lunes, 29 de marzo de 2010

Flor

Ya casi está :)

Ahora es cuando estoy empezando a ser completamente consciente de lo que ha significado el reto de publicar un libro. He puesto al límite mi propia personalidad y me he enfrentado a varias concepciones que debían ser y han sido bien asimiladas antes y durante el enfrentamiento que supone para mí el mero hecho de escribir.

Empiezo a ser consciente de que soy un líder nato. Lógico si tenemos en cuenta que soy un solitario. Soy mi propio líder, me baso en mi mundo para decidir qué me hace más feliz en cada momento y, si tengo la oportunidad, lo hago. ¿No es lo que debería hacer todo el mundo? Somos individuos al fin y al cabo... Aún así, ello me posiciona ante diversos dilemas, límites, fronteras de mi realidad que pueden no ser compartidas y autocrítica, mucha autocrítica.

Los principales límites a los que he enfrentado mi personalidad han sido dos: el que separa la ambición de la codicia (la humildad es la única cuerda que evita el golpe), y la que divide la confianza en mí mismo y en mi ignorancia de la temeridad (aprender es la única opción). La voz hace tiempo que dejó de temblarme. Soy joven, soy mi propio límite.

Respecto al libro, me he enfrentado a dos escalas.

A escala global, a la hora de organizar las poesías en varias categorías. Partiendo de que cada poesía resultaba en un principio inclasificable, el orden ha sido cuestión de opiniones externas y diversas notas mentales, que me han ido ayudando durante todo este proceso que va durando ya casi un mes.

La escala individual ha sido la más difícil de superar. Partimos de que he escrito mucho, y he tenido que seleccionar muchas (aún no sé ni cuántas poesías son en total), y esas muchas han sido escritas desde hace tres años hasta hoy (más o menos)... y durante ese período hemos cambiado mucho, yo y mi poesía. Dicho esto, ¿qué hacer? ¿Dejar las poesías tal y como vinieron al mundo o recolocar, añadir ciertas piezas que las enriquezcan sin hacerles perder su naturaleza primigenia?

Debido a las grandes diferencias que presentaban las escritas con más anterioridad y las más actuales, decidí intentar transportar las pasadas a mi presente al mismo tiempo que, no sé si a propósito, iba dejándome atrapar por un perfeccionismo abstracto, que a su vez me iba conduciendo irremediablemente a una espiral de insatisfacción. Tuve miedo. Tuve que descansar.

Hace poco encontré la clave: voy a hacerlo lo mejor que pueda.

En este sentido podría decir que una poesía es como una rosa: su tallo nos guía hacia la flor, pero hay espinas que nos van rasgando la piel y nos despiertan los sentidos. El tallo no debe ser ni demasiado largo ni demasiado espinoso, pues no debemos olvidar que es la rosa lo que busca la inocencia. Sí, escribo para las inocencias, incluida la mía. El tallo también puede presentar algunas hojas, que den verde a los poemas más largos para respirar el mismo aire que respira la flor y tomar luz del sol que la vio nacer. Puede pensarse que una vez dicho esto, lo más difícil es la flor: mentira. La flor dependerá de lo fuerte que sea su tallo, de las hojas por las que respire y del olfato de la inocencia. El único desafío del poeta es el camino, el aroma únicamente puede aportarlo la naturaleza.

Y como en un bonito jardín todas las plantas deben estar en flor, independientemente de su talla (el buen jardinero es el que ayuda a la planta a ser más planta, no el que la humaniza), durante este mes me he pasado horas y horas mimando cada una de las flores para conocerlas perfectamente antes de atreverme a colocarlas definitivamente en mi pequeño gran jardín; y creo que ya se han ganado ser eternas.

Se acerca el turno de lo incontrolable.

domingo, 28 de marzo de 2010

Nombre

Aún se me hace extraño hablar de mi libro como algo mío, lo hago pero, aunque no lo parezca, me cuesta.

Soñar... es lo único que le pido a mi futuro y es cuestión de jugárselo todo a una carta, sin trampas ni cartón; si caigo, que la caída me impida abrir los ojos de nuevo, quiero olvidarme y seguir respirando enchufado a mi empleo. Aunque algunos pensaran que incluso debiera agradecerle a mi jefe la oportunidad de facilitarme mi presunto derecho a seguir con vida, aún cuando sería él mismo el ladrón de mi tiempo.

La esclavitud y el arte son lo único que ha perdurado todos los tiempos, ambos son innatos al hombre e indemnes a las embestidas de la erosión; uno se construye sobre los pilares del otro y cierran un círculo insostenible, pero eterno.

Soy consciente de que carezco de significado dentro de esta página, y fuera también. Una palabra muda, esperando que mi cultura me atribuya sus juicios.

Hago oídos sordos, naufragando en las posibilidades de mi significado, mientras espero a que me digas mi nombre.

sábado, 27 de marzo de 2010

Aburrimiento

El aburrimiento es algo exclusivo de los sordos. Se aburre aquel que no sabe escuchar, aquel que no encuentra los matices de su propia voz en el silencio, aquel que cree que su pensamiento no tiene nada interesante que susurrarle, que su no ruido es incapaz de hacerle temblar.

jueves, 25 de marzo de 2010

San Nicolás

Debido a ciertas responsabilidades me he visto en la obligación de volver a Madrid antes de regresar a casa. Casi pasaré más del 70% del día de hoy viajando: autobús, metro, más metro y más metro; y mañana avión, y autobús, y hogar, y descanso.

La Granada que yo visito cada cierto tiempo no entiende de estrés ni nerviosismos, es una fortaleza reducida a lo estrictamente necesario: un tema de conversación y cada uno especialista en lo suyo (y ajedrez). Pero no siempre hemos estado rodeados de cuatro paredes.

Calle Elvira en sí es un homenaje a la Granada antigua, vieja, pueblerina, la Andalucía de origen árabe (la que aún no se ha "actualizado"), con la Alhambra presidiéndola sujetando en sus entrañas la Historia de la ciudad. Dragón Rojo, las Marismas, la Perra, la Who... son los nombres en los que se dividían la mayoría de tardes y la noche; y una en particular "La Tertulia", un barecillo donde recitan poesía, al parecer bastante visitado por los poetas consolidados de la ciudad (con Luis García Montero como ídolo popular), no leí y apenas escuché a tres voces interesantes. A mí me tocó en el Paseo de San Nicolás, en un principio algo más tranquilo si no hubiésemos coincidido con un botellón de guiris. No importó en absoluto.

El libro va poco a poco. He hecho algunas variaciones en todas las áreas; algunos versos de algunas poesías, algunas palabras, el orden, variaciones en la clasificación por categorías, quitar algunas, poner ninguna...

No lo he tocado demasiado durante estos días pero ya tengo una versión impresa sobre la que ir mirando algunos detalles; el error fue imprimirlo a una sola cara, la impresión al verlo fue cuanto menos sorprendente. También envié una primera versión a unos amigos a expensas de conocer su opinión y, a vistas que tanto el prólogo como la portada también tendrán que esperar, haré una primera copia más o menos decente, a doble cara y encuadernada para regalársela a mis padres. Quería haberles regalado hoy, que cumplo 21 años (que no lo había dicho), un libro, pero tendremos que conformarnos todos con un proyecto de libro... Sé que aún así les hará mucha ilusión. Mañana ya os cuento qué tal el cumpleaños, etcétera, etcétera. Por ahora, a descansar un poquito, me espera un día duro.