jueves, 25 de mayo de 2017

'Una vida sin principios' (1863) y 'Desobediencia civil' (1849), de Henry David Thoreau


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Conocí a Thoreau (1817-1872) por casualidad. En una época de mi vida rebelde, tan rebelde como cualquier adolescencia. Me hacía mis propias camisetas, lucía la cara y alguna frase del Ché, y el diseño tipográfico, tan hermosamente anárquico, de la A de anarquía. A los que dejen de leer a partir de aquí, estáis en vuestro derecho. No está el horno para prejuicios.

Recuerdo perfectamente una web con el ensayo “Sobre la desobediencia civil”. Tardé una tarde, porque es largo, y me costó bastante entenderlo, pero después de saber en qué año se escribió, me pareció simplemente maravilloso, universal, y atemporal. La alternativa pacífica que necesitaba como forma de protesta, de sentimiento de paz interior ante tanto asco, el principio del fin de mi sensación de culpabilidad.

Tuve suerte de leerlo tan joven. Me influyó desde tan joven. Permitió el desarrollo de mi interés por los derechos civiles y políticos, mi preocupación (a veces exacerbada) de hacer del mundo un lugar mejor, de sentirme especial, diferente, único pero bien acompañado, aunque sea a través de pensamientos del siglo pasado. Descubrí que no era el primero, ni seré el último, encontré el hilo.

'Vivir sin principios' tiene una frase épica, que ya utilicé como introducción en una poesía:

Si un hombre pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán, pero si dedica el día entero a especular cortando bosques y dejando la tierra árida antes de tiempo, se les estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor



Publicado por primera vez en: "Life wihout Pinciple", The Atlantic Monthly, vol. XII, núm. 62, 1863.
Como escribió Walter Harding, es "incuestionablemente el favorito de los verdaderos aficionados a Thoreau"

Fue en Secundaria, no sabría decir el curso, porque ya tenía internet (que todavía colapsaba la línea telefónica por aquel entonces). Se juntaron varias referencias, pero me marcó bastante. Ahora, con perspectiva, reconozco que le debo más de lo que pensaba. Mi visión de lo que significa el “trabajo”, lo que supone “aprovechar el tiempo”, “vivir para vivir”. Incluida mi adicción al ensayo social.

Tras los audiolibros anteriores, éste ha sido muy fácil. Es un ensayo, es más, es una conferencia. No hay diálogos pero no es un monólogo, y comparto enteramente las ideas que pretende transmitir. Es directo y sin tapujos, sin cortapisas, contemporáneo. He grabado dos, mis favoritos: “La vida sin principios”, y “Desobediencia civil”. El primero es un análisis y una crítica, el segundo es una crítica y un análisis. En mi opinión, no se entienden el uno sin el otro, al menos no en su plenitud. El primero es más reflexivo, y el segundo mucho más pasional.




"Resistance to Civil Government", en Elisabeth Peabody (ed.), AEshetic Papers, 1849.
El ensayo luego será titulado, ya no por Thoreau, "On the Duty of Civil Disobedience" y "Civil Desobedience"


Una amiga me dejó un libro titulado “Walden dos” (llevo un retraso alarmante), y descubrir que el primer “Walden” es un libro de Thoreau, reavivó la llama. “Desobediencia civil” termina así:

Un estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de él al lograr la madurez, prepararía el camino para otro Estado más perfecto y glorioso aún, el cual también imagino a veces, pero todavía no he vislumbrado por ninguna parte.

Por lo que he leído, Walden es esa “utopía” (al estilo de Tomás Moro). Ya encabeza en mi lista de próximas presas impresas. Indagando en su biografía posterior, seguro que cumplirá con mis expectativas.

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