sábado, 6 de marzo de 2010
Chile: la globalización de las catástrofes
El pasado 27 de Febrero a las 3:34 horas, un terremoto sacudió Chile con una intensidad de 8.8 grados en la región del Bio Bio, siendo éste el epicentro. Posteriormente se sucedieron numerosas réplicas en todo el país. Por ahora, hay 452 los cadáveres identificados de las 660 víctimas que ha dejado tras de sí el seísmo.
Pero esta no es la única catástrofe natural ocurrida durante las últimas semanas, al terremoto se le han sumado inundaciones, una gran tormenta que afectó gravemente a Francia y Alemania, corrimientos de tierra, congelamiento de las aguas en las costas de los países nórdicos,... Quizás sea fruto de la casualidad, pero no podemos descartar que esta serie de grandes desastres naturales estén relacionados con el cambio climático.
Algo está pasando, quizás sea que antes no se enumeraban una a una las catástrofes en los telediarios, o quizás ocurrían en lugares que anteriormente no habían sido habitados por el hombre... Es imposible saberlo a ciencia cierta, lo que está claro es que nunca antes los desastres naturales habían ocupado tanto espacio en los telediarios.
viernes, 5 de marzo de 2010
Pause
No puedo más... estoy realmente agotado... No pensaba que sería tan complicado esto de tomárselo en serio... Llevo 5 horas para apenas 29 páginas...
La cosa es que no es sólo elegirlas, me he dado cuenta de que hay un montón de poesías que podía mejorar, de hecho, no paso a la siguiente hasta que la recito y suena bien... También soy consciente de que eso de la rima consonante y asonante ha perdido un poco de sentido para mí, y ahora mismo no sé si para bien... no me imagino contando sílabas con los dedos (infinitas veces), quizás otro lustro... Aunque también me estoy dando cuenta de que sólo las estoy maquillando, desempolvándolas un poco, desenterrando su esencia y al mismo tiempo adentrándome un poco más en ellas, en mí; y es sobre todo esto último lo agotador... el maniobrar con poesías escritas hace ya bastante tiempo no deja mucho margen a la memoria y la lectura es casi un ejercicio de reescritura, un en qué estaría yo pensando cuando escribí esto... No sé si eso significa escribir bien pero, por suerte, hay una cuantas que puedo descifrar y simplificarlas en su forma sin restarles significado, aclarar la dirección de los vientos que espero hagan navegar a este barquito de papel en que se está convirtiendo esta utopía.
Por otra parte, tengo que prepararme una presentación de una hora sobre el guión para la próxima clase, otra (de sólo cinco minutitos) sobre los programas de divulgación científica en televisión, publicar tres entradas sobre el terremoto de Chile que caerán en breve, organizarlo todo para grabar un corto la semana que viene (de sólo 90 segundos pero bastante complicado), escribir un artículo literario de entre 500 y 800 palabras (en teoría valdría cualquiera del blog, ya veremos cómo llego de tiempo, aunque me gustaría hacerlo por el simple placer de escribir -no lo hice-), estudiar para el examen de Producción televisiva, la asignatura a la que nunca he ido porque me coincide con las clases, del próximo jueves (parece que no será demasiado difícil, bueno, eso espero...), intentar terminar el fanzine de 16 páginas que estoy haciendo con un buen amigo (por suerte no depende tanto de nosotros ahora mismo -tampoco lo hicimos-), comprarme una camiseta con el número 3 para jugar al baloncesto (que llevo un siglo sin ir a los partidos -encontré la mía en El Ejido pero dejé de jugar en el equipo-) y seguir investigando en la universidad yo que sé de qué ya... y llamar a mis padres, que los echo de menos.
Ufff! Cualquiera se enamora... menos mal que no tengo que proponérmelo, o así ha sido siempre.
Mañana continuaré con el libro e intentaré hacer algo más, pero creo que empezaré por el final... que si no mis padres se van a asustar.
La cosa es que no es sólo elegirlas, me he dado cuenta de que hay un montón de poesías que podía mejorar, de hecho, no paso a la siguiente hasta que la recito y suena bien... También soy consciente de que eso de la rima consonante y asonante ha perdido un poco de sentido para mí, y ahora mismo no sé si para bien... no me imagino contando sílabas con los dedos (infinitas veces), quizás otro lustro... Aunque también me estoy dando cuenta de que sólo las estoy maquillando, desempolvándolas un poco, desenterrando su esencia y al mismo tiempo adentrándome un poco más en ellas, en mí; y es sobre todo esto último lo agotador... el maniobrar con poesías escritas hace ya bastante tiempo no deja mucho margen a la memoria y la lectura es casi un ejercicio de reescritura, un en qué estaría yo pensando cuando escribí esto... No sé si eso significa escribir bien pero, por suerte, hay una cuantas que puedo descifrar y simplificarlas en su forma sin restarles significado, aclarar la dirección de los vientos que espero hagan navegar a este barquito de papel en que se está convirtiendo esta utopía.
Por otra parte, tengo que prepararme una presentación de una hora sobre el guión para la próxima clase, otra (de sólo cinco minutitos) sobre los programas de divulgación científica en televisión, publicar tres entradas sobre el terremoto de Chile que caerán en breve, organizarlo todo para grabar un corto la semana que viene (de sólo 90 segundos pero bastante complicado), escribir un artículo literario de entre 500 y 800 palabras (en teoría valdría cualquiera del blog, ya veremos cómo llego de tiempo, aunque me gustaría hacerlo por el simple placer de escribir -no lo hice-), estudiar para el examen de Producción televisiva, la asignatura a la que nunca he ido porque me coincide con las clases, del próximo jueves (parece que no será demasiado difícil, bueno, eso espero...), intentar terminar el fanzine de 16 páginas que estoy haciendo con un buen amigo (por suerte no depende tanto de nosotros ahora mismo -tampoco lo hicimos-), comprarme una camiseta con el número 3 para jugar al baloncesto (que llevo un siglo sin ir a los partidos -encontré la mía en El Ejido pero dejé de jugar en el equipo-) y seguir investigando en la universidad yo que sé de qué ya... y llamar a mis padres, que los echo de menos.
Ufff! Cualquiera se enamora... menos mal que no tengo que proponérmelo, o así ha sido siempre.
Mañana continuaré con el libro e intentaré hacer algo más, pero creo que empezaré por el final... que si no mis padres se van a asustar.
jueves, 4 de marzo de 2010
Inédito
Elegir a los hijos que serán herederos del primer volumen de mi memoria es harto agotador; apenas he seleccionado unas 50 poesías de todos mis tiempos, respetando al resto, pues es más que cierto que forman parte de ellas, aunque sólo sea por haber despejado o aclarado mi mente anterior y posteriormente a las cobardes palabras que he tenido que arrastrar hasta el presente; y estoy agotado.
En uno de esos instantes en los que no sé muy bien sobre qué estoy pensando concretamente ha vuelto a mi cabeza una frase de un director de cine español (no recuerdo quién, típico de mí); decía algo así como, "con la llegada del cine sonoro se inventó el silencio". Curioso si nos fijamos en que antes del sonoro el silencio se adueñaba de cada uno de los movimientos de los personajes... Pues, de la misma forma, cuando publique mi primer libro, aunque no esté en librerías, aunque no lo conozca casi nadie, aunque quizás nadie lo compre y, lo que es peor, pocos tendrán la oportunidad de decidir si lo leen o no... habré inventado un nuevo concepto dentro de mi propia poesía... el "inédito". Un absurdo a estas alturas... nunca he escrito pensando en publicar, y hace mucho que comparto mi presunta ortografía.
En cualquier caso y aunque mi cuerpo haya dejado de expandirse (al menos en el eje vertical), creo que estoy creciendo. Quizás me esté acercando a mí mismo o a lo que quiero ser... no sé, el tiempo dirá cuánto ha de durar este sueño o cuánto me queda por soñar.
En uno de esos instantes en los que no sé muy bien sobre qué estoy pensando concretamente ha vuelto a mi cabeza una frase de un director de cine español (no recuerdo quién, típico de mí); decía algo así como, "con la llegada del cine sonoro se inventó el silencio". Curioso si nos fijamos en que antes del sonoro el silencio se adueñaba de cada uno de los movimientos de los personajes... Pues, de la misma forma, cuando publique mi primer libro, aunque no esté en librerías, aunque no lo conozca casi nadie, aunque quizás nadie lo compre y, lo que es peor, pocos tendrán la oportunidad de decidir si lo leen o no... habré inventado un nuevo concepto dentro de mi propia poesía... el "inédito". Un absurdo a estas alturas... nunca he escrito pensando en publicar, y hace mucho que comparto mi presunta ortografía.
En cualquier caso y aunque mi cuerpo haya dejado de expandirse (al menos en el eje vertical), creo que estoy creciendo. Quizás me esté acercando a mí mismo o a lo que quiero ser... no sé, el tiempo dirá cuánto ha de durar este sueño o cuánto me queda por soñar.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Caída
Unos pocos bajaron la cabeza, extasiados por la sequedad del humo atrincherado en las catacumbas de la gran ciudad. Eran tiempos de conflicto, como siempre.
Seguía mirándoles, buscando alguna palabra en alguna boca, algún brillo en alguna pupila; la muchacha que había permanecido atenta durante todo el discurso, sentada junto al joven de veinte a treinta años de edad, seguía mirándome, boquiabierta e inmóvil. Quizás la estaba esperando a ella, quizás ella había pasado la mayor parte del viaje, de su vida, buscando a alguien que la esperara. Pero no habló. Antes de su segunda oportunidad para hacerlo, una madre y una hija de apenas cinco años entraron en el vagón y todo quedó iluminado por sus perfectas trenzas de perfecta simetría, rubias, como muelles sobre su cabeza inquieta y curiosa. Fue entonces cuando decidí abandonar el vagón definitivamente, no quedaba nada más que decir y no me atrevería a desterrar a un ángel del paraíso por lo que seguro se quedaría en un capricho, una anécdota del destino que zumbaría durante un máximo de tres paradas la mente de aquellos viajeros comunes, presos. ¿Cómo puede ser libre alguien que no se estremece al hablar de la libertad?
Me bajé del vagón al tiempo que la niña me regaló la intensidad de su inocencia y no miré atrás.
Mis pensamientos se transformaron en algo ajeno a mí. Me había convertido en un joven que arrastraba sus pies por entre las galerías, rodeado de murmullos de ignominia y sospecha; un joven alto y delgaducho, moreno, pelo corto: trasquilado; un joven de mirada perdida que intentaba recapacitar sobre qué acababa de hacer, sobre qué demonios pretendía con aquella demostración de a saber qué... de quiebra, rebeldía, insatisfacción, utopía,... locura al fin y al cabo.
Antes de que pudiera avanzar en lo que debiera haber pensado ese joven en aquel vagón durante los últimos diez minutos, un torrente de pensamientos le colapsó los sentidos: ideas asesinadas por el olvido, comentarios secuestrados, bocetos de perfiles de cada uno de los integrantes de aquel vagón en base a sus disfraces, la naturaleza abstracta y única de esas miradas le hicieron ceder ante su intención de concentrar su mente en una sola cosa. Cosa concreta que no llegó a tiempo a su cabeza, que quedó renqueante, sumida en una sensación de fracaso, cansada ante la obviedad de la impertinencia propia de los egoístas que llevaban varios siglos predicando su dogma: "Homo homini lupus"(.doc). No le dio tiempo a discernir qué diferenciaba a un lobo de un hombre, ni a recordar la forma de una luna llena, desconectó de todo cuanto le era inteligible y anduvo con destino memorizado por los pasillos que habían pasado a ser tan propios como los de su propia casa tras haber recorrido una y mil veces sus corrientes. Como un recluso de sí mismo.
Salió de la estación, se dejó arrastrar por la marea de voces y motores hasta la entrada de la universidad, cruzó un pasillo de unos veinte metros de luz, empujó hacia abajo una manilla dorada ya acompasada a su pulso y entró en el aula por la puerta más alejada de la voz chirriante de la profesora de turno, aún con la cabeza gacha. No saludó a nadie. Se sentó solo al final de la clase con la sucia y prácticamente vacía bolsa de tela colgada aún del hombro. Se acomodó sin gestos abruptos, sólo miradas vacilantes hacia el exterior en busca de cualquier significado que pudiera transmitirle el movimiento de las hojas más allá de la crudeza del invierno. Aún no conseguía asimilar lo que acababa de hacer. Sólo era un idiota, y lo sabía.
Terminó la clase.
- ¿Otra vez llegando tarde?- le susurró una voz a sus espaldas -Si quieres luego te paso los apuntes, ¿tienes grupo para hacer el trabajo? Qué digo, si lo ha explicado antes de que llegaras,... ¿te apetecería hacerlo conmigo?
- Vale.
- ¡Vale!
Era la única mujer de clase con la que mantenía una relación cordial, de hecho era casi la única persona de clase con la que mantenía relación. Ése no era su sitio, y él lo sabía. Como también sabía que no tenía razones para hacer el trabajo con ella más que la obligatoriedad, previamente excusada, por parte de la profesora.
Era un solitario, uno de esos que siempre es bueno conocer para darse cuenta de que no todo el mundo es igual, una de esas personas que parecían inteligentes simplemente por no decir demasiadas estupideces, por hablar poco. Estaba casi plenamente seguro de que aquella joven, hasta cierto punto bonita, sentía una atracción especial hacia él, y más allá de la veracidad de sus sentimientos, era algo que lo amedrentaba. Pero tenía que aprobar ¿no?
-¿De qué tenemos que hacerlo?
- No sé, es tema libre, a mí me da igual, ¿quieres elegir tú el tema?
-¿Cuándo quedamos?- No se había detenido ni a pensar de qué asignatura estaban hablando.
-¿Mañana te viene bien?
- No sé.
...
Seguía mirándoles, buscando alguna palabra en alguna boca, algún brillo en alguna pupila; la muchacha que había permanecido atenta durante todo el discurso, sentada junto al joven de veinte a treinta años de edad, seguía mirándome, boquiabierta e inmóvil. Quizás la estaba esperando a ella, quizás ella había pasado la mayor parte del viaje, de su vida, buscando a alguien que la esperara. Pero no habló. Antes de su segunda oportunidad para hacerlo, una madre y una hija de apenas cinco años entraron en el vagón y todo quedó iluminado por sus perfectas trenzas de perfecta simetría, rubias, como muelles sobre su cabeza inquieta y curiosa. Fue entonces cuando decidí abandonar el vagón definitivamente, no quedaba nada más que decir y no me atrevería a desterrar a un ángel del paraíso por lo que seguro se quedaría en un capricho, una anécdota del destino que zumbaría durante un máximo de tres paradas la mente de aquellos viajeros comunes, presos. ¿Cómo puede ser libre alguien que no se estremece al hablar de la libertad?
Me bajé del vagón al tiempo que la niña me regaló la intensidad de su inocencia y no miré atrás.
Mis pensamientos se transformaron en algo ajeno a mí. Me había convertido en un joven que arrastraba sus pies por entre las galerías, rodeado de murmullos de ignominia y sospecha; un joven alto y delgaducho, moreno, pelo corto: trasquilado; un joven de mirada perdida que intentaba recapacitar sobre qué acababa de hacer, sobre qué demonios pretendía con aquella demostración de a saber qué... de quiebra, rebeldía, insatisfacción, utopía,... locura al fin y al cabo.
Antes de que pudiera avanzar en lo que debiera haber pensado ese joven en aquel vagón durante los últimos diez minutos, un torrente de pensamientos le colapsó los sentidos: ideas asesinadas por el olvido, comentarios secuestrados, bocetos de perfiles de cada uno de los integrantes de aquel vagón en base a sus disfraces, la naturaleza abstracta y única de esas miradas le hicieron ceder ante su intención de concentrar su mente en una sola cosa. Cosa concreta que no llegó a tiempo a su cabeza, que quedó renqueante, sumida en una sensación de fracaso, cansada ante la obviedad de la impertinencia propia de los egoístas que llevaban varios siglos predicando su dogma: "Homo homini lupus"(.doc). No le dio tiempo a discernir qué diferenciaba a un lobo de un hombre, ni a recordar la forma de una luna llena, desconectó de todo cuanto le era inteligible y anduvo con destino memorizado por los pasillos que habían pasado a ser tan propios como los de su propia casa tras haber recorrido una y mil veces sus corrientes. Como un recluso de sí mismo.
Salió de la estación, se dejó arrastrar por la marea de voces y motores hasta la entrada de la universidad, cruzó un pasillo de unos veinte metros de luz, empujó hacia abajo una manilla dorada ya acompasada a su pulso y entró en el aula por la puerta más alejada de la voz chirriante de la profesora de turno, aún con la cabeza gacha. No saludó a nadie. Se sentó solo al final de la clase con la sucia y prácticamente vacía bolsa de tela colgada aún del hombro. Se acomodó sin gestos abruptos, sólo miradas vacilantes hacia el exterior en busca de cualquier significado que pudiera transmitirle el movimiento de las hojas más allá de la crudeza del invierno. Aún no conseguía asimilar lo que acababa de hacer. Sólo era un idiota, y lo sabía.
Terminó la clase.
- ¿Otra vez llegando tarde?- le susurró una voz a sus espaldas -Si quieres luego te paso los apuntes, ¿tienes grupo para hacer el trabajo? Qué digo, si lo ha explicado antes de que llegaras,... ¿te apetecería hacerlo conmigo?
- Vale.
- ¡Vale!
Era la única mujer de clase con la que mantenía una relación cordial, de hecho era casi la única persona de clase con la que mantenía relación. Ése no era su sitio, y él lo sabía. Como también sabía que no tenía razones para hacer el trabajo con ella más que la obligatoriedad, previamente excusada, por parte de la profesora.
Era un solitario, uno de esos que siempre es bueno conocer para darse cuenta de que no todo el mundo es igual, una de esas personas que parecían inteligentes simplemente por no decir demasiadas estupideces, por hablar poco. Estaba casi plenamente seguro de que aquella joven, hasta cierto punto bonita, sentía una atracción especial hacia él, y más allá de la veracidad de sus sentimientos, era algo que lo amedrentaba. Pero tenía que aprobar ¿no?
-¿De qué tenemos que hacerlo?
- No sé, es tema libre, a mí me da igual, ¿quieres elegir tú el tema?
-¿Cuándo quedamos?- No se había detenido ni a pensar de qué asignatura estaban hablando.
-¿Mañana te viene bien?
- No sé.
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