El rotor tiembla de frío debajo del capó del camión, que carraspea sin cesar como intentando despejarse el tubo de escape, desgastado; está un poco descolgado y después de cada bache deja su marca sobre el camino de tierra. Es un camión viejo.
Papá me lo regaló al cumplir los 18 años, dos días antes de morir en un accidente de tráfico. La modesta moto quedó literalmente destrozada a los pies de un árbol no demasiado joven, de apenas 40 años; pero al contrario que los hombres, los árboles acumulan su fuerza con el paso de los años, es ése el coste de su patria inamovible (justo lo que hay entre y debajo de sus raíces). A menudo creo que este camión eran las raíces de mi padre. Cada mañana, de la misma manera en que esta misma estoy cargando su lomo de sacos de trigo y cebada (las ideas de las raíces); lo hacía mi padre, también con las manos agrietadas por el frío e indolentes al compás de la risa pícara y a la vez cómplice que sale del férreo rictus del respiradero del camión, cada mañana de su vida. Son las raíces de mi padre. Mi padre no escribió nada, nunca aprendió a leer ni a escribir; en sus ratos libres hacía cestos, felpudos, zapatillas,... todo a mano. Sus dedos delgados acabaron pareciéndose al esparto como el espejo termina pareciéndose a uno de dejar de mirarse. Cuando murió apenas quedaron palabras suyas, sólo movimientos.
Un día más, en mi percepción del mundo como una inmensidad de varios horizontes (no he salido jamás de mi país) creo que el camión aún lo añora entre estertores metálicos, incluso creo que habría deseado enfrentarse a ese árbol al borde de la carretera 203, la carretera donde lindan dos idiomas adversos con igual clima. Era su primer viaje mitad huida, mitad encuentro consigo mismo. Murió en el centro.
Sé que aún llora su viejo camión como lloro yo. Su ausencia, la impotencia de óxido y algunos tornillos flojos por el abandono de mi padre le han otorgado de un carácter terco y bravucón, pero sigue siendo delicado y tierno en su mecanismo... La inexistencia de una mísera carta de despedida ha dejado un reguero de vacío inmaterial en nosotros difícil de dislumbrar en medio del camino, estamos perdidos justo encima de su sombra. Somos dos raíces incapaces de palpar la esperanza sobre un recuerdo que emerge de la tierra a cada paso.
Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma de la niebla. La luz me troncha las alas y el dolor de mi tristeza va mojando los recuerdos en la fuente de la idea.
Todas las rosas son blancas, tan blancas como mi pena, y no son las rosas blancas, que ha nevado sobre ellas. Antes tuvieron el iris. También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa.
La nieve cae de las rosas, pero la del alma queda, y la garra de los años hace un sudario con ellas.
¿Se deshelará la nieve cuando la muerte nos lleva? ¿O después habrá otra nieve y otras rosas más perfectas? ¿Será la paz con nosotros como Cristo nos enseña? ¿O nunca será posible la solución del problema?
¿Y si el amor nos engaña? ¿Quién la vida nos alienta si el crepúsculo nos hunde en la verdadera ciencia del Bien que quizá no exista, y del Mal que late cerca?
¿Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, qué antorcha iluminará los caminos en la Tierra?
¿Si el azul es un ensueño, qué será de la inocencia? ¿Qué será del corazón si el Amor no tiene flechas?
¿Y si la muerte es la muerte, qué será de los poetas y de las cosas dormidas que ya nadie las recuerda? ¡Oh sol de las esperanzas! ¡Agua clara! ¡Luna nueva! ¡Corazones de los niños! ¡Almas rudas de las piedras! Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas y todas las rosas son tan blancas como mi pena.
"Este concepto del arte por el arte es una cosa que sería cruel si no fuera, afortunadamente, cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte puro. En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas. Particularmente, yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás. Por eso llamé a las puertas del teatro y el teatro consagró toda mi sensibilidad.
[...]
Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos. Desde luego, no creo en la frontera política.
[...]
¿Qué poetas te gustan más de la actualidad española?
Hay dos maestros: Antonio Machado y Juan Ramón Ramón Jiménez. El primero, en un plano puro de sinceridad y perfección poética; poeta humano y celeste, evadido ya de toda lucha, dueño absoluto de su prodigioso mundo interior. El segundo, gran poeta,turbado por una terrible exaltación de su yo, lacerado por la realidad que lo circunda, increíblemente mordido por cosas insignificantes, con los oídos puestos en el mundo, verdadero enemigo de su maravillosa y única alma de poeta."
"Yo ataco violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales. Bien está que todos los hombres coman... Pero que todos los hombres sepan. Que gocen de todos los frutos del espíritu humano, porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriénto puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía.
[...]
Eso parece, pero el artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo; tres fuertes voces: la voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte.
[...]
Nunca me satisfacen los éxitos. Suelen ser casi siempre halagos momentáneos de la suerte, que pueden obedecer a motivos extraños al valor intrínseco de la obra dada. Muchos hombres gloriosos que dejaron grandes obras para la Humanidad no conocieron durante sus vidas las lisonjas del éxito; en cambio, abundan los personajes que pasaron y pasan por este mundo saltando y bailando entre fiestas de éxitos y cuyas obras bajan a la tumba y al olvido junto con ellos, o antes, tal vez. Yo preferiría, créame usted, pertenecer a la categoría de los primeros."
Las influencias árabes en la obra de Lorca. Este documento analiza la influencia de la poesía andalusí y, especialmente, la poesía oriental en la obra de Lorca. El ejemplo más representativo es el Diván del Tamarit, que contiene un grupo de poemas que comienzan por la palabra árabe “gacelas” o “casidas”. En el presente artículo se muestra la similitud entre la poesía de Lorca, en su obra Romancero gitano, y la muwaššaha andalusí. La investigación se centra en los fenómenos árabes que influyeron en Lorca, tales como la brevedad del verso, el folklore, el miedo a la muerte, la doble visión sobre la sexualidad y otros fenómenos que, sin lugar a dudas, tienen su origen en la poesía andalusí y oriental.
En 1931, Federico (al piano) graba junto a Encarnación López La Argentinita (voz) cinco discos gramofónicos de pizarra de 25 cm. y 78 revoluciones por minuto que contenían una canción en cada cara, lo que da un total de estas diez: Zorongo gitano, Los cuatro muleros, Anda Jaleo, En el Café de Chinitas, Las tres hojas, Los mozos de Monleón, Los Pelegrinitos, Nana de Sevilla, Sevillanas del siglo XVIII y Las morillas de Jaén.
Reportaje radiofónico sobre las últimas horas de Federico García Lorca
Mírame a los ojos, sólo a los ojos; y dime qué ves, olvida los secretos acerca del ombligo del universo, desnuda los misterios de curiosidades que no llevan a ninguna parte, olvida el peso de los huesos y el peso de la carne, olvídate de tu peso, de mi peso, de los pesos que caen sobre los hombres que caen sobre el suelo que cae sobre el tiempo que cae sobre los símbolos que caen sobre los dioses que caen sobre la Historia que cae sobre los hombres; olvídate de todo lo que no esté dentro de mis ojos y dime qué ves.
El primer paso para crear algo es siempre aceptar lo ilimitado de nuestra ignorancia. El sentimiento de vulnerabilidad es el único lugar en el que el miedo se convierte en aliado de la duda; el resto es cuestión de inercia.
El hogar sin paredes es siempre la causa y el efecto.