en un inmenso campo de cultivo y establos superpoblados, con pequeños zoos bajo el necesario (¿indicio de autorregulación?) sobrenombre de Reservas Naturales, mientras por las altas esferas se debate a qué especies debemos salvar "¿los carismáticos o todos?" Es triste que hayamos llegado a hablar sobre la rentabilidad de la supervivencia de una especie. El sistema ha vencido. Hemos vencido. Hemos vencido naciendo esclavos. Hemos vencido, la televisión emite veinticuatro horas y la Pandora digital florece, no hay motivo para arrepentirse...


Miradnos extraterrestres, hemos vencido... vencido...
un enero en Granada

sábado, 16 de enero de 2010

El beso

El bolígrafo giraba como la hélice de un helicóptero sobre su mano. Intentaba concentrarse en no estar nervioso. Había comenzado a creer en sí mismo después de haber convencido a su madre por teléfono a que hiciera su deliciosa tarta de manzana de postre para la cena; ya tenía el premio asegurado. Necesitaba terminar de creer en sí mismo, era un momento de vital importancia, por fin se disponía a comenzar su libro. El libro de su vida.

Estaba seguro de que iba a ser lo mejor que escribiría en su vida. El sudor de la frase "será lo mejor que escribiré en mi vida" se escapaba con la fragilidad de una lágrima a regañadientes a lo largo y ancho de su ceño fruncido. No dejaba de girar el bolígrafo sobre su mano.

Primero escribiría sobre su infancia, sobre el dinosaurio de plástico que había sido su único amigo durante tantos años y que probablemente llevaba varios lustros durmiendo en una caja de cartón en un almacén, rodeado de objetos sin memoria; sobre los largos viajes en barco capitaneando un viejo juego de bolos en el que los puertos de llegada y salida eran siempre el solitario centro de la habitación.

Empezaría con un "Érase una vez..."; "¡no!, "demasiado clásico", pensó; acarició la piel del papel suavemente en busca de algún minúsculo relieve que le inspirara algo mejor... "Todo comenzó una mañana...", tampoco, no recordaba con exactitud la hora de su nacimiento. "¡Mamá! ¿A qué hora nací?", gritó desde su asiento.

Estaba solo en casa y lo sabía, pero hasta el último momento mantuvo una fe ciega en que no había escuchado entrar a su madre en casa. Sus palabras eran de auxilio, de náufrago, saladas. Estaba solo, encallado delante de un papel en blanco, con un bolígrafo con la capucha puesta dándole vueltas alrededor de la mano... solo...

Sin saber en qué momento debía besarla.


beso, beso gracioso, besito