miércoles, 27 de enero de 2010

La Historia de los Vencedores

La Historia la escriben los vencedores.
Anónimo.

El ser humano es una especie más en este planeta, su valor biológico (valor como medida de lo infinito) es incuestionable, pero no vale más que los lobos, los osos polares, la garza, el esturión; incluso me atrevería a decir que nuestro ADN tiene el mismo valor que el de cada tipo de hierba, arbusto o árbol.

Sin embargo, se negocia con parcelas en la rebosante selva del Amazonas, se compran terrenos con más de 217 especies de árboles distintas para sembrar palma... eso que aliña el ketchup y que ha conquistado un gran número de estantes en cada supermercado. Está justificado, por el mercado, y refutado por la pantallita, que define un acto de supervivencia de un león como un atentado contra la delicada seguridad de las últimas chozas que se han construido.
Las especies no nos atacan, se defienden.

Somos la especie vencedora, disponemos del sistema vencedor (el que en su naturaleza lleva impregnada la proliferación de vencidos) y ambiciones suicidas. Hemos vencido hermanos humanos. Somos la plaga que no controla su extensión. Hemos superado la milagrosa cifra de seis millones y medio de individuos, aunque la inmensa mayoría de nosotros haya nacido para ser máquina.

Es un milagro sólo alcanzable a lomos del capitalismo, de las grandes multinacionales, guiados por el espíritu individual del rancho: mi casa y mi terreno. Todo ha salido a pedir de boca, tanto que creceremos hasta los nueve millones en 2050 cuando, para ser biológicamente sostenibles, deberíamos ser poco más de tres millones. Pero lo hemos conseguido. Todos somos iguales. Amos o esclavos.

sueño americano, american dreamLos últimos indios sobrevivieron gracias al turismo y hoy día unos con vestimentas masais dirigen un hotel en mitad de la sabana. Las tribus aborígenes primigenias del planeta están siendo extinguidas, si no física, culturalmente; un desliz, económicamente. Es la ideología de la Economía. Terminaremos por fin con los conflictos raciales en los países desarrollados donde se apartan a patadas a los inmigrantes africanos y sudamericanos, ¿por qué?; los esclavos negros no murieron porque fueron absorbidos por el sistema, la igualdad era necesaria dentro del sistema para crear la economía de consumo con seguridad, la economía del Sueño Americano, dejó de soñar en ser blanco para soñar con ser rico. África son las afueras del castillo medieval bien custodiado por Occidente.

El Sueño Americano... si el total de la población tuviera el mismo ritmo de consumo que los Estados Unidos de América, serían necesarios tres planetas para abastecer a toda la población. Hemos vencido.

Somos la especie regida por las ambiciones de la ideología del liberalismo económico que ha convertido al resto del planeta en su territorio, en un inmenso campo de cultivo y establos superpoblados, con pequeños zoos bajo el necesario (¿indicio de autorregulación?) sobrenombre de Reservas Naturales, mientras por las altas esferas se debate a qué especies debemos salvar "¿los carismáticos o todos?" Es triste que hayamos llegado a hablar sobre la rentabilidad de la supervivencia de una especie. El sistema ha vencido. Hemos vencido. Hemos vencido naciendo esclavos. Hemos vencido, la televisión emite veinticuatro horas y la Pandora digital florece, no hay motivo para arrepentirse...


Miradnos extraterrestres, hemos vencido... vencido...
un enero en Granada

sábado, 16 de enero de 2010

El beso

El bolígrafo giraba como la hélice de un helicóptero sobre su mano. Intentaba concentrarse en no estar nervioso. Había comenzado a creer en sí mismo después de haber convencido a su madre por teléfono a que hiciera su deliciosa tarta de manzana de postre para la cena; ya tenía el premio asegurado. Necesitaba terminar de creer en sí mismo, era un momento de vital importancia, por fin se disponía a comenzar su libro. El libro de su vida.

Estaba seguro de que iba a ser lo mejor que escribiría en su vida. El sudor de la frase "será lo mejor que escribiré en mi vida" se escapaba con la fragilidad de una lágrima a regañadientes a lo largo y ancho de su ceño fruncido. No dejaba de girar el bolígrafo sobre su mano.

Primero escribiría sobre su infancia, sobre el dinosaurio de plástico que había sido su único amigo durante tantos años y que probablemente llevaba varios lustros durmiendo en una caja de cartón en un almacén, rodeado de objetos sin memoria; sobre los largos viajes en barco capitaneando un viejo juego de bolos en el que los puertos de llegada y salida eran siempre el solitario centro de la habitación.

Empezaría con un "Érase una vez..."; "¡no!, "demasiado clásico", pensó; acarició la piel del papel suavemente en busca de algún minúsculo relieve que le inspirara algo mejor... "Todo comenzó una mañana...", tampoco, no recordaba con exactitud la hora de su nacimiento. "¡Mamá! ¿A qué hora nací?", gritó desde su asiento.

Estaba solo en casa y lo sabía, pero hasta el último momento mantuvo una fe ciega en que no había escuchado entrar a su madre en casa. Sus palabras eran de auxilio, de náufrago, saladas. Estaba solo, encallado delante de un papel en blanco, con un bolígrafo con la capucha puesta dándole vueltas alrededor de la mano... solo...

Sin saber en qué momento debía besarla.


beso, beso gracioso, besito

viernes, 15 de enero de 2010

Fin

El día que muera

El hombre bien pronto se convierte en manada
por creer que sus aullidos
no son escuchados por la luna llena,
por la sencillez de la idea,
el vacío de las palabras.
Ansía leer escrito su destino
para que sus miedos sean descanso, paz...
aunque ello signifique evadir el único y definitivo,
el último paso, el guiño último a la vida.

El día que muera, yo,
amante de la soledad del erudito y pisoteador de tierra,
muera...
como moriréis vosotros,
seres que evadís vuestra responsabilidad como futuros no vivos,
no quiero sentir la fuga de ningún alma,
quiero ser animal.

Quiero palpar el agotamiento del calor en la punta de mis dedos,
la decadencia del oxígeno, veneno causante de mi vida
y mis cadenas a la búsqueda.
Quiero notar la caída de los párpados
sucumbiendo al tiempo,
despacio, como una persiana que hila los sueños.
Quiero ser un lobo solitario
que lo ha dado todo únicamente por su memoria,
ha vivido para devolver el tiempo, el amor
que me dio alas cuando aún me quedaban fuerzas.
Cerrar los ojos y no ver nada.
Y que no recen.
Y que continúen mi búsqueda:
la conquista de sí mismos.



De Lo supe en cuanto te vi

SpNt2005 - 22/6/09

jueves, 14 de enero de 2010

Escribir

escribir, por que escribo, escribir a mano
"Lo que más he querido hacer durante los diez años pasados es convertir los escritos políticos en un arte. Mi punto de partida siempre es de partidismo contra la injusticia. Cuando me siento a escribir un libro no me digo: "Voy a hacer un libro de arte". Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética. El que repase mi obra verá que aunque es propaganda directa contiene mucho de lo que un político profesional consideraría inmaterial. No soy capaz, ni me apetece, de abandonar por completo la visión del mundo que adquirí en mi infancia. Mientras siga vivo y con buena salud seguiré concediéndole mucha importancia al estilo en prosa, amando la superficie de la Tierra. Y complaciéndome en objetos sólidos y trozos de información inútil. De nada me serviría intentar suprimir ese aspecto mío. Mi tarea consiste en reconciliar mis arraigados gustos y aversiones con las actividades públicas, no individuales, que esta época nos obliga a todos a realizar."

Extraído de Por qué escribo.