jueves, 30 de junio de 2011

Derek Walcott

De Garcetas blancas (2010)

Uno de los regalos recibidos durante mi visita al José Salazar


The Acacia Trees

I


You used to be able to drive (though I don't) across
the wide, pool-sheeted pasture below the house
to the hot, empty beach and park in the starved shade
of the acacias that print those tiny yellow flowers
(blank, printless beaches are part of my trade);
then there were men with tapes and theodolites who measured
the wild, uneven ground. I watched the doomed acres
where yet another luxury hotel will be built
with ordinary people fenced out. The new makers
of our history profit without guilt
and are, in fact, prophets of a policy
that will make the island a mall, and the breakers
grin like waiters, like taxi drivers, these new plantations
by the sea; a slavery without chains, with no blood spilt—
just chain-link fences and signs, the new degradations.
I felt such freedom writing under the acacias.


II


Bossman, if you look in those bush there, you'll find
a whole set of passport, wallet, I.D., credit card,
that is no use to them, is money on their mind
and is not every time you'll find them afterwards.
You jest leave your bag wif these things on the sand,
and faster than wind they jump out of the bush
while you there swimming and rubbing tanning lotion,
and when you find out it is no good to send
the Special Unit, they done reach Massade.
But I not in that, not me, I does make a lickle
change selling and blowing conch shells, is sad
but is true. Dem faster than any vehicle,
and I self never get in any commotion
except with the waves, and soon all that will be lost.
Is too much tourist and too lickle employment.
How about a lickle life there? Thanks, but Boss,
don't let what I say spoil your enjoyment.


III


You see those breakers coming around Pigeon Island
bowing like nuns in a procession? One thing I know,
when you're gone like my other friends, not to Thailand
or Russia, but wherever it is loved friends go
with their different beliefs, who were like a flock
of seagulls leaving the mirror of the sand,
or a bittern passing lonely Barrel of Beef,
or the sails that an egret hoists leaving its rock;
I go down to the same sea by another road
with manchineel shadows and stunted sea grapes
dwarfed by the wind. I carry something to read:
the wind is bright and shadows race like grief,
I open their books and see their distant shapes
approaching and always arriving, their voices heard
in the page of a cloud, like the soft surf in my head.


---


Las acacias

I


Antaño se podía (aunque yo no) cruzar en coche
anchas praderas con charcos que rodean la casa,
llegar al calor de una playa vacía, aparcar
a la sombra de acacias y sus florecillas gualdas
(mi oficio incluye las costas desiertas, sin hollar);
mas llegaron hombres para medir con teodolitos
la tierra agreste y quebrada. Vi las fincas aciagas
sobre las que otro hotel de lujo se levantará
cercado, excluyendo a las gentes. Los nuevos gestores
de la historia se benefician sin remordimientos
y, de hecho, abogan por una política que hará
de la isla un centro comercial, sonreír a las olas
cual camareros o taxistas, las nuevas colonias
junto al mar: esclavos sin grillos, sin sangre caída,
sólo vallas y señales, degradación por vida.
Gran libertad sentí al escribir bajo las acacias.


II


Señor, mire en esos arbustos de ahí, están
su pasaporte, cartera, DNI y tarjeta
de crédito, que no les sirve, es sólo dinero
que quieren, y no siempre hay suerte de hallarlos luego.
Con que deje su bolso y todo eso en la arena
saltan desde un arbusto más rápidos que el viento
mientras nada allí o se da crema bronceador,a
y cuando se da cuenta no merece la pena
llamar policía, que ya han llegado a Massade.
No ando metido en eso, yo no, algunas monedas
hago vendiendo y soplando caracolas, triste es
pero cierto. Son más rápidos que cualquier auto,
y a mí nunca me ha gustado eso de armar un lío
menos con las olas, y eso casi se ha perdido.
Aquí hay muchos turistas y muy poco trabajo.
¿Qué hay de un poco de vida? Gracias, pero, señor,
no deje que lo que le digo le agüe la fiesta.


III


¿Ves las olas que rodean Pigeon Island como
procesión de monjas con la cabeza gacha? Esto
sé: cuando te hayas ido, como mis compañeros,
no a Tailandia o Rusia, sino adonde los devotos
amigos sea que se van con sus varios credos
cual banda de gavias que se alejan del espejo
de la arena, o avetoro al cruzar el aislado
Barrel of Beef, o las velas que iza una garceta
al dejar su roca; bajo al mismo mar por senda
distinta con sombras de manzanillos y uveros
endebles por el viento deslucidos. Leeré algo:
brilla el aire y las sombras corren como las penas,
abro sus libros, veo sus formas a lo lejos
que se acercan y como siempre llegan, sus voces
en la hoja de una nube, la espuma en mi cabeza.







(Traducción de Luis Ingelmo)





Conversations with Derek Walcott
, premio Nobel de Literatura en 1992.

No hay comentarios

Publicar un comentario

© Lo supe en cuanto te vi
Maira Gall