miércoles, 9 de diciembre de 2009
Cándido Duro Domínguez
Escribo para apuntalar
noites de Lúa Chea
cando o ceo
é unha fábrica de facer ladrillo.
Escribo para ofrecerche e xuntos compartis
os poucos soños que me quedan,
para non derrumbarme
na soedade
e na friaxe
deste edificio
declarado en ruinas
que son.
Escribo para non sentir esta distancia
das xemas dos teus dedos
que abriu fendas irreparables
nas paredes do meu peito.
Escribo si
necesariamente como o ar que respiro
para poder camiñar
cos meus pés de barro
neste río
de lastras
que me leva.
martes, 8 de diciembre de 2009
Insomnio
Y no haces nada para impedirlo
Me has atrapado. Es cierto.
Esta noche he paseado un poco más despistado de la cuenta
y no he podido predecirte.
¿Qué debo hacer ahora para que me dejes libre?
¿Quieres que llene el almohadón de nubes
o prefieres que exilie por el retrete los relojes?
Mi piel está empezando a cambiar de cuerpo
y no haces nada para que sea al tuyo;
se diluye en el arcoiris de los charcos
que rondan venenosamente las alcantarillas,
ajena a tu arco de fuego, que apaga las flechas,
y no haces nada para impedirlo.
Es del todo cierto. Soy estúpido,
a veces prefiero pensar que no estoy solo
para engañarme, para creerme que estoy loco
y me deje estarlo en paz,
y no haces nada para impedirme.
Especialmente solo en estas noches de verdad cegadora,
de luz que no se apaga, de aire de ventanas al mar,
de manteles tendidos y texturas de seda,
de ojos que no quieren cerrarse,
de eso a lo que llaman esperanza...
y no haces nada para impedirlo.
SpNt2005 - 7/12/09
lunes, 7 de diciembre de 2009
Descubrimiento
En estos días ha quedado más que autodemostrada mi capacidad de transmutar fácilmente mi horario diurno al nocturno. En sólo dos días me acuesto a las 6 de la mañana, y no es del todo porque yo lo quiera... No he dejado de pensar en estos pocos días de descanso sobre qué hacer y cómo quiero que quede hecho lo que estoy haciendo ahora. Son demasiadas cosas para una sola cabeza.
Aún no estoy cambiando el mundo. Pero sigan sin tener demasiada paciencia.
Estas noches ha quedado expuesta por primera vez ante mis ojos la transcripción de una idea, de las pertenecientes a la categoría de benditos quita-sueños, a una página de este otro lado del mundo. Por primera vez las luces y sombras de la reminiscencia no han perdido del todo su silueta. He de sincerarme, me siento, en cierto modo, orgulloso. Quizá algún día la publique pero, quién sabe.
Sigan sin tener demasiada paciencia a la hora de ser ustedes mismos.
(Y escriban)
Aún no estoy cambiando el mundo. Pero sigan sin tener demasiada paciencia.
Estas noches ha quedado expuesta por primera vez ante mis ojos la transcripción de una idea, de las pertenecientes a la categoría de benditos quita-sueños, a una página de este otro lado del mundo. Por primera vez las luces y sombras de la reminiscencia no han perdido del todo su silueta. He de sincerarme, me siento, en cierto modo, orgulloso. Quizá algún día la publique pero, quién sabe.
Sigan sin tener demasiada paciencia a la hora de ser ustedes mismos.
(Y escriban)
domingo, 6 de diciembre de 2009
Saturno
Saturno había relamido la tarde hasta dejarla sin color.
Ops le había ocultado la existencia de su descendiente y debía encontrarlo si es que deseaba perpetuar su reinado. Después de apagar el cielo, encendió los focos del universo y los cargó de reojos. Inició su búsqueda.
Júpiter, desorientado, buscaba por todas partes un escondite alejado del reino de su padre, dios del cielo y de la tierra. Buscó pues en la luz y en las sombras, en lo inhabitado, y esperó bajo la protección de su madre evadir la ira de su padre hasta desarrollar sus poderes.
Saturno arrasó bosques, destruyó ciudades y removió los mares como nunca se había hecho hasta entonces. Pocos quedaron para ver su odio y desesperación en contra de la vida.
Saturno, que se enfrentó anteriormente a su padre, de cuyos testículos, al caer al mar, nació Afrodita; debía enfrentarse a su destino de manera inevitable... ¿Qué podía hacer? Era demasiado tarde, su hijo había crecido y pronto dispondría de la ayuda de los Titanes para derrocarlo. ¡El destino estaba sucediendo tal y como lo pronosticaron sus padres, Urano y Gaia!
Cómo evadirlo, se preguntaba Saturno, aún con la piedra que Ops le dió en lugar de su verdadero vástago revolviéndole el estómago. Era demasiado tarde. Júpiter entró en la sala acompañado por grandes monstruos y se enfrentó a él. Abrió la boca de Saturno y uno a uno rescató a sus hermanos de las vísceras de su padre, que quedó desterrado al mundo de los mortales.
Lo curioso es que tras su destierro en Lacio (Italia), en el mundo mortal dio comienzo la edad dorada. Los pobladores de Lacio durante el gobierno de Saturno vivieron una vida cómoda, sin injusticia, regulada por eternas primaveras que les permitían tener buenas y abundantes cosechas (es por ello que Saturno es recordado como el dios protector de las siembras). Pero, tristemente, al ver Júpiter que su padre era tan feliz, lo envió al infierno, terminándose así la época de primavera eterna en la región de Lacio, e instaurándose así las cuatro estaciones tal como las conocemos en la actualidad.
¡Qué gran paradoja pues, la que siempre acompaña a los egoístas que se disfrazan con ideales de cambio!
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