jueves, 17 de octubre de 2013

Joaquín María Bartrina


(1850-1880)

Algo, De Omni re scibili 


 ¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
          ya no son para mí
lo que llama misterios sobrehumanos
          el vulgo baladí.
Sólo la ciencia a mi ansiedad responde
          y por la ciencia sé
que no existe ese Dios que siempre esconde
          el último por qué.
Sé que soy un mamífero bimano
          (que no es poco saber)
y sé que lo que es el átomo, ese arcano
          del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
          es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones
          del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
          y el vicio, sólo son
partículas de albúmina y fibrina
          en corta proporción;
que el genio es de Dios sagrado emblema,
          no señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
          nervioso central,
y sus creaciones de sin par belleza
          sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza
          ¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
          sentimiento, placer...
¡palabrotas vacías de sentido
          y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
          la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada:
          un óxido, una sal.
¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!
          ¡hay nada, vive Dios,
bello como la fórmula algebráica
          C = π r 2!
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
          ya no son para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
          el vulgo baladí...
Mas ¡ay! que cuando exclamo satisfecho:
          ¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro de mi pecho
          un algo... un no sé qué!...



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