Debería escribir sobre la Humanidad. Concluir las cinco entradas del intento de compendio de mi teoría, pero he de hacerlo antes del lunes. Parece complicado. Hay mucho que escribir y más aún que pensar, son entradas largas por naturaleza... de hecho llevo una entrada a medias desde hace bastante tiempo... Lo único que me obliga a dejar de escribir son las necesidades básicas (comer, dormir...) y las "obligaciones" (aquello de ir a clase); aunque hace ya algún tiempo que dejó de ser una obligación.
Hace tiempo que empecé a construir mi vida fuera de la universidad. Es cierto que es una vida en gran medida solitaria, independiente en su origen y que poco a poco se va mezclando con pequeños grupos. Pero esto no ha hecho más que aumentar el valor de lo que significa la universidad para mí como germen de experiencias de aprendizaje. Hace un par de semanas le dije a Iris, mi compañera de piso, que iba a la universidad a escuchar conferencias en lugar de ir a clase. Y me encanta verlo así. Aprendo mucho más de la fugacidad de un instante en el que disfruto aprendiendo que de un cuaderno cargado de rutinas. También es verdad que tarde o temprano, no sé cómo pero sí gracias a quién, consigo los apuntes; pocos días antes del examen, como es lógico.
Pero es que estoy en Granada. Aquí sólo puedo vivir y pensar sobre qué escribiré; no he venido aquí para estar solo. Y escribir sobre la Humanidad con amigos alrededor se torna complicado cuando el tiempo se llena de vidas compartidas hasta quién sabe cuándo. El sosiego de la humildad llena mi cuerpo y me permite descansar la ambición que espero algún día me lleve a la independencia económica. Me convierte en un perezoso feliz.
Pienso sobre la Humanidad y hablamos sobre ella como turistas de paso, sin tener mucha idea de nuestro futuro no perdemos el lujo de soñar; aunque a veces termine pensando que las cosas que hago no son normales (refiriéndome casi exclusivamente a mis descuidos y a mi descanso del sentido de la responsabilidad en el sentido más amplio del contexto).
En Granada vivo y pienso sobre lo que escribiré, pero esta vez no escribo ni leo ni recito. Soy en Granada. Estoy vivo.
.
sábado, 8 de mayo de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Viña '10
Páramo, arboleda
Una nube mancha los viñedos,
huérfanos de cigarras que canten himnos
a la rectitud de sus hogares como ejércitos.
Una nube prosigue su viento
sobre una plaga con fecha prevista.
Se aleja una nube
y queman las pieles
y deshacen los temas
y los tira a la basura
que se acumula en los bordes.
El cénit de luz fosiliza las comisuras,
el plástico se aferra a la sombra
y se adhiere a las gargantas sin sombreros
como un vaho en el estómago,
un despertar de pesadilla.
Tarde estirada como una brisa.
Bebe, fuma y disfruta.
Y música.
Estrellas fugaces infinitas
en el universo de una mirada
afónica bajo los motores del acorde
que deja tras de sí un avión que no se oxida.
Mereció la pena volver a verte
porque te vi
con tu vestido de diamantes,
invisible.
Te vi
perdida en un páramo de nubes,
me viste
en mitad de una arboleda de soles.
Una nube mancha los viñedos,
huérfanos de cigarras que canten himnos
a la rectitud de sus hogares como ejércitos.
Una nube prosigue su viento
sobre una plaga con fecha prevista.
Se aleja una nube
y queman las pieles
y deshacen los temas
y los tira a la basura
que se acumula en los bordes.
El cénit de luz fosiliza las comisuras,
el plástico se aferra a la sombra
y se adhiere a las gargantas sin sombreros
como un vaho en el estómago,
un despertar de pesadilla.
Tarde estirada como una brisa.
Bebe, fuma y disfruta.
Y música.
Estrellas fugaces infinitas
en el universo de una mirada
afónica bajo los motores del acorde
que deja tras de sí un avión que no se oxida.
Mereció la pena volver a verte
porque te vi
con tu vestido de diamantes,
invisible.
Te vi
perdida en un páramo de nubes,
me viste
en mitad de una arboleda de soles.
miércoles, 5 de mayo de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
Invasión
No demasiado a menudo pienso (,) en qué me lleva a escribir. Supongo que el que escribe lo hace en primer lugar porque piensa antes, y sobre todo después, de cada cosa que hace. La predicción y el arrepentimiento son deportes que debieran formar parte de cada uno de nosotros, pero resultaría demasiado utópico un deporte de un solo equipo, más comúnmente conocido como "arte".
El arrepentimiento ya lo dejé atrás, la falta del miedo a la equivocación y tras la aceptación de las consecuencias como algo absolutamente impredecible en la mayoría de casos, sólo queda la intención o el propósito para valorar si debemos o no arrepentirnos ante un hecho que puede haber concluido en un presunto error (el enfado de alguien hacia nuestra persona puede resultar algo hartamente beneficioso en algunos casos). Y no me gustan los enemigos, así que no hay razón para coleccionarlos haciendo del daño la base de mis acciones.
Los enemigos sólo sirven para dos cosas: para generar sufrimiento gratuito e insatisfacción propias de la contradicción lógica y evidente entre el afán de superación y la humildad; y para ganarse el sueldo lanzando relojes de cocina a diestro y siniestro. Y digo relojes de cocina porque la única razón medianamente convicente (en caso de que la hubiera) que se me ocurre para acusar a alguien de ser enemigo de uno es que éste se aproveche de algo que creemos nuestro ¿y qué es "nuestro"? Nuestro tiempo. Y no creo que la mejor forma de utilizar lo nuestro sea pelear por la autoridad de un hecho que a su vez impide el nacimiento de nuevas ideas. Si se es mejor o peor que otro (cosas de la selección natural) es por el presente y la proyección de futuro, no por el punto de partida o el grado de codicia que brilla en nuestros ojos delante de una copa de champán francés que más que champán es la ebullición del sudor de otro (a ser posible de nuestro enemigo).
Es cierto que hay mucho talador de árboles, pero hay leña que es mejor no quemar si no queremos que el tiempo dedicado a un capricho exclusivo de la ignorancia o la estupidez de otro nos asfixie. Para eso están los abogados (entiéndase en el término más comprometido de la palabra, no estrictamente profesional), para eso deberían estar. No hablo de leyes, hablo de hacer pagar a alguien el tiempo perdido en base a procesos judiciales (eso es la Justicia ¿no?) innecesarios con más de su tiempo (no necesariamente entre rejas, estoy hablando de tiempo, no de lugar), y si pudiera ser haciendo lo que habríamos hecho nosotros durante el tiempo que nos hizo perder mejor que mejor ¿no les parece?
Si la gente con tiempo libre no se dedicara a invadir el tiempo de otros más ocupados no habría guerras ni colonialismos ni expansiones ni vencedores ni vencidos. Pero eso es otra Historia, la Historia de los solitarios condenados a vivir en sociedad, la Historia de los deportistas sin futuro.
El arrepentimiento ya lo dejé atrás, la falta del miedo a la equivocación y tras la aceptación de las consecuencias como algo absolutamente impredecible en la mayoría de casos, sólo queda la intención o el propósito para valorar si debemos o no arrepentirnos ante un hecho que puede haber concluido en un presunto error (el enfado de alguien hacia nuestra persona puede resultar algo hartamente beneficioso en algunos casos). Y no me gustan los enemigos, así que no hay razón para coleccionarlos haciendo del daño la base de mis acciones.
Los enemigos sólo sirven para dos cosas: para generar sufrimiento gratuito e insatisfacción propias de la contradicción lógica y evidente entre el afán de superación y la humildad; y para ganarse el sueldo lanzando relojes de cocina a diestro y siniestro. Y digo relojes de cocina porque la única razón medianamente convicente (en caso de que la hubiera) que se me ocurre para acusar a alguien de ser enemigo de uno es que éste se aproveche de algo que creemos nuestro ¿y qué es "nuestro"? Nuestro tiempo. Y no creo que la mejor forma de utilizar lo nuestro sea pelear por la autoridad de un hecho que a su vez impide el nacimiento de nuevas ideas. Si se es mejor o peor que otro (cosas de la selección natural) es por el presente y la proyección de futuro, no por el punto de partida o el grado de codicia que brilla en nuestros ojos delante de una copa de champán francés que más que champán es la ebullición del sudor de otro (a ser posible de nuestro enemigo).
Es cierto que hay mucho talador de árboles, pero hay leña que es mejor no quemar si no queremos que el tiempo dedicado a un capricho exclusivo de la ignorancia o la estupidez de otro nos asfixie. Para eso están los abogados (entiéndase en el término más comprometido de la palabra, no estrictamente profesional), para eso deberían estar. No hablo de leyes, hablo de hacer pagar a alguien el tiempo perdido en base a procesos judiciales (eso es la Justicia ¿no?) innecesarios con más de su tiempo (no necesariamente entre rejas, estoy hablando de tiempo, no de lugar), y si pudiera ser haciendo lo que habríamos hecho nosotros durante el tiempo que nos hizo perder mejor que mejor ¿no les parece?
Si la gente con tiempo libre no se dedicara a invadir el tiempo de otros más ocupados no habría guerras ni colonialismos ni expansiones ni vencedores ni vencidos. Pero eso es otra Historia, la Historia de los solitarios condenados a vivir en sociedad, la Historia de los deportistas sin futuro.
miércoles, 28 de abril de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)